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Finanzas

Con buena conducta

Era una noticia que se veía venir. Por ese motivo, fueron escasas las voces de verdadera sorpresa que se escucharon ayer, cuando la firma calificadora de riesgo Standard & Poor's anunció en un comunicado de prensa que le había concedido el grado de inversión a la deuda emitida por Colombia, denominada en dólares.

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marzo 17 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-17

Así, el país entra a un club que en América Latina integran Brasil, Chile, México, Perú y, más recientemente, Panamá y Costa Rica. Lograr la nota mínima para llegar a la categoría mencionada es importante para una economía. La razón es que los llamados inversionistas institucionales, como las compañías de seguros o ciertos fondos de valores, tienen como requisito comprar papeles que estén por encima de dicho límite, con lo cual el costo de endeudarse tiende a ser menor. El trazado de esa raya que divide a unos y a otros está en manos de las agencias calificadoras de riesgo, siendo las tres principales Fitch, Moody's y Standard and Poor's, que utilizan en sus análisis criterios objetivos y subjetivos, no siempre precisos. En términos generales, lo que hacen las sociedades citadas es tratar de evaluar el riesgo de que un emisor específico de deuda pague sus acreencias a tiempo. De tal manera, entre más alta sea la nota concedida menor será la posibilidad de un incumplimiento y viceversa. Hecha esa anotación, hay diversas categorías. De tal manera, Colombia obtuvo ayer un BBB-, que en todo caso se encuentra lejos del AAA que reciben los bonos emitidos por Estados Unidos. El sistema, por cierto, no es infalible. Hace tres años, cuando estalló la crisis financiera internacional que puso en peligro la supervivencia de un notable número de bancos, se descubrió que una buena proporción de las entidades que perdieron sumas millonarias tenían inversiones en papeles con altas calificaciones, que acabaron valiendo muy poco o nada. Más recientemente, la degradación de los títulos de España o Portugal ha llevado a la Unión Europea a tratar de poner en cintura a las instituciones que se dedican a evaluar el riesgo, pues los afectados consideran que los veredictos han sido injustos. No obstante, la verdad es que Colombia aspiraba a recuperar el grado de inversión que perdió en 1999, en medio de la peor recesión de su historia. Desde entonces, el país empezó a adelantar diversas reformas orientadas a demostrar que su situación fiscal es manejable y que, más allá de su larga historia como deudor juicioso y cumplido, tiene la solidez necesaria para enfrentar un periodo de ‘vacas flacas’. Al respecto, hay opiniones todavía divididas. Sin desconocer que en lo que va de este siglo la recuperación que ha tenido la economía es notable, hay quienes señalan que las acreencias públicas aún son grandes, ya que equivalen a cerca del 40 por ciento del Producto Interno Bruto, y que el saldo en rojo en las finanzas públicas es demasiado elevado. En respuesta, el Ministerio de Hacienda señala que las brechas han venido disminuyendo y que la realidad reciente ha superado las proyecciones hechas. Además, existe un compromiso de manejar las cosas con juicio, como lo demuestra el proyecto de regla fiscal que debe ser considerado en la presente legislatura y que obligaría a bajar el déficit en forma más decidida. Tales argumentos parecen haber pesado más que las opiniones de quienes piensan que la tarea no está completa y que la nota recibida es prematura. La percepción de que venía una mejora empezó en el segundo semestre del 2010, cuando las tres calificadoras de riesgo le dieron a la deuda colombiana una perspectiva positiva, lo cual entre los especialistas es un preámbulo de buenas noticias. Ahora es de esperar que las dos firmas que faltan den a conocer también su veredicto, algo que debería pasar más pronto que tarde. Mientras eso ocurre, Colombia podría ver una ligera disminución en los márgenes de riesgo de su deuda, pues la verdad es que el anuncio ya había sido descontado por los mercados en que se transan los bonos emitidos por la Nación. También es probable que haya cierta presión a favor de la revaluación del peso, pero más por factores especulativos que fundamentales. Así las cosas, los cambios inmediatos no serán muchos, aunque en un horizonte más largo el país se verá beneficiado por el simple hecho de que ha recibido un certificado de buena conducta. HELGON

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