Economía

‘Estamos lejos de que la agroindustria sea motor de desarrollo’

Felipe Fonseca, director general de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, dijo que con la frontera agrícola hay unas metas en
exportación.

Felipe Fonseca, director general de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra).

Economía Por: Portafolio

Luego de un largo proceso para definir la frontera agrícola del país, con las 40 millones de hectáreas el siguiente paso será darle vida a proyectos que promuevan el emprendimiento, la generación de empleo, la productividad y que conquisten mercados nacionales e internacionales.

Así lo piensa Felipe Fonseca, director general de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, adscrita al Minagricultura, quien en entrevista con Portafolio dijo que “estamos lejos de ser propiamente un país de agroindustria como principal motor de desarrollo. En ese sentido, pienso que es mucho el camino por recorrer”.

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¿Cómo les fue con el proceso para definir la frontera agrícola?

La frontera agrícola, para ponerlo en términos prácticos, constituye la cancha del sector agropecuario, en donde vamos a impulsar un desarrollo rural integral y competitivo. Son muchos los desafíos que tiene el sector agropecuario en materia de mercados, competitividad, informalidad en la tenencia, en el acceso a distintos bienes y servicios públicos. La frontera agrícola representa además el compromiso de cero deforestación del sector agropecuario. Las 40 millones de ha que identifica la Upra, a través de la resolución del Ministerio de Agricultura 861 de 2018, constituyen precisamente ese límite del suelo rural, en donde se pueden desarrollar actividades agropecuarias. Al interior de la frontera agrícola, la Upra ha venido trabajando con los gremios, por casi cinco años, en la definición de zonas aptas, en función de una evaluación de tierras con fines agropecuarios. Es así como de la mano de más de 15 gremios de la producción agropecuaria se han identificado más de 25 zonas aptas para el desarrollo de cultivos o cadenas agrícolas, pecuarias, forestales, acuícolas y pesqueras. Esas zonas nos permiten promover procesos de calificación prospectiva. Hay oportunidades en cuanto a la agroexportación, la sustitución de importaciones y de la seguridad alimentaria.

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Según el informe de la Upra, solo se cultiva en el 19% de la frontera agrícola, ¿cómo hacer para aprovechar el resto?

A través de procesos de planificación, de visión agropecuaria y de evaluación de la prospectiva de cada cadena. La idea es identificar cuáles son esas oportunidades de negocio, determinar el área, la productividad, cuáles son los rendimientos y metas a alcanzar para orientar e incentivar el desarrollo de distintas actividades productivas, pero con una lógica de inclusión de los mercados. Tratar de superar un poco la tendencia de cultivo por modas u olas.

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¿Cómo les ha ido con el empalme con el gobierno entrante?

Lo que se le propuso al ministro Valencia es la frontera agrícola como el gran contenedor y la cancha hacia la cual se deben orientar el desarrollo de actividades agropecuarias, acordes a la aptitud del suelo, que orienten también una distribución equitativa de la tierra, que promueva la productividad y, asimismo, la redistribución de las rentas en las regiones. Eso fue acogido por parte del equipo de empalme y estoy seguro de que va a ser uno de los elementos estratégicos dentro de la política del nuevo Gobierno.

¿Cómo no repetir casos como el de Agro Ingreso Seguro, en cuanto a la planificación de proyectos agrícolas productivos?

Todos los efectos derivados de Agro Ingreso Seguro dejaron muchas lecciones aprendidas para el sector agropecuario. En lo personal yo podría decir que no deberían promoverse dicotomías entre grandes y pequeños, sino por el contrario tener integraciones verticales en donde los pequeños, medianos y grandes trabajen articuladamente.

Más que el tamaño de los predios podemos hablar del tamaño de los proyectos que pueden incluir a varios inversionistas, varios propietarios y asociaciones de campesinos.

Yo creo que sí debe pensarse en grandes emprendimientos, auspiciados o promovidos por asociaciones, los cuales recurran a la integración vertical. Y no tanto entrar en la duda de si agroindustria o no. Colombia propiamente no es aún un país agroindustrial.

Recordemos que nuestra producción se basa en buena medida en la agricultura familiar, luego estamos lejos de ser propiamente un país de agroindustria como principal motor de desarrollo. En ese sentido, pienso que es mucho el camino por recorrer, donde las iniciativas de asociación y los emprendimientos sean quienes orienten precisamente la decisión de nuestros campesinos y de los inversionistas en torno al desarrollo rural.

¿Cuáles son los retos en comercio exterior?

Colombia está importando unas 10 millones de toneladas de alimentos al año. La idea es que se puedan sustituir el 50% de estas a futuro.

Por otro lado, los desafíos están también en poder diversificar la canasta exportadora del campo colombiano.

BENEFICIOS DE LA FRONTERA

En cuanto al impacto y la seguridad jurídica, reduce la incertidumbre jurídica y técnica de las inversiones agropecuarias, proporciona mejores condiciones de estabilidad económica y social de los productores del campo colombiano, de acuerdo con la Upra.

Asimismo, esta unidad rescata que permite orientar y focalizar el desarrollo de programas de formalización de tierras en áreas con aptitud para adelantar proyectos productivos sostenibles a largo plazo.

En lo ambiental, sirve de insumo para el diseño de estrategias diferenciadas y de trabajo conjunto entre el sector ambiental y el sector agropecuario, pesquero y desarrollo rural, para el control y cierre de la frontera agrícola.

Andrés Felipe Quintero Vega
En Twitter: @QuinterovAndres