Economía

Economías latinoamericanas, los costos de la descoordinación comercial

El hecho de que la región tenga 33 acuerdos comerciales descoordinados, le cuesta a los latinoamericanos 11.300 millones de dólares al año.

El comercio total entre EE. UU. y Latinoamérica ha caído en la última década en relación al comercio total estadounidense.

Economía Por: Portafolio

Lo óptimo sería un proceso serio de integración comercial, cuyas aspiraciones se dirigieran a un escenario de mayores alcances en lo económico y político. Pero ello –ante todas las evidencias sobre lo oportuno y conveniente que sería- no se ve posible en el futuro inmediato. De allí que lo más factible y mínimo, sería pedir una eficaz coordinación al menos, en materia comercial en Latinoamérica y el Caribe.

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Los investigadores Federico Rivas e Ignacio Fariza han documentado estudios comerciales, con base en datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) además de estudios del Banco Mundial (BM) y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). El resultado es contundente: el hecho de que la región tenga 33 acuerdos comerciales descoordinados, le cuesta a los latinoamericanos 11.300 millones de dólares al año. Una cifra significativa que pone de manifiesto, ante la carencia de integración y unidad, el fortalecimiento de la dependencia y la vulnerabilidad externa de las economías.

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Una mayor coordinación comercial promovería un escenario más competitivo de la región, en donde se concretara de manera sostenible el fortalecimiento de las cadenas de valor, el valor compartido con la sociedad, todo ello con la posibilidad de generar mayores oportunidades de empleo de moderada o alta remuneración. Esto, como es previsible, mejoraría las condiciones de demanda agregada interna de los países y con ello estimularía el desempeño empresarial.

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Tal y como lo subraya Mauricio Moreira, economista jefe de integración y comercio del BID, no ocurre algo que pareciera ser totalmente natural: la mayor integración comercial entre las tres grandes economías de la región, responsables de casi un 75 por ciento del total de producción: Argentina, Brasil y México. No obstante, los intercambios comerciales entre ellas apenas llegan al 8 por ciento. Por supuesto que esta integración, entre los grandes, impactaría positivamente en atraer a los acuerdos a las economías de menores tamaños relativos, tal el caso de Paraguay, Uruguay, Bolivia, países centroamericanos y del Caribe.

Una mayor integración o coordinación comercial, tal y como es posible inferir, conferiría a la región un significativo poder de negociación, en especial ahora que las sombras desde Washington amenazan con dinamitar el entramado institucional del comercio mundial. De hecho tanto Brasil como Argentina y México participan en el G-20. Es de tener presente que la región latinoamericana y caribeña constituye un mercado de casi 5 trillones –millones de millones- de dólares. Algo nada despreciable, semejante al tamaño de la economía de Alemania.

Esta necesidad imperiosa de al menos la coordinación comercial entre los países de la región es ahora mayor cuando, se insiste, Trump amenaza todos los días con disparates populistas que afectan a todo el planeta. De nuevo se pone de manifiesto que los países más desarrollados no compiten donde pierden; cuando por otro lado establecen cuotas, barreras no arancelarias y subsidios a la producción. Todo ello, a contra vía del llamado “libre comercio” y sus ventajas, que en escenarios tan ideales como inexistentes, contrastan con las realidades concretas que se viven día a día en América Latina.


Giovanni E. Reyes,
Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard.
Profesor Titular y Director de la Maestría en Dirección de la Universidad del Rosario.