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Finanzas

Dos mundos en el mismo espacio

Nadie se disgusta o se entristece porque la calificadora de riesgos Standard & Poor's le haya dado a la deuda del Gobierno colombiano en moneda extranjera una calificación de riesgo que significa tener grado de inversión, según las convenciones al respecto.

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marzo 30 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-30

Como es obvio, a casi toda la gente esto les importa un bledo, pero a los interesados les arranca aplausos entusiastas. Se espera que al menos una de las otras dos grandes calificadoras, Moody's o Fitch, hagan lo mismo que S&P muy pronto. Para el manejo fiscal colombiano estas son buenas noticias: mejores tasas de interés de la deuda nueva, alza en los precios de los instrumentos de deuda emitidos por el Gobierno, mayores flujos de capitales con ganas de comprar activos colombianos, alabanzas de la prensa especializada, la sensación de vivir en el barrio que toca, etc. Todo ello, por cuenta del curioso semáforo que se ha construido con las calificaciones profesionales de riesgo soberano, mediante el cual el cambio de amarillo a verde pone en el radar de los inversionistas financieros con mayor brillo los papeles de deuda del Gobierno. Es explicable que los llamados medios especializados hagan sonar sus trompetas ante esta noticia. Y lo es también que el Gobierno se ponga contento y le quiera sacar todo el jugo financiero y de comunicación pública a la buena nueva, pero también es conveniente poner el tema en la luz y en la dimensión apropiadas, y bajarle a la hipérbole: con el grado de inversión no se califica al país, ni a la patria, ni al Estado, ni al Gobierno como un todo, ni mucho menos a ‘Colombia’. Estaríamos aviados, como dicen los españoles, si las calificadoras tuvieran ese alcance, que ciertos medios interesados les quisieran dar a las decisiones de esas entidades. Repito: se califica el riesgo que comporta la tenencia de deuda en moneda extranjera, a corto y largo plazo, emitida por el tesoro nacional de Colombia. Eso, buena noticia, sí, pero no hay felicidad completa: el semáforo en verde (si Moody's o Fitch se mueven) puede causar problemas con la revalorización del peso colombiano. Puede perjudicar a los exportadores y a la estructura productiva nacional. Puede causar costos fiscales imprevistos. Ya veremos al Gobierno y al Banco de la República debatiéndose entre el “dejar hacer, dejar pasar” y la imposición de ciertos controles a la entrada de capitales financieros. Gajes de su oficio. No tengo deseo alguno de que las insignes calificadoras le quiten el penacho del grado de inversión a la deuda colombiana. Pero hay aquí una triste paradoja: el asesinato de la jueza Gaona, los retos terroristas al aparato judicial, el asesinato de seis jueces en los últimos cuatro años, las 750 amenazas a operadores de la justicia denunciadas por el Consejo Superior de la Judicatura en el mismo periodo, las torvas imprecaciones de élites regionales contra la política del Gobierno en materia de restitución de tierras, los asesinatos de líderes y promotores de este acto histórico en varios sitios del país, tantos otros hechos contra la institucionalidad, demeritan gravemente, en la práctica, la seguridad jurídica que tanto reclaman las comunidades de negocios e inversionistas. Son dos mundos distintos en el mismo espacio geográfico, dos realidades que se superponen: el refulgente grado de inversión y la oscura escena de la administración de justicia. Lo peor, como dice Rodrigo Uprimny en el Espectador, es que la gente no se indigna ante actos atroces como el asesinato de Gloria Constanza Gaona; no hay una sensación de amenaza colectiva cuando se mata a un juez. La brújula ética está loca en Colombia. Pero tenemos grado. cgonzalm@cgm.com.co HELGON

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