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Finanzas

Carlos Haime Baruch deja un legado empresarial y filantrópico

Tras su fallecimiento en días pasados en Estados Unidos, el empresario Carlos Haime Baruch deja dos grande legados: uno filantrópico y otro como emprendedor industrial y constructor de empresas.

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marzo 16 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-16

Luego de contraer matrimonio con Sonia Gutt, junto con su suegro, el industrial Moris Gutt, fundó la empresa Grasas y Productos Químicos (Grasco), la de la tradicional marca de mantequilla La Fina, sólo una de sus múltiples creaciones. Grasco, fundada el 2 de enero de 1950, introdujo productos de consumo masivo caracterizados por su calidad y economía y fue la primera empresa en producir margarinas vegetales, sustituto de la tradicional mantequilla. Y la producción de grasas y aceites evolucionó tecnológicamente gracias a sus desarrollos. Fuentes de la compañía agregan que Carlos Haime inspiró el diseño de procesos físico-químicos que hoy se utilizan mundialmente y que siguen siendo la última tecnología. Al momento de crearse Grasco, el suministro de materias primas para la industria de grasas provenía de semillas importadas y, dado el carácter cerrado de la economía colombiana, el empresario se propuso desarrollar un suministro local de materias primas, por lo que le surgió la idea de sembrar palma africana en el país. Entonces, optó por crear, a principios de los 60, la firma Indupalma, que hoy, casi medio siglo después, sigue siendo un punto de referencia. Haime también fue pionero en la diversificación de negocios y se metió en la producción de jabones de lavar y luego detergentes, al crear la compañía Detergentes S.A., con marcas muy posicionadas y recordadas por los consumidores como jabón Rey. “Hasta los subproductos fueron aprovechados. Las tortas residuales de la molienda de semillas oleaginosas inspiraron la producción de alimentos concentrados para animales y mascotas en la fábrica Raza S.A.”, según información sumistrada por la empresa. La integración vertical también se convirtió en una prioridad de los negocios de Haime y, con su yerno Salomón Finvarb, creó Empacor, que se dedica a la producción de papeles, cartones, corrugados, cajas y empaques en general. Tras crear esta empresa, le surgió el desafío de entrar en la agroindustria para la exportación de productos con base en camarón a Europa y Estados Unidos. Su idea de montar una empresa de tubos, en los años 80, la cristalizó su hijo Daniel, que luego la convirtió en un grupo de producción, venta y recubrimiento de tubos petroleros y de conducción eléctrica. Se trata de Consorcio Metalúrgico Nacional (Colmena), Tubotec y Tubos del Caribe, que tras una decisión estratégica fueron vendidas. Según el portal www.losdatos.com, siete compañías del Grupo Haime registraron en el 2009 ventas por 961.000 millones de pesos. Además de Grasco, Dersa, Indupalma y Empacor, están Gracetales, la propia Concentrados Raza, Jabonería Central y Progal. El Grupo Grasco también es el conglomerado empresarial número 18 de Colombia. FILANTROPÍA El segundo gran legado de Carlos Haime es el filantrópico: creó la Fundación Carlos y Sonia Haime, una organización en honor a la conciencia social del propio Carlos Haime y su esposa, Sonia Gutt de Haime. La generosidad social de los Haime-Gutt, sin embargo, hacía ya parte de una fuerte tradición filantrópica en donde se destacaron la creación de los bancos de sangre de las Cruz Roja Colombiana (1960) y la donación de la Clínica de Urgencias de la Fundación Santa Fe, en Bogota (1979), a través de la Fundación Moris y Tila Gutt, que fue creada en honor a los Padres de Sonia Gutt. helgon

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