Economía

La autocrítica reinó en el primer día en Davos

Las miradas se centraron en el primer ministro indio, Narendra Modi, y su discurso reflexivo sobre el rol que está jugando la globalización.

El primer ministro de India, Narendra Modi,

Economía Por: Portafolio

El sol volvió a aparecer ayer en Davos, con lo cual más de un asistente pudo usar la metáfora del clima para señalar que después de la tempestad viene la calma. Tras las amenazas de avalancha en las vías que conducen a la población alpina, las mismas que pusieron a prueba la conocida precisión suiza el lunes por la noche, la primera jornada de sesiones del Foro Económico Mundial se desarrolló sin mayores contratiempos.

(En video: Desde Davos, Ricardo Ávila analiza el contexto en el que inicia el Foro Económico Mundial 2018)

Atrás quedó el recuerdo de la peor nevada en un par de décadas, la misma que causó todo tipo de trastornos en una localidad que usualmente no tiene problemas de tráfico y todavía no se acostumbra a la llegada de miles de personas, así sea por unos pocos días. “Aquí contamos los días que faltan para que vuelva la calma”, señaló Marie Beaugard, quien atiende la caja de un pequeño mercado.

Las incomodidades, sin embargo, forman parte de la tradición de una cita que otra vez fue rica en contenidos. Si el año pasado la atención se centró en el presidente de China, Xi Jinping, esta vez los aplausos fueron para el primer ministro de India, Narendra Modi.

(Lea: Davos confirma su influencia en la élite mundial

Como líder de una nación de 1.250 millones de personas que a la vuelta de unos años será la más populosa del mundo, el mensaje del dirigente se centró en el éxito de las reformas adelantadas que le permitirían a dicha economía expandirse a una tasa superior al 7 por ciento anual este y el próximo año, según el FMI.

(Lea: En Davos están a la expectativa por incierta asistencia de Trump

La señal de apertura a la inversión extranjera y el llamado a aprovechar las ventajas de la globalización no cayeron mal entre un auditorio que registró la decisión de Washington el lunes, de imponerle aranceles a los paneles solares y las lavadoras que se fabrican en Asia. Aun así, Modi criticó a las organizaciones multilaterales “que ni siquiera reflejan las aspiraciones y los sueños de la humanidad, ni la realidad de hoy”.

Ese “espuelazo” estuvo a tono con los debates que marcaron la pauta en Davos, en los cuales la norma fue la autocrítica. Si bien tuvo lugar un examen a los mercados financieros y la salud en materia económica tanto de los países emergentes como de los desarrollados, la falta de urgencias en ese frente posiblemente le dio relevancia a asuntos que aparecen con cada vez más frecuencia en la agenda de los poderosos: desigualdad, cambio climático, equidad de género y responsabilidad corporativa, entre otros.

Las inquietudes están asociadas a la política. El surgimiento de la extrema derecha en diversos países de Europa y las tesis de Donald Trump que lo llevaron a la presidencia, son vistas como la expresión en las urnas de una frustración creciente entre amplios sectores de la sociedad. Son aquellos que quisieran volver a la idealización de un pasado en el que los inmigrantes eran más una curiosidad que una constante y en donde la seguridad en el trabajo parecía estar garantizada.

En respuesta, el sector privado necesita reaccionar. Eso es lo que piensan personas como Indra Nooyi, la presidente de PepsiCo, que ha logrado darle un giro al gigante de las bebidas, más acorde con la evolución en los gustos de los consumidores. Carlos Ghosn, la cabeza del grupo que integran Renault, Nissan y Mitsubishi, insistió en la necesidad de concentrarse en el largo plazo y hacer apuestas como la que en su momento realizó en favor de los vehículos eléctricos.

Por su parte, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, insistió en que las instituciones públicas siguen siendo claves a la hora de reducir las inequidades. “Hay compañías que se comportan bien con sus empleados y los cuidan a sabiendas de que son el activo más importante que tienen. Otras requieren normas para construir sociedades mejores”, afirmó.

Falta ver si esas palabras pronunciadas ante los poderosos reunidos en Davos caen en terreno fértil o si son sol de un día, como el que iluminó ayer las montañas que rodean a la pintoresca población suiza.

APERTURA, AL BANQUILLO

La globalización estuvo de nuevo en el banquillo en Davos, a sabiendas de que los asistentes al Foro Económico Mundial son partidarios de que no existan barreras que impidan el libre intercambio de bienes y servicios. El motivo es la convicción de que existe un grupo creciente de ciudadanos en las más diversas sociedades que cree que cerrar puertas es la política correcta. Con razón el primer ministro de India, Narendra Modi, señaló que el tema “ha perdido lustre”.

Por tal motivo, los organizadores del evento decidieron tomar el toro por los cuernos, con un panel cuyo título no dejaba dudas: “Salvando a la globalización de sí misma”. La sesión, moderada por el presidente y director de Quartz – Atlantic Media, incluyó a personalidades como Devin Wenig, presidente de eBay o Minouche Shafik, cabeza del London School of Economics.

Entre los participantes también estaba el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas, cuyas intervenciones fueron reconocidas por el auditorio. En pocas palabras, el funcionario reconoció que hay sectores que han salido damnificados por la apertura comercial o la eliminación de privilegios, para los cuales hay que estudiar mecanismos de compensación, a sabiendas de que la educación es el remedio más apropiados en el largo plazo.

Además, el titular de las finanzas públicas resaltó la paradoja que comienza a ser evidente en las sociedades más ricas. Esta consiste de que atender a los golpeados por la globalización demanda recursos fiscales, mientras los ingresos tributarios pueden bajar debido a medidas como la tomada recientemente por Estados Unidos de disminuir los impuestos.

“Hay una carrera hacia el fondo” a ver quién llega más abajo con sus gravámenes, lo cual en último término haría incompatible el objetivo de mantener la casa en orden con el de mitigar ciertos impactos.

Finalmente, concluyó que “la forma para salvar a la globalización de sí misma es con cooperación y coordinación, no esperando réditos desde un solo frente”. El llamado a la acción internacional cayó bien en Davos, a pesar de que el título de las deliberaciones de este año reconoce que vivimos en un “mundo fracturado” en el cual el unilateralismo parece estar de vuelta. Aunque nadie sabe si para quedarse o no.

Ricardo Ávila Pinto*
Director de Portafolio
*Enviado especial en Davos