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Finanzas

No aplique las funciones de jefa en el hogar

Una de las características del liderazgo de las mujeres en las posiciones de la alta dirección, de acuerdo con la investigación que hemos realizado en 17 países de Latinoamérica, es la formación de equipos de trabajo comprometidos con la visión.

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marzo 02 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-02

Las mujeres entrevistadas señalan que trabajan duro, con mucho compromiso, que se focalizan en obtener resultados y que cultivan su intuición y sensibilidad para saber identificar los problemas a resolver y las personas que pueden colaborar en ello. Estas características de su forma de trabajar, que han sido exitosas a juzgar por las posiciones ocupadas por las 162 entrevistadas, se compaginan con el llamado “liderazgo transformacional”, que se caracteriza por buscar que las personas se comprometan para lograr los objetivos que han contribuido a definir. Este liderazgo se diferencia del “transaccional”, el cual se guía por transacciones entre jefe y subalternos para alcanzar las metas propuestas por el jefe. Que nos sea más fácil a las mujeres ejercer un liderazgo transformacional no es extraño porque, dicho de una manera muy general, hemos sido formadas para compartir, convocar, colaborar. Y esta sería una de nuestras contribuciones al ambiente de trabajo. Paradójicamente, estas características de personalidad y de su crianza y formación que parece que aportan a su contribución exitosa en el trabajo, no se compaginan con lo que del trabajo llevan estas mujeres a sus hogares. De acuerdo con mi experiencia en la terapia de pareja y en los talleres para mujeres ejecutivas, en varios casos, tanto sus esposos como sus hijos resienten el “manejo gerencial” que se da al hogar: la eficiencia, el control, las órdenes y directrices permanentes: todo lo quieren saber, consideran que es su derecho y su deber estar informadas del más mínimo detalle de la vida diaria de sus hijos y de su esposo y quieren contribuir en todo. Esta característica que tiene la bondad de manifestar su interés y apoyo, y que seguramente en la mayor parte de los casos es efectiva, conlleva a una distancia y a veces incluso a una gran prevención por parte de quienes no son sus subalternos sino sus familiares. Recuerdo el testimonio de una presidenta de empresa en un taller que decía: “Perdí a mi hija por supervisarle las tareas”. Al preguntarle a qué se refería, comentaba que una actividad que había desarrollado con su hija pequeña de revisar sus tareas para corregirlas cuando en algún momento tuvo dificultades escolares, se le convirtió en una necesidad de conocer hasta los pensamientos más íntimos sobre sus amigos y su novio, molestándose si no tenía acceso a estos. La situación se tornó tan incómoda, que su hija buscó alternativas de estudiar en el exterior para poderse alejar de esta supervisión tan cercana, pues no sabía cómo más decirle a su madre que podía confiar en ella. La lección es que las características de las mujeres que las hacen líderes en las organizaciones no siempre las convierten en mejores esposas o mamás. Las mujeres podemos aportar nuestro liderazgo femenino como algo propio y constructivo en todos los espacios, pero respetando siempre la particularidad de cada relación. *Profesora titular de la Facultad de Administración Universidad de los Andes. ADRVEG

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