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Economía

Camisa sin fuerza

El Emisor debería aprovechar la reunión de marzo para alistar el camino hacia recortes adicionales.

Banco de la República

Codirectores del Banrepública: Izq. a der.: José Antonio Ocampo, Adolfo Meisel, Mauricio Cárdenas, Juan José Echavarría, Ana Fernanda Maiguashca, Gerardo Hernández y Juan Pablo Zárate.

Banco de la república. 

POR:
Portafolio
marzo 15 de 2018 - 10:00 p.m.
2018-03-15

Mantenemos nuestra expectativa de que el Banco de la República recortará su tasa de intervención a 4,25% en la reunión de abril. Los mejores datos de inflación recientes, junto con un decepcionante crecimiento del PIB y un ajuste más acelerado de las cuentas externas al cierre de 2017, han reforzado nuestro pronóstico en las últimas semanas.

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En enero había aumentado la incertidumbre del Emisor sobre el comportamiento futuro de la inflación y la velocidad de su convergencia hacia la meta de 3%, especialmente debido al dato menos favorable de cierre de 2017 y al incremento de 5,9% del salario mínimo en 2018. En efecto, el Gerente del Banco mencionó que el pronóstico de inflación del equipo técnico a marzo había subido de 3,4% a 3,6%. Esta cifra es importante porque la mayor parte del descenso que el Banco y nosotros esperamos en 2018 se debería materializar en el primer trimestre, pues en ese periodo se disiparán los efectos inflacionarios de la reforma tributaria y la Ley de licores de 2016. De esta manera, un descenso de 4,1% al cierre de 2017 a 3,6% en marzo, como el que estima el equipo técnico, significaría un escenario poco favorable para alcanzar la meta de 3% al cierre de 2018.

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Por lo anterior, creemos que el Banco optó por enviar la aparente clara señal de que los recortes de la tasa de intervención podrían haber terminado en la reunión de enero, al mencionar en su comunicado que “con la información disponible, la Junta considera que así se completa el ciclo de reducción de tasas”.

(Lea: Banco de la República sugiere que transición hacia los 'nuevos pesos' inicie en 2020

Sin embargo, nosotros hemos mantenido nuestro pronóstico inalterado, el cual apuntaba a un descenso más pronunciado en el primer trimestre, llegando a menos de 3,3% en marzo. Los datos de este año han reforzado nuestra expectativa. La inflación cayó a 3,37% en febrero y todavía esperamos un nuevo descenso en marzo, aunque de menor magnitud, principalmente porque los efectos inflacionarios de la reforma tributaria y la Ley de licores se terminarán de desvanecer casi totalmente en este último mes.

En análisis previos explicamos que esas dos leyes habrían sumado casi 0,65 puntos a la inflación anual en 2017, de los cuales 0,35 se disiparían en enero de este año, 0,20 en febrero y 0,10 en marzo. Los datos de los últimos 2 meses confirmaron nuestros cálculos y en marzo esperamos una nueva caída de la inflación a 3,27%.

Por esta razón seguíamos estimando un recorte adicional de la tasa de intervención a 4,25% este semestre, en contraste con el mensaje de estabilidad que había enviado el Banco. En particular, esperamos este recorte en la reunión de abril, aunque la de marzo no la descartaríamos del todo.

PREPARAR EL CAMINO

Sin embargo, dado que el Banco ha tenido problemas de comunicación en el último año, no parecería adecuado reducir la tasa de intervención inmediatamente después de haber anunciado el fin de los recortes. El Banco debería aprovechar la reunión de marzo para preparar el camino hacia posibles recortes adicionales y explicar las razones que conducirían a cambiar el anterior mensaje de estabilidad futura y salir de esa “camisa de fuerza”.

Había otros factores que creíamos que iban contribuir a nuevos recortes de la tasa de intervención: la debilidad de la actividad económica hacia finales de 2017 y comienzos de 2018, y un mejor comportamiento en el ajuste de las cuentas externas.

Por un lado, aunque anticipamos una aceleración gradual de la economía a lo largo del año, para un crecimiento de 2,6% en 2018, similar al 2,7% que pronostica el Banco, era razonable esperar que las cifras de los primeros meses fueran las más bajas, bordeando 2%. Esta situación podía presionar la adopción de una política monetaria más expansiva en los primeros meses del año.

Además, los datos del PIB del cuarto trimestre de 2017, que se conocieron después de la última reunión del Emisor, fueron decepcionantes y más débiles de lo que se anticipaba, además de que evidenciaron una desaceleración frente al tercer trimestre. Esto no invalida los pronósticos para 2018, pero los hace más difíciles de alcanzar.

El PIB creció apenas 1,6% en el cuarto trimestre, el dato más bajo desde el primer trimestre del año pasado cuando se ubicó en un nivel similar de 1,5%.

Llama la atención el pobre desempeño del consumo de los hogares, que fue el principal responsable de la desaceleración del PIB en el cuarto trimestre. Este componente de la demanda creció apenas 0,9%, el dato más bajo de todo 2017. Lo anterior contrastó con la continua mejora que venían mostrando algunos indicadores relacionados con el gasto de los hogares y con nuestra expectativa de que el periodo más débil del año iba a ser el primer trimestre, que fue cuando se hizo efectivo el incremento de una sola vez de los impuestos al consumo que ordenó la reforma tributaria de 2016.

Por otro lado, explicamos que los datos de las cuentas externas que se iban a conocer en los primeros meses del año, podían generar una expectativa de una corrección más acelerada, principalmente porque los precios del petróleo habían alcanzado niveles muy superiores a los estimados. En efecto, las cifras de la balanza de pagos, que se conocieron después de la última reunión del Banco, mostraron que el déficit de la cuenta corriente cayó a 2,4% del PIB en el cuarto trimestre de 2017, su nivel más bajo desde mediados de 2013, y a 3,3% del PIB en 2017, muy por debajo del pronóstico de 3,7% del PIB que tenía el equipo del Banco hasta enero y que se había sido revisado a 3,5% del PIB.

Además, la corrección más acelerada del déficit externo vino acompañada de una contracción en el crecimiento de las importaciones en el cuarto trimestre, luego de un año de valores positivos. Esta es otra señal de que la demanda continuaba más débil de lo que se había anticipado al cierre de 2017.

Andrés Pardo Amézquita
Director Ejecutivo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.

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