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Finanzas

Un experimento para directivos

Una leyenda cuenta que el 25 de mayo de 1961, durante una sesión conjunta de Congreso y Senado, el presidente Kennedy anunció al mundo que Estados Unidos debía “asumir como meta” que un hombre fuera a la Luna y regresara a salvo a la Tierra antes del fin de esa década. Lo hizo antes de tener los planes completos por parte de la Nasa.

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marzo 14 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-14

Uno puede imaginarse la sorpresa del director de la Nasa de aquel momento, quien tuvo que nombrar de urgencia un director de proyecto para la aventura más grande que jamás hubiera emprendido la humanidad. A los pocos días, Kennedy convocó a su Despacho Oval al director de lo que sería el Programa Apolo y le pidió que le relatara los planes para llegar a la Luna antes de 10 años. Luego de una abundante exposición sobre el avance del programa espacial, y haciendo acopio de coraje, el director le explicó que en el estado actual de las cosas, Estados Unidos no tenía capacidad de cumplir el plan. No contaba con los materiales necesarios, los combustibles no permitían semejante esfuerzo, los sistemas de navegación apenas si permitían que una cápsula se mantuviera en órbita unas pocas horas antes de caer por efecto de la gravedad, y el entrenamiento de los astronautas no estaba concebido para mantenerlos en el espacio tanto tiempo y mucho menos pilotando una nave espacial que tuviera que aterrizar y despegar de la Luna. Kennedy escuchó atentamente las razones, y después de que terminara su exposición llamó al director de la Nasa para solicitarle que al día siguiente enviara a la Casa Blanca un director de proyecto capaz de cumplir el desafío que Estados Unidos se había propuesto como líder mundial. Cuando el segundo director del Programa Apolo entró al Despacho Oval, lo hizo con mucho más material que el primero. Se hizo acompañar por un equipo de asesores y entre todos le explicaron al presidente Kennedy, con más datos y de forma exhaustiva, que el anterior director tenía razón en su explicación. Estados Unidos (ni ningún otro país) tenía los materiales necesarios para construir semejante máquina, los combustibles para impulsarla, la tecnología para hacerla funcionar, ni el entrenamiento necesario para navegarla. Kennedy no se dejó impresionar por las razones y motivos, y después de agradecerles a todos la presentación, volvió a llamar al director de la Nasa para pedirle una tercera -y última- vez que le enviara a alguien capaz de llevar adelante el Programa Apolo. El tercer candidato entró solo al Despacho Oval, con las manos en los bolsillos y sin ningún material de apoyo. Cuando Kennedy le pidió su exposición, simplemente dijo: “Señor Presidente, le tengo que decir que lo que le informaron los dos anteriores directores es absolutamente cierto. Hoy Estados Unidos no tiene los materiales para construir la nave, el combustible para impulsarla, la tecnología para navegarla ni los pilotos para equiparla”. Pero agregó rápidamente, antes de darle a Kennedy tiempo de reaccionar: “Sin embargo, Señor Presidente, estoy convencido de que si tomamos el 20 por ciento del presupuesto federal y lo invertimos en las mejores universidades y centros de investigación del país para que desarrollen los materiales; luego tomamos otro 20 por ciento del presupuesto y lo destinamos a investigación de combustibles en los institutos y laboratorios líderes; otro 20 por ciento en desarrollo de tecnología y sistemas de navegación, y un 20 por ciento final en un plan de entrenamiento de astronautas, en 10 años seremos capaces de llegar a la Luna y volver sanos y salvos a casa”. Kennedy se quedó mirando fijamente al nuevo director y al cabo de un largo rato le respondió: “Su plan me parece un poco costoso, pero siéntese y hablemos”. Y todos conocemos el final de la historia. Personalmente no creo que esta leyenda sea cierta, pero sin duda refleja una situación que se presenta una y otra vez en las empresas. Pregunto al lector: ¿Cuántas veces en su empresa escucha la respuesta “no se puede porque...”? La mayoría de las veces, al igual que en nuestra historia, las razones por las que no se puede son ciertas. Hay buenos motivos para no hacer esto o para que aquello se haga de tal manera. El problema es que, de esa forma, las iniciativas innovadoras se ven cortadas de raíz, los enfoques novedosos despreciados y las oportunidades de cambio aplastadas bajo la lógica del “no se puede porque”. A quienes se vean reconocidos en este drama los invito a tomar una simple y efectiva alternativa. Cada vez que alguien les diga “no se puede porque…” pídanle que reformule la respuesta comenzando con “se podría si…”. Afirmar que “no se puede hacer este lanzamiento porque no tenemos conocimiento del mercado” es sustancialmente distinto a afirmar que “se podría hacer este lanzamiento si tuviéramos conocimiento del mercado”. Mientras que una forma de responder tiende a cerrar la discusión, la otra abre posibilidades, impulsa al siguiente paso. Efectivamente, las condiciones bajo las cuales se podría ‘llegar a la Luna’ implican que pensemos en formas diferentes de hacer las cosas y quizá haya que cumplir pasos intermedios: construir primero las bases sobre las que se levantará el proyecto y adquirir esa capacidad que hoy no tenemos y que hace que efectivamente hoy no se pueda. La experiencia me dice que este simple ejercicio tiene consecuencias sorpresivas en las empresas. Trabajadores que antes se limitaban a hacer una tarea comienzan a proponer cambios y mejoras, y equipos resistentes al cambio comienzan a involucrarse con las iniciativas porque además tienen la idea de cómo conseguirlo. Saben que “se podría si…”. La experiencia también me dice que la parte realmente difícil no es que nos respondan “se podría si…”, sino que en la empresa -especialmente en la alta dirección- haya una verdadera voluntad de considerar seriamente las propuestas y poner en práctica lo que desde abajo se propone. El plan propuesto por el tercer director de nuestra historia probablemente sea inviable tal como está formulado. Destinar el 80 por ciento del presupuesto de un país a un solo proyecto es algo muy difícil de asumir. Sin embargo, si la dirección -Kennedy en nuestro caso- tiene la disposición de tomar seriamente las propuestas, se sentará y trabajará sobre el plan. Animo vivamente al lector a que la próxima vez que le brinden la excusa “no se puede porque…”, pida que le respondan comenzando la frase con “se podría si…”. Y lo animo vivamente a que considere con seriedad estudiar los planes que le propongan. ¡Haga el experimento en su empresa! raul.lagomarsino@inalde.edu.co HELGON

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