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Finanzas

Directivos del siglo XXI: compasivos y competitivos

La nueva generación de trabajadores pone el acento en un jefe que, de alguna manera, los rete a alca

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marzo 27 de 2011 - 08:23 p.m.
2011-03-27

¿Se puede ser competitivo y compasivo con referencia al mismo objetivo? ¿Es esto posible para las personas? Si es posible, ¿es deseable para las organizaciones? El tema surgió en una conversación con un colega, profesor de Inalde también. Él me contó lo ocurrido en la maratón de mujeres de Nueva York del 2009.

La gran favorita era Paula Radcliffe, británica, varias veces ganadora de la maratón y quien mantiene el récord mundial (2:15:25), apenas 14 minutos por encima de la marca de los varones. Entre las contrincantes, ese año, estaba Derartu Tulu, etíope de 37 años, vieja rival de Radcliffe y quien, se puede decir, le había arrebatado en los últimos metros alguna que otra medalla olímpica. Sin embargo, la maratón de Nueva York era el territorio de Paula y Derartu venía en un proceso de recuperación, ya que el nacimiento de su segundo hijo, en el 2006, la dejó bastante mal. Era el 2009 y al iniciar la carrera, Derartu no era favorita. Paula sí.

La carrera tuvo un inicio lento impuesto por la misma Paula. La razón: un problema de rodilla que venía sufriendo y que se hizo evidente a lo largo de la competencia. Derartu se mantuvo con el grupo que encabezaba la competencia hasta la milla 22, cuando, de modo sorpresivo, Paula comenzó a rezagarse. Quedaban apenas 4 millas y nadie -ni espectadores, ni competidoras- se esperaba que la favorita se fuera quedando. Era una ocasión inmejorable para que la etíope asegurara el triunfo. Cualquiera aprovecharía ese momento. Sin embargo, Derartu se retrasó con Paula y la animó a continuar. La británica sacó fuerzas y, superando el dolor, se acercó nuevamente a las líderes e inició un último asalto de la meta. Pero dos millas más adelante volvió a quedarse atrás. Derartu volvió a retrasarse y animándole le decía: “Vamos, puedes hacerlo”. Paula simplemente le respondió: “Sigue tú”.

Aquí todos esperaríamos que Derartu se quedara con Paula y ya. Pero con apenas una milla por delante, Derartu inició su carrera hacia la meta, pasando a las líderes y haciendo la milla más rápida de toda la maratón para llevarse el primer lugar y escribir su nombre nuevamente en la historia de su país: era la primera mujer de Etiopía en ganar la maratón.

Cuando Paula, adolorida y con lágrimas, llegó cuarta, recibió en la meta el abrazo fraternal de Derartu. Han sido rivales deportivas por casi dos décadas, pero en palabras de Radcliffe: “Esa es Derartu. Ella siempre es así de adorable”.

En su momento de gloria Derartu manifestó: “Le he ganado en la pista y en campo abierto, pero en la maratón nunca he sido capaz de correr junto a ella por mucho tiempo. Siempre esperé poder hacerlo algún día, pero hoy me sentí triste al verla adolorida y retrasándose”.

Ambas querían ganar, ambas estaban técnicamente calificadas para hacerlo, ambas dieron lo que tenían. Derartu fue capaz de reconocer en Paula sus propias luchas y deseos, y de animarla, actitud que probablemente permitió que Paula pudiera terminar la carrera y lo hiciera en un honorable cuarto lugar. Derartu fue compasiva; es decir, padeció con el otro. Pero, al mismo tiempo, fue capaz de no perder de vista el objetivo y cuando vio que Paula no la necesitaba más salió velozmente hacia esa meta que deseaba.

 

En la dinámica de las organizaciones, la combinación de compasión e impulso de competencia, que se evidencia en Derartu, son cualidades arduamente buscadas en los directivos. Precisamente, porque son las que le permiten al directivo aunar los esfuerzos de los colaboradores para la consecución de la meta y, a la vez, identificar sus dificultades y colocarse en el lugar de ellos para animar e impulsar, para desde esa puesta en común construir y desarrollar soluciones… para ayudar a crecer a las personas.

Actualmente, la necesidad de encontrar directivos como estos se agudiza por las expectativas de la fuerza laboral compuesta por la denominada generación Y, que exige directivos a quienes admirar y de quienes recibir retroalimentación y apoyo para desarrollarse.

Las investigaciones demuestran que esta nueva generación pone el acento en un jefe que, de alguna manera, los rete a alcanzar metas profesionales altas y, a la vez, los apoye en ese proceso. ¿Dónde encontraremos directivos así? Es decir, ¿que aúnen esa compasión y a la vez esa claridad y ganas de alcanzar el objetivo? La respuesta no es fácil. Pero para mí tiene al menos dos caminos: por un lado, se puede ayudar a los directivos a desarrollar esta virtud; por otro, a la hora de contratar, debo buscar no sólo las capacidades técnicas y un mínimo de estabilidad psicológica, sino comportamientos que me hablen de la presencia de la compasión en la vida del candidato.

Alguno que otro puede saltar ante esta aseveración aduciendo que la vida personal no es sujeta de escrutinio en el proceso de contratación y debe mantenerse separada de la vida laboral. Pero resulta que no es posible. Es la misma persona la que trabaja, y los ámbitos laborales, familiares y personales no admiten separaciones artificiales porque son, por su misma naturaleza, permeables, porosos. Para lo bueno y para lo malo. De ahí que sería aconsejable que las organizaciones pusieran mayor atención a esta interconectividad de ámbitos, de modo que se pueda trabajar en los enriquecimientos, como la transferencia de virtudes personales de un ámbito al otro, y evitar los conflictos.

Es posible que alguien piense que esto suena bonito, pero que no es posible. Tampoco era posible, según los expertos, que las mujeres corrieran más de una milla sin poner en riesgo su salud y su posibilidad de tener hijos -de hecho la primera maratón oficial de mujeres apenas tuvo lugar en 1979-; pero las miles de mujeres que actualmente corren distancias largas y que son madres, como Derartu y Paula, prueban lo contrario. Sinceramente no creo que estemos en situación de esperar tres décadas para empezar a cambiar de idea. Las organizaciones, y la sociedad en general, no pueden esperar tanto.

SANDRA IDROVO CARLIER,

DIRECTORA DE INVESTIGACIÓN

sandra.idrovo@inalde.edu.co

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