Economía

Impulso retardado

Creemos que el estímulo fiscal será menor de lo prometido por Trump, pero vemos más riesgo de que su impacto en el crecimiento de 2018 sea moderado.

Congreso Estados Unidos

Economía Por: Portafolio

La decisión del banco central de Estados Unidos (Fed) de mantener inalterada su tasa de interés objetivo en su reunión de este mes estuvo ampliamente anticipada. Sin embargo, en el comunicado mencionó que la desaceleración del crecimiento económico en el primer trimestre probablemente había sido transitoria, lo que significa que su plan de realizar dos incrementos adicionales de su tasa objetivo en lo que resta del año sigue intacto. En consecuencia, la probabilidad de un incremento en la reunión de junio, implícita en los mercados, pasó de 50% en el último mes a 98%. Ahora creemos que la Fed incrementará su tasa objetivo en las reuniones de junio y septiembre.

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No obstante, mantenemos nuestro escepticismo sobre la expectativa de un mayor ritmo de incrementos más allá de septiembre y en 2018, principalmente porque creemos que los mercados financieros continúan siendo excesivamente optimistas sobre la magnitud y la velocidad de implementación de las propuestas de estímulo fiscal de Trump. Dichas expectativas se manifestaron inicialmente en fuertes desvalorizaciones de los mercados emergentes y un fortalecimiento del dólar a finales de 2016, pues implicaban que la Fed podría acelerar los incrementos de su tasa objetivo ante la eventualidad de una aceleración económica y una mayor inflación en los próximos años, y que las tasas de interés de largo plazo debían encontrar un equilibro más elevado ante la posibilidad de un aumento en el déficit fiscal en los próximos años.

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Estos efectos se han ido diluyendo en lo corrido de 2017, según lo anticipamos, en la medida que ha crecido el escepticismo sobre la implementación de las políticas económicas pro-crecimiento de Trump. Adicionalmente, su reciente propuesta de reforma tributaria y la aprobación de la nueva ley de salud en la Cámara de Representantes han elevado nuestro escepticismo con respecto al tamaño y velocidad del impacto de un eventual estímulo fiscal.

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Después de dos intentos fallidos, la Cámara finalmente aprobó la propuesta de la nueva ley de salud, denominada AHCA (American Health Care Act), que derogaría la del gobierno anterior, conocida como Obamacare. A primera vista, este resultado podría interpretarse positivamente, pues muestra que, en últimas, los republicanos son capaces de ponerse de acuerdo en su esfuerzo de lograr la aprobación de algunas propuestas legislativas complejas que les esperan durante la actual administración, a pesar de sus estrechas mayorías en el Congreso.

Sin embargo, la aprobación de la Cámara no es suficiente para que el AHCA se convierta en ley, y el proceso para su aprobación final será largo y complejo, lo cual podría retrasar la discusión de la propuesta de reforma tributaria que Trump presentó recientemente e incluso podría poner en riesgo su aprobación. La aprobación del AHCA en la Cámara implica que el Congreso se deberá mantener enfocado en esa propuesta en los próximos meses y que ahora debe pasar a discusión en el Senado, donde su trámite será más complicado.

Primero, la mayoría republicana en el Senado es más estrecha que la de la Cámara (52 de 100 senadores) y varios senadores de ese partido han manifestado su desacuerdo con la versión del AHCA que se aprobó en la Cámara, sin mencionar la fuerte oposición de los demócratas (ninguno votó a favor del AHCA en la Cámara). Segundo, hay unos obstáculos procedimentales y presupuestales que retrasarán su trámite. Finalmente, conciliar las versiones de la Cámara y el Senado será una tarea compleja debido a las grandes diferencias que hay entre las facciones moderadas y de derecha de los republicanos en el Congreso.

Además, los líderes republicanos optaron por usar un proceso denominado “reconciliación” para tramitar la ley de salud y la reforma tributaria. Este proceso tiene la ventaja de que solamente se necesitan 51 votos en el Senado para que sean aprobadas, con lo cual podría no necesitarse ningún voto Demócrata. Sin embargo, el proceso de “reconciliación” también implica que solamente una de las dos leyes puede aprobarse antes de la ley del presupuesto para el año fiscal 2018 que comienza en octubre. Los líderes republicanos decidieron que primero se aprobaría el AHCA, luego la ley del presupuesto y finalmente la reforma tributaria. De esta forma, el tiempo que se tome el Congreso en tramitar el AHCA, que pueden ser unos 4 meses, es el tiempo que se retrasarán el trámite del presupuesto y el de la reforma tributaria.

Esto significa que la discusión de la reforma tributaria solamente comenzaría a finales de este año, con la esperanza de que sea aprobada en el primer semestre de 2018. No obstante, vemos una alta probabilidad de que su discusión se extienda durante más tiempo, en cuyo caso podría incluso suspenderse si se acercara demasiado a las elecciones legislativas de noviembre de 2018. Además, si la nueva ley de salud llegara a decepcionar, los republicanos podrían perder el control del Senado o la Cámara en esas elecciones y se enredaría aún más el trámite de la reforma tributaria.

Seguimos esperando una extensa discusión de la reforma tributaria porque la propuesta de Trump difiere sustancialmente en magnitud de la que redactó la mayoría Republicana en la Cámara y creemos que conciliar estas diferencias será una tarea difícil. La Cámara Republicana tiene una fuerte inclinación por la disciplina fiscal, lo cual complica la propuesta de Trump y limita su margen de negociación, especialmente teniendo en cuenta que el actual nivel de deuda es el más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

Según estimaciones del Tax Foundation, la propuesta de la Cámara Republicana reduciría el recaudo en apenas 0.2 billones de dólares en los próximos 10 años, mientras que la de Trump lo reduciría en 3.9 billones. Por lo tanto, seguimos creyendo que el estímulo fiscal será mucho menor de lo que prometió Trump, pero ahora vemos un mayor riesgo de que su impacto en el crecimiento económico de 2018 sea más moderado, e incluso que no sea significativo

Andrés Pardo Amézquita,
director Ejecutivo de Investigaciones
Económicas de Corficolombiana.