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Finanzas

El dilema del POT de Bogotá

Poco hemos entendido en nuestro país la importancia de la visión de largo plazo en los procesos de ordenamiento territorial y del respeto por el instrumento que la ley nos da para alcanzar esta visión, como es el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

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marzo 11 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-11

El caso de Bogotá es la prueba más evidente de esto, pues desde que se expidió la Ley 388 del año 1997 hasta hoy, la ciudad ha adoptado dos Planes de Ordenamiento y se encuentra inmersa en una nueva revisión del mismo, sin que se tenga una visión clara de lo que se proyecta para el futuro de la ciudad. Bogotá tuvo su primer POT (del que habla la Ley de Desarrollo Territorial) en el año 2000. Sin embargo, aún sin que se cumpliera la primera vigencia del instrumento, la administración de Antanas Mockus decidió hacerle una revisión estructural en el año 2003, bajo el argumento de que era necesario darle una mirada regional al modelo de ordenamiento. Durante la alcaldía de Luis Eduardo Garzón no se registraron avances importantes con el POT y ahora la Administración de Samuel Moreno decide revisarlo nuevamente, cuando aún no se ha ejecutado ni siquiera el 50 por ciento del plan vigente. La ciudad tiene atrasos considerables en gestión de suelo, incluyendo la posibilidad de emprender verdaderos procesos de renovación urbana y problemas de fondo en la calidad de la norma, de manera que Bogotá no puede darse el lujo de mantenerse en revisión permanente de los instrumentos y obviar una planeación a largo plazo. Lo ideal sería que los próximos alcaldes se centraran en seguir los lineamientos del POT y ajustar lo que se debe y evidentemente se puede ajustar por decreto, antes de hacer revisiones que requieren grandes esfuerzos económicos, administrativos y de participación (condiciones indispensables para hacer un proceso sólido). Si la disculpa para revisar el POT es la construcción del metro, lo mejor es no hacer revisiones ni cambios al Plan vigente porque el futuro de este es incierto y las definiciones que, alrededor del tema, hay hasta ahora no dan luces que permitan una planeación a largo plazo. Esto no quiere decir que el POT que se tiene actualmente sea perfecto, pues la gran modificación del 2003 se hizo sobre un planteamiento regional que no tiene en cuenta la realidad y deja sobre el papel un discurso que no comparten los 116 municipios del Departamento, ni siquiera los municipios aledaños, lo cual resulta ser un contrasentido de la planeación. Es cierto que se necesitan ajustes normativos, pero también es claro que estos pueden hacerse mediante decreto, sin necesidad de agotar esfuerzos que deben direccionarse en solucionar los grandes problemas que afronta la ciudad actualmente. A pesar del llamado no sólo de Camacol Bogotá y Cundinamarca, sino de otros gremios sobre la inconveniencia de modificar el POT en este momento, la Administración Distrital ha continuado con el proceso. En esa medida se debe insistir en que si se mantiene esta decisión, resulta fundamental que se incorporen tres temas que no se están evidenciando en la propuesta presentada ante las instancias de aprobación y concertación. En primer lugar, apuntarle a una simplificación normativa que garantice una norma libre de interpretación, de fácil aplicación y por lo tanto de fácil control; en segundo lugar, ajustar los instrumentos de gestión de suelo y financiación del desarrollo urbano y hacerlos concordantes con las normas de superior jerarquía y por último, proyectar las bases de un modelo regional que se soporte en un trabajo mancomunado con los municipios aledaños, el cual debe incorporar claramente la infraestructura para lograr una articulación en la movilidad, que defina la estructura ecológica principal y todos los elementos ambientales que se deben proteger, se generen las condiciones para garantizar la adecuada y eficiente prestación de servicios públicos y como resultado de estas definciones se establezcan claramente las áreas de posible desarrollo y sus condiciones. Si la ciudad no fija reglas estables para saber qué se puede hacer y qué no, difícilmente logrará avanzar hacia las metas de crecimiento y desarrollo sostenible que todos anhelamos. No hay que perder de vista el norte hacia donde debe llegar el ordenamiento territorial. Aún estamos a tiempo de actuar. HELGON

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