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Finanzas

‘Colombia se puso de moda’: John Paul Rathbone

El editor para América Latina del ‘Financial Times’, asegura que el país va por buen camino, pero al

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marzo 15 de 2011 - 11:53 p.m.
2011-03-15

Cuando John Paul Rathbone iba para su escuela en Kensington solía examinar con fascinación una tienda de Che Guevara. Y es que desde muy pequeño mostró interés por América Latina.

No en vano, Rathbone es hoy editor para América Latina del Financial Times. Estuvo hace poco en Colombia, en el Hay Festival, en Cartagena.

Su pasión por la región viene de cuna. Nació en Nueva York en 1964, pero su madre es cubana debutante y su padre un británico perteneciente a la línea de parlamentarios distinguidos, comprometidos con causas sociales.

En la Universidad de Oxford, estudió Ciencias Humanas antes de viajar al continente -y a Colombia- por la primera vez en 1987, para escribir un libro de guía sobre Colombia, Ecuador y los Galápagos para Cadogan Guides.

John Paul evoca con lucidez el ambiente de Colombia en aquellos años turbulentos, con el asesinato de Galán y el ápice de la violencia en Medellín y el país, confesando que “algunas de las mejores y peores experiencias de mi vida las he tenido en Colombia”.

De vuelta a Europa, tras la caída del Muro de Berlín, Rathbone estableció una revista para exiliados europeo-cubanos, La Sociedad de Amigos del País -una alusión directa a las sociedades de intelectuales del Siglo de las Luces- dedicada al fomento del debate objetivo en torno a la transición de las sociedades del comunismo al capitalismo.

Inspirado por la temática, hizo una maestría en economía en la Universidad de Columbia y entró en el Banco Mundial en 1994, el año de la crisis del peso en México. Después de un tiempo en el Banco, se trasladó a Reuters para trabajar en periodismo financiero, lo cual le permitió conocer a fondo las economías de varios de los países de América Latina. Desde ese cargo vivió el oil shock en Venezuela en 1999, donde fue testigo de primera mano de la mala administración y del tremendo despilfarro de los recursos en este país.

“El sistema no tendría que estar funcionando, pero el mañana nunca llega”, dice Rathbone acerca de la Venezuela de Chávez, trayendo a colación el aforismo de Margaret Thatcher: “el problema con el socialismo es que se te acaba la plata de otros eventualmente”.

De vuelta en Londres, Rathbone estableció una empresa -Breakingviews- durante la locura del dot com, para entrar después en el Lex Column del Financial Times: un punto de vista privilegiado sobre la crisis financiera y el fracaso de Lehman Brothers. Y de allí, en 2008, asumió su cargo actual como Editor para América Latina, una parte del periódico cuyo peso él atribuye principalmente al interés internacional en la superpotencia Brasil: “si la generación de Malcolm Deas le debe sus puestos a Fidel Castro, yo le debo el mío a Lula”.

Durante los últimos cinco años, Rathbone escribió ‘The Sugar King of Havana: The Rise and Fall of Julio Lobo, Cuba's Last Tycoon’, un libro que apunta de forma singular a la exploración de su vínculo personal con Cuba y de sus principales preocupaciones intelectuales y económicas en torno al continente.

Rathbone describe la personalidad inmensa y fascinante de Julio Lobo -capitalista extraordinario de azúcar (‘Ser tan rico como Julio Lobo’ siendo todavía un refrán en las calles de la Habana), hombre culto, carismático, invitado por el Che Guevara a asesorar al Gobierno revolucionario, amigo de Joan Fontaine y Betty Davis- y sostiene que esta biografía fue un vehículo perfecto para escribir una historia social de Cuba pre-Revolución. Su madre fue la mejor amiga de la hija de Lobo, una amistad que le permitió acceso a sus papeles y a más de 500 cartas suyas.

Rathbone cuenta con asombro la facilidad con la cual Lobo llevaba a cabo hostile leveraged buyouts en los 1940, y cómo la historia de este personaje muestra que el discurso de Cuba como víctima, colonia del imperio gringo, evita matices y detalles: Cuba formó su propio destino. El libro termina con una reflexión a favor de la libertad y la creación de riqueza en la Cuba de hoy, a cargo de seres humanos grandes, liberados de la uniformidad aburrida de la sociedad comunista.

Volviendo a Colombia, Rathbone percibe que el país ha cambiado mucho: “Colombia está de moda”, dice, citando la popularidad de Santos, la inversión internacional, Shakira, el premio de policía internacional que ha ganado Óscar Naranjo y otros muchos factores.

“En los años 90, uno sentía que la mirada estuvo en primer lugar en Washington: no se siente así ahora, y menos con el estado de arte con el Tratado de Libre Comercio, y las posibilidades comerciales con Canadá, Brasil, China”.

Rathbone reconoce que hay problemas enormes todavía, citando la desigualdad, la emergencia invernal, la corrupción y la conservación del medio ambiente como desafíos trascendentales. Plantea que la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras es ética y moralmente necesaria, además de un prerrequisito para dar fin a más de 20 años de violencia intensa y 50 años de violencia en el campo. A él también le preocupa si Colombia cuenta con el aparato institucional necesario para llevar a cabo las reformas y políticas planteadas por el Gobierno del presidente Santos.

En cuanto al continente, la pregunta para Rathbone es si América Latina puede sostener los buenos tiempos. Él cree fervientemente en los logros en materia de reducción de pobreza y de desigualdad logrados por el Gobierno de Lula y por los programas de transferencias monetarias condicionadas en varios países del continente.

Pero más que todo, se pronuncia partidario del nuevo pragmatismo que parece reinar en la mayoría de países en América Latina, tomando ideas de la izquierda y de la derecha, describiendo su propia perspectiva política -inspirada sin duda por su experiencia cubana- “como un centro duro, sospechoso de los dogmas”.

EDWARD DAVEY

Especial para PORTAFOLIO

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