Economía

Anécdotas y curiosidades de un rector de universidad

Francisco Cajiao Restrepo, quien ha sido secretario de Educación de Bogotá y ha ocupado la rectoría en las universidades Distrital, Pedagógica y la Fundación Universitaria Cafam, pasó al tablero con Portafolio, para contar cómo es su oficio.

Francisco Cajiao Restrepo

Economía Por: Redacción Portafolio

La carrera de filósofo y una maestría en economía no fueron suficientes para que Francisco Cajiao Restrepo, archivara su expertise como educador y se dedicara a otro oficio. Desde su juventud echó raíces en los salones de clase, se desempeñó como maestro para poder pagar sus estudios universitarios, y escaló hasta llegar al nivel más alto de su oficio: rector universitario.

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¿Hoy es más difícil ser rector que hace unos años?

Las cosas han cambiado mucho. Hay cosas más difíciles y otras menos. Antes había menos trabas para crear los programas y había menos competencia de universidades. Hoy es más complicado crear programas y además de eso, tenemos menos estudiantes. Abrir un nuevo programa hoy es un gran desafío.

¿Por qué hay menos estudiantes?

Porque el mismo número de estudiantes se reparte entre más universidades. La competencia es mayor. Además, la situación económica de las familias no es la mejor. Las clases medias emergentes están en serias dificultades para acceder a la educación superior.

¿Cómo es la relación de un rector con los estudiantes?

A mí me sorprende mucho que, en general, los estudiantes de esta universidad no hablan con el rector. No sé si es porque me tienen miedo, les da jartera, me ven muy viejo o me tienen mucho respeto. Esa es una diferencia grande con la universidad pública, donde los estudiantes quieren hablar con el rector todos los días. Iban a mi oficina a hablar de política, muy amigablemente. Eso lo hacían los muchachos más beligerantes. Luego, cuando se graduaban, se volvían ejecutivos y los absorbía el sistema.

En general, en ambos casos la relación es sencilla: los profesores dependen de los decanos y los decanos son coordinados por la vicerrectoría académica, de manera que cuando los líos que le llegan al rector ya están muy decantados.

¿Qué es más difícil?: ¿manejar estudiantes? o ¿profesores?

La relación no es cercana con los estudiantes, pero ocurre algo muy curioso. Los profesores y los decanos me dicen señor rector o doctor, mientras que los estudiantes me dicen ¿Francisco cómo estás? Me parece bonito y divertido.

Sin embargo, es distinto en las universidades públicas donde he sido rector, especialmente en épocas conflictivas. Me tocaba ir a las asambleas con los estudiantes, porque yo no confiaba en que un decano me iba a guardar la espalda o si era el que estaba azuzando a los estudiantes. Me tocó salir a la plaza de la U. Distrital a hablar con ellos y a explicarles las decisiones y las razones por las que había que tomarlas.

¿Qué tipo de problemas le llegan a un rector de la comunidad estudiantil?

Al rector le llegan muchos problemas de la comunidad estudiantil. Pero el principal es la dificultad que tienen los estudiantes para pagar el semestre. La angustia no es que no paguen, sino que a uno le duele mucho que un joven tenga que suspender su preparación porque no tiene con qué pagar. Estos casos sí se presentan todos los santos días.

Y ¿qué hace el rector en ese caso?

Yo escribo en El Tiempo, y he dedicado muchas columnas a hablar del tema, con el fin de buscar que el Icetex les preste el dinero, o para que se creen otras formas de apoyo.

Lo máximo que puedo hacer es aprobar el pago del semestre a cuotas. Eso lo asume la universidad y les cobra unos intereses muy bajos. Hay unos 300 casos de personas a las que se les permite pagar a cuotas. Tenemos convenios con entidades de crédito, pero la gente le tiene miedo endeudarse. Cafam también tiene apoyos pero, solo se permite ayudar a los jóvenes hasta los 18 años de edad.

¿Qué otros problemas le llegan a un rector?

Hay algunos casos de drogas, problemas personales o familiares. Pero los estudiantes de esta universidad son muy sanos. En las otras sí me tocaba solucionar situaciones como presentarme en una estación de policía a sacar a un estudiante que se lo habían llevado por revoltoso. Era muy difícil salir en defensa de alguien que es acusado de subversión.

¿Qué contacto tiene con los egresados?

Lo hago porque me interesa y porque me toca. Es obligación hacer seguimiento a los graduados. Aquí hay un índice muy satisfactorio de empleabilidad que supera el 80% en más de 300 egresados que tenemos. Acabo de darme cuenta que una chica que se graduó aquí hace años y está en Austria aprendiendo alemán, ocupó el primer lugar en las Pruebas del Saber, en el área de administración.

¿Qué es lo que más le gusta de ser rector?

Conocer del progreso de los jóvenes. El momento más feliz de este oficio es cuando uno se da cuenta del éxito de los egresados. Uno sufre cuando escucha historias tremendas de la gente que hace esfuerzos para estudiar, pero no puede por falta de dinero. En estos días me enteré del caso de una niña que vivía en Bosa, se graduó aquí, pero un día le robaron lo del pasaje y le tocó venirse a pie. Llegó dos horas tarde, pero asistió a las otras clases. El decano le dio plata para el almuerzo y para que se devolviera. Esa niña hoy está trabajando en una empresa y responde por toda su familia. Eso es algo muy satisfactorio.

¿Los empresarios lo llaman a usted a pedir jóvenes candidatos para una vacante?

A mí no, pero a los decanos sí, porque son los que tienen información más precisa de los alumnos. Hay empresas que solo quieren practicantes de la Fundación Universitaria Cafam.

¿Qué prefiere, que sobren estudiantes o que sobren pupitres?

Desafortunadamente, es más común que sobren pupitres. Para nuestro caso, la única excepción es el programa de enfermería. Además, el Ministerio de Educación limita los cupos para este tipo de programas de alta demanda. Nosotros podemos recibir 40 estudiantes pero se presentan 90 aspirantes.

¿Cuál es la clave para que los estudiantes tengan éxito en el desempeño de su carrera?

Yo creo que un tema muy importante es el de las prácticas. Ahí está la clave para quedarse con el puesto. Esa es la gran oportunidad que tienen los jóvenes.

¿Cuáles son las tres causas porque ud. expulsaría a un estudiante de la Universidad?

El tema es complicado. Pero desde luego hay causas graves como el plagio y la adulteración de documentos, un robo a los compañeros o a la institución, o alguien que cometa un delito tipificado en los códigos. Hay un reglamento estudiantil que hacemos cumplir.

¿Qué opina de la ‘copialina’?

Es una práctica histórica y vigente. Recuerdo que en el 2005, alguien en los Andes hizo un estudio en el que se demostró que al menos el 95% de los estudiantes universitarios de esa época habían hecho trampa alguna vez.

La única manera de acabar con eso es haciendo pruebas que no son copiables, de tal manera que el estudiante demuestre que sabe. Yo creo que los exámenes no deberían ser escritos.

¿Qué es lo más difícil que le ha tocado enfrentar y que incluso no sea posible resolver?

La corrupción profesoral. Yo fui rector en la Universidad Distrital en el 81 y 82, y había un problema enorme de profesores con clases fantasmas, de desorden en los sistemas de registro. Cuando llegué me dijeron que había 6.000 estudiantes, pero al depurar las listas nos dimos cuenta que solo había 2.600 estudiantes, es decir, que había un buen número de profesores que recibían sueldo y nunca iban porque no tenía alumnos. Algunos se pensionaron a los 52 años y tienen mesadas altísimas. En eso estaban vinculados políticos, concejales y demás.

¿Ha habido casos de profesores que vendan calificaciones?

Claro que sí. En la U. Distrital se presentó un caso, destituimos al profesor, pero me tocó enfrentar una demanda penal, por la que tuve que pagar mucho dinero por la defensa. Al final salí bien librado. Eso ha mejorado en esa universidad y el grupo de profesores de hoy es muy respetable.

¿Qué piensa de los celulares en clase?

Eso es como llevar radio a cine. Pero hay que tener en cuenta que el celular es hoy un computador. Lo que sí no puede ser aceptado es el celular para chatear con los amigos, la novia o la familia. Yo creo que el uso del celular debe estimularse de manera correcta, es decir, para apoyar el conocimiento y la investigación. Hoy hay clases en las que los estudiantes tienen cada uno un computador al frente.

¿Cuál es el periodo más estresante para un rector en un semestre? La época de admisiones, el desarrollo de las clases o el cierre del mismo?

Todos son difíciles, pero el más complejo es el inicio, porque toca estar pendiente de cuántos estudiantes nos llegan. Si se reduce el número, se bajan los ingresos y es necesario buscar nuevas fórmulas de generación de ingresos. Ese dolor de cabeza lo vivimos muchos rectores.

¿Cómo ha vivido el cambio entre presentar los trabajos en físico y ahora vía correo electrónico?

Los estudiantes escriben en computador y no en máquina de escribir, pero los profesores todavía piden trabajo en papel, porque eso facilita la corrección. Pero sí se ha avanzado en la presentación de trabajos vía correo electrónico. Están las plataformas virtuales también son un elemento nuevo y positivo. Pero creo que el proceso de formación sigue siendo cara a cara. Aquí lo importante es que la gente aprenda, no importa cómo sea. El joven tiene que salir preparado para que haga lo que le toca hacer, es decir, resolver problemas.

¿Qué es ser rector?

Es un ejercicio muy interesante porque es como el director de orquesta, es decir, que tiene que conocer muy bien cómo funciona cada instrumento, aun cuando a veces no sepa tocar ninguno.

Este es un cargo muy particular porque el rector de una universidad no está al nivel de experticia de muchísimos de los profesores que son superexpertos en áreas tan diversas.

¿Eso significa que tiene que ser más administrador que experto?

Exactamente. Aquí lo que se necesita son habilidades para conocer cómo funciona cada quien sin interpretar la melodía de ninguno de los miembros de la orquesta. Lo que sí tiene que hacer es conocer muy bien la partitura, eso implica que uno tiene que estar muy involucrado en la política pública.

¿Eso qué significa?

En este caso, al rector le toca saber de temas que van desde el movimiento demográfico del país, hasta qué pasa en la industria, qué demandan los empresarios, cómo circula la información, cómo influyen las variables económicas y compararse con otras instituciones del país y del mundo.

¿Es difícil ser rector?

Claro que lo es. Además de lo anterior, hay que ser un equilibrador de conflictos que se registran internamente.

¿Cuántas personas dependen de usted?

La Fundación Universitaria Cafam es pequeña en comparación con otras en las que he sido rector, como las universidades Distrital y Pedagógica. En este momento tenemos casi 1.500 estudiantes en los nueve programas académicos y una planta de 180 empleados, de los cuales el 70% son profesores.


Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso