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Finanzas

‘Hay que perder el miedo a hablar de política industrial’: Marta Lucía Ramírez

Un grupo de empresarios lidera un proyecto para presentarle al Gobierno una propuesta que se convier

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marzo 15 de 2011 - 01:24 a.m.
2011-03-15

Sin mucha sorpresa, analistas, empresarios, gremios de la producción y hasta el mismo Gobierno han venido leyendo en los medios de comunicación el crecimiento de las importaciones de productos colombianos fabricados en el exterior.

Prendas de vestir, morrales, camisas y otros productos de firmas nacionales llegan ahora de lejanos centros de producción, señala la ex ministra Marta Lucía Ramírez, quien al frente de la cartera de Comercio en el Gobierno de Andrés Pastrana impulsó los acuerdos de competitividad y las cadenas productivas.

Esas mercancías, dice, nos llegan ahora de países vecinos como Perú y de centros de producción mucho más alejados, como China, India, Marruecos y Turquía.

El ciudadano de a pie sí se sorprende al saber que marcas de vieja data, que han despertado el orgullo nacional, como Leonisa, Totto, Punto Blanco y otras, están fabricando sus prendas, o al menos importantes volúmenes de ellas, en esos países y los importan para venderlos en Colombia.

Diferentes observadores atribuyen esa situación a que, por lo menos en esas nacionaes, la mano de obra es mucho más barata que en Colombia; es decir, es un asunto de costos.

Ramírez no cree que los empresarios colombianos hayan decidido fabricar en el exterior solamente por el factor del precio de la mano de obra, aspecto que reconoce, y considera que existen otras condiciones que deben tenerse en cuenta al analizar ese fenómeno.

“Lo que tenemos que preguntarnos es cuáles son las razones estructurales que están haciendo que Colombia no resulte atractiva para producir ni siquiera por parte de las empresas colombianas”, comenta, y suelta algunas condiciones que deben cumplirse para superar ese estado de cosas: estabilidad en las reglas de juego, estímulos a la productividad del trabajador, capacitación y preparación del recurso humano.

Tema sobre el tapete

En todo eso, agrega, los empleos industriales son fundamentales, porque es a través de ellos donde se generan las mejores condiciones para el desarrollo de la productividad laboral dentro de la formalidad, que es uno de los objetivos del presidente Juan Manuel Santos y que ella y un grupo de sectores industriales comparte.

“Hay que perder el miedo a hablar de política industrial”, señala, y explica que en Colombia estigmatizaron este tema y muchos economistas lo deslegitimaron porque piensan que se está hablando del viejo modelo cepalino (sustitución de importaciones e intervención del Estado).

Eso, sin embargo, no es lo que hoy se estila como una política industrial y pone de ejemplo el caso de Brasil en los dos gobiernos de Lula, que tuvo una política industrial de nueva generación basada en las condiciones para ser mucho más innovadores, mucho más competitivos, en cómo llegar con mucha más eficiencia al mercado internacional, en cómo desarrollar las cadenas de valor.

Ramírez y un grupo de empresarios de los sectores textil, metalmecánico, siderúrgico, farmacéutico, entre otros, comenzaron a liderar un proyecto para presentarle al Gobierno Nacional una propuesta de convertir la política industrial de Colombia en política de Estado.

Se trata, dijo, de revisar de qué manera el país puede tener una política industrial que sea tan competitiva o más que la que ejecuta Brasil, o la que en su momento desarrolló Corea o lo que ha hecho China.

Lo anterior, agregó, implica la definición de sectores estratégicos y convertir a la industria en una columna estratégica para el desarrollo nacional. “Este es el verdadero debate que hay que dar en el país. La coyuntura es crucial para impulsar una política industrial de largo aliento, que fije reglas de juego claras que generen atractivos para la inversión extranjera y local, estimulen la creación de empresas orientadas a la agregación de valor en todos los segmentos de la economía nacional y generen empleo”.

 

Un eje estratégico para el desarrollo

 

Colombia, enfatiza Marta Lucía Ramírez, necesita tener industrias competitivas, de valor agregado, en todos los ramos donde el país puede ser un productor eficiente.

Así, pone de ejemplo la industria petrolera, en la cual, dice, ya existen las condiciones para producir muchos de todos los elementos de precisión y equipos especializados para la exploración y la explotación.

Entonces, “¿por qué nos estamos limitando hoy a importar esos equipos y hacer entonces acá la perforación y nada más? Hay que desarrollar todo ese clúster alrededor de la industria petrolera”.

En minería, el país se limita a extraer el mineral y exportarlo en bruto, pero mucho de ese mineral podría procesarse en Colombia, con altísimo valor agregado y exportarlo. Colombia, agregó, es una potencia en carbón, que podría utilizarse cerca de la mina y desarrollar una industria siderúrgica mucho más eficiente.

“En Boyacá funciona la siderúrgica Paz del Río, ¿Por qué no desarrollar alrededor de ella un complejo metalmecánico, una producción de partes para industrias como la automotriz, que permita hacer los laminados de los carros aquí en Colombia y tener una integración vertical en lugar de tener una industria prácticamente de ensamble?”, dice. La respuesta está en el desarrollo industrial de nueva generación que convierta la industria en un eje estratégico para el desarrollo de Colombia, concluye la ex ministra.

 

Acelerará programa de transformación

 

El Gobierno pasado impulsó el denominado programa de transformación productiva, y que fue recogido por la actual administración, que busca estimular el desarrollo de sectores nuevos cuyos productos gozan o gozarán de una fuerte demanda internacional y el fortalecimiento de otros con miras a una mayor y mejor producción.

Ese programa será reforzado, anunció el ministro de Comercio, Sergio Díaz-Granados, para lo cual el Gobierno se sentará a hablar con la “fábrica colombiana” y discutir la manera de cómo ir más rápido de lo que se ha hecho hasta ahora.

Clave, según el funcionario, es cómo poder utilizar los recursos de las regalías en innovación para que las empresas elaboren nuevos productos, nuevos servicios o produzcan de mejor manera lo que el mercado externo necesite.

El presidente de Analdex (gremio de los empresarios del comercio exterior), Javier Díaz, está convencido de que es necesario relanzar el programa porque cree “que se está quedando” y por esto le pidió al Gobierno “darle un sacudón”, y diseñar una metodología diferente, “porque lo que se observa es que la metodología que se venía trabajando se agotó”.

La metodología que se traía, explicó, era de mesas de trabajo; las empresas vienen y hablan y trabajan los temas, pero si no empiezan a ver resultados, cosechas tempranas, se cansan de estar en reuniones sin que salga nada. En consecuencia, propuso acabar con las mesas de trabajo y concentrarse en proyectos específicos con un gerente de proyecto, de tal manera que la gente vea que el tema avanza.

Para Díaz-Granados, acelerar el programa es conectarlo con las regalías de innovación, de las que el año entrante van a estar disponibles 980.000 millones de pesos. “Aspiraría a que el sector privado colombiano entienda esto: los recursos de innovación no son para que se los gaste el Gobierno, sino para trabajarse con las empresas para que produzcan el efecto de una economía más productiva e innovadora”.

El programa de transformación productiva es el corazón de los recursos de regalías para innovación, es poder darles el mejor aprovechamiento a esos dineros, comentó el Ministro.

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