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Finanzas

Los carros piden pista

Ni siquiera los más optimistas esperaban algo así. Por tal razón, un sentimiento de sorpresa es el que invade al sector automotor en Colombia, debido a la fortaleza en las ventas de vehículos nuevos.

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marzo 09 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-09

De acuerdo con las cifras recolectadas por la firma Econometría, en el primer bimestre del 2011 el total de unidades facturadas llegó a 46.298, lo cual no sólo pulveriza el récord establecido previamente, sino que equivale a un crecimiento del 46 por ciento frente al mismo periodo del año pasado. Ante semejante arranque, son pocos quienes ponen en duda que se llegue a una nueva marca en diciembre que deje bien atrás la de 253.869 automotores despachados en el 2010. El motivo es que, a pesar de las turbulencias propias del día a día, las condiciones favorables de los últimos tiempos siguen vigentes: tasas de cambio relativamente estables, intereses bajos, intensa competencia, buenos niveles de confianza, desempleo en disminución y crecimiento económico. Todo lo anterior lleva a la presencia de ofertas atractivas y planes de financiación que hacen posible volver realidad el sueño de estrenar carro. De hecho, los sondeos más recientes muestran que entre los compradores hay una proporción importante de hogares ubicados en estratos dos y tres, lo que sugiere una mejoría de ingreso en esos segmentos de la población. Frente a la dinámica vista, suena cada vez más factible superar la marca de las 300.000 unidades anuales. Ese dato no sólo quintuplicaría los promedios de finales del siglo pasado, sino que mostraría que el tamaño del negocio automotor en Colombia tiene una dimensión mucho mayor de la que se pensaba. Además, el impulso actual lleva a pensar que, si la buena marcha de la economía se mantiene, la demanda seguirá elevándose hasta llegar a volúmenes mucho más altos que los mencionados. Aunque las comparaciones son odiosas, vale la pena tener en cuenta que en Argentina las ventas llegaron el año pasado a 622.591 vehículos, con una población de 40 millones de personas. Es cierto que el ingreso por habitante en esa nación es cerca de un 50 por ciento más alto que el colombiano, pero buena parte de esa distancia se podría haber recorrido para el 2020, si las locomotoras de la prosperidad que pregona la administración Santos dejan la estación y elevan el crecimiento promedio a cerca del 6 por ciento anual, tal como lo dice el Plan de Desarrollo. A la luz de esas posibilidades, el país está en mora de tener una política explícita frente a la producción interna de automotores. La razón es que las señales que salen del alto Gobierno no son claras. De un lado, los representantes de las ensambladoras instaladas en Colombia encuentran un ambiente cordial a la hora de plantear sus peticiones ante los funcionarios públicos. Del otro, el presidente Juan Manuel Santos sostiene que Colombia debería seguir la senda de Chile. Eso sin duda está muy bien, si se trata de replicar los avances sociales, el éxito exportador o la mejora en la riqueza que han ocurrido al sur del continente, pero no es tan alentador si el objetivo es que no haya industria nacional en este campo. La razón de esa afirmación es muy simple. Prácticamente no hay en el mundo ningún país con una población o un mercado potencial similar al nuestro, en donde no existan fábricas de vehículos. Incluso quienes aseguran que los niveles de eficiencia de las grandes factorías son imposibles de alcanzar en el Colombia, encuentran ejemplos de instalaciones pequeñas que prueban lo contrario. De tal manera, no estaría de más que el Gobierno tome cartas en el asunto para darle un empujón a un sector que genera cerca de 22.000 empleos calificados y bien remunerados, sin contar los demás eslabones en la cadena de valor. Si se hacen bien las cosas, sería posible no solo conseguir que las ensambladoras actuales –y las que vengan atraídas por el potencial del país– defiendan su cuota de mercado, que hoy se acerca al 40 por ciento, sino además desarrollar una buena industria de autopartes, al igual que una plataforma exportadora que despache automotores hechos en Colombia a otras partes del hemisferio. Lo anterior no implica cerrarles el mercado a las importaciones, pero sí mejorar las reglas de juego. Algo que es deseable y posible. helgon

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