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Finanzas

La empresa debe crecer en RSE

Hoy el concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se ha quedado corto frente a las necesidades del planeta y sus habitantes.

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marzo 30 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-30

En escenarios globales, como el Foro Económico Global, la conferencia mundial del GRI (Global Reporting Initiative), o Ethos (destacada organización de ética empresarial brasilera), se está hablando con más fuerza de estrategias de sostenibilidad para las empresas, y menos de programas de RSE. Las estrategias de sostenibilidad no responden a la voluntad de un gerente o un presidente de empresa. Son parte esencial del desarrollo corporativo de mediano y largo plazo de las compañías. Están asociadas a acciones claras de buen gobierno y a una efectiva aceptación de que la empresa no solo vive –y sobrevive– de su retorno económico, sino también de su retorno social, ambiental y reputacional. Los grupos de interés, la globalización y la Internet han ayudado en este proceso. Si se admite la necesidad de incorporar políticas claras frente a temas éticos, sociales, ambientales y de buen gobierno a la médula del negocio, dejan de ser temas tangenciales, que son los primeros que se eliminan cuando llegan las vacas flacas. La RSE es un concepto que comenzó a tener fuerza hace dos décadas, con la necesidad de introducir programas empresariales que dieran cuenta de manera unificada de las acciones filantrópicas, de relaciones con la comunidad y de las políticas de recursos humanos y gestión ambiental. Estos programas surgieron, porque los consumidores, las organizaciones sociales y ambientales y la comunidad internacional presionaban a las empresas a cumplir sus compromisos con los derechos humanos, laborales y ambientales. Veinte años después, podemos tener claridad sobre cuáles son las responsabilidades indelegables de una empresa y cuáles las acciones loables que la sociedad aprecia y agradece, aunque clientes, proveedores o el Estado no las exijan de la misma manera. Este es el caso de la filantropía empresarial. Un sector dinámico al cual las empresas destinan parte de sus recursos, pero que separan de su estrategia de negocio. Ir más allá significa hacer sostenible el negocio en sí mismo e integrarlo a los desafíos de la sociedad. Un elemento que emerge de este nuevo enfoque es el involucramiento de los grupos de interés. Ellos juegan un papel fiscalizador y también ejercen el mejor control de calidad para sus productos. La red de Internet ha movilizado a miles de ciudadanos que se pronuncian sobre las acciones de empresas y pueden llegar a valorizarlas o a quebrarlas. La explotación del oro en el páramo de Santurbán podría ser un ejemplo cercano. Ante los desafíos que nos enfrentamos, los estados y las sociedades hacen corresponsable al sector privado de la sostenibilidad del planeta. Un ejemplo lo constituye el boom de los biocombustibles, cuya esperanza inicial de alivio frente al calentamiento global se ha ido desvaneciendo. Las empresas que invirtieron en este sector y los estados que las subsidiaron se han enfrentado a una presión de muy difícil manejo por los impactos sobre la disponibilidad de alimentos y la deforestación que este negocio puede generar. La sociedad exige respuestas concertadas por igual al Estado y al empresariado. Los postulados de la Comisión Brundtanld (Informe de medio ambiente y desarrollo de 1987) son cada vez más vigentes. El desarrollo no sólo es un asunto de generar riqueza económica, sino de garantizar los activos ambientales, sociales, políticos y culturales para las generaciones futuras. Sólo aquellas empresas que entiendan este nuevo paradigma serán realmente sostenibles. helgon

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