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Finanzas

Japón vive un momento para un cambio

Sin desconocer la magnitud de la tragedia que vive el país nipón, esta circunstancia puede convertir

POR:
marzo 16 de 2011 - 11:30 p.m.
2011-03-16

Siempre me pareció muy extraño que en las librerías japonesas no hubiera secciones exclusivas sobre terremotos, pero sí góndolas enteras dedicadas a los movimientos tectónicos. Después del grande del viernes, ahora soy un creyente en la temblor-ología.
Los temblores tienen un lugar complicado en la psique japonesa. Existe una creencia generalizada, una mitología local, en el sentido de que los movimientos de placas pueden coincidir a su vez con otros grandes sobre la superficie.
En 1855, un terremoto que destruyó buena parte de lo que es Tokio en la actualidad marcó el ocaso del periodo Tokugawa, durante el cual Japón estuvo aislado durante dos siglos. Los esfuerzos de reconstrucción después de la devastación de 1923 coincidieron con el avance del militarismo japonés.
La tragedia de 1995 en Kobe estuvo conectada con el fin del auge industrial japonés de la posguerra y el advenimiento de la deflación.
¿Podría también este último trauma marcar un cambio histórico?
El economista Nouriel Roubini tiene razón cuando dice que el terremoto se produjo en “el peor momento”, en tanto Japón se esfuerza por reducir su enorme deuda. Pensemos al revés por un instante, y analicemos tres posibles aspectos positivos de este terremoto.
SALIR DEL ‘SHOCK’
Uno, es una llamada de alarma. Japón vaciló durante años mientras se ahondaba la deflación, los salarios se mantenían estancados y la deuda pública superaba el producto interno bruto. Aun después de que la economía de China aventajó a la de Japón en 2010 y de una baja de grado por parte de Standard & Poor’s en enero, los funcionarios de Tokio permanecieron más paralizados que nunca.
El día anterior al terremoto del viernes, la política japonesa alcanzó su punto más bajo. El ministro de Relaciones Exteriores, Seiji Maehara, un hombre de 48 años al que se señalaba como próximo primer ministro, fue intimidado para que renunciara en razón de un error administrativo. Su campaña recibió 250.000 yenes (3.053 dólares) desde 2005, de una mujer surcoreana que reside en Japón. El viernes por la mañana, antes del terremoto y el tsunami, la oposición sacaba a relucir otros trapitos sucios, igualmente mezquinos, sobre el primer ministro Naoto Kan.
Semejantes complacencia y distracción ya no son posibles. Los líderes de Japón deben ahora arremangarse para reconstruir el país después del terremoto más grande del que se tenga registro. Y deben hacerlo sin el lujo de un endeudamiento enorme. Como dice Roubini, cofundador de Roubini Global Economics LLC de Nueva York, un “shock como este” complica el control de la deuda pública más grande del mundo.
Sin embargo, con un poco de voluntad política, otro tipo de shock podría caer sobre Japón, uno que la escritora Naomi Klein analizó en La doctrina del shock, de 2007. Klein se centra en los ideólogos del libre mercado que aprovechan las crisis para imponer un cambio rápido e irreversible en los países del mundo. El destino podría haber dado a Japón una oportunidad para desencadenar la doctrina sobre sí mismo.
Este país podría muy bien beneficiarse con cualquier sacudida que aliente al empresariado de abajo para arriba, que aumente la competitividad e imponga un cambio a los burócratas decididamente reacios a cambiar que manejan en verdad al país. Durante años, los gurús dijeron que sólo una crisis importante generará un cambio en Japón. El 11 de marzo aportó el shock; los líderes simplemente deben actuar en consecuencia.
LAZOS CON CHINA
Dos, un cambio para reconciliarse con China. El avance aparentemente inexorable de 1.300 millones de habitantes y las fuerzas competitivas que acompañan un hecho económico semejante están uniendo a Japón y Corea del Sur, contribuyendo a superar rencores por un pasado colonial.
Ahora, el rápido ofrecimiento de ayuda por parte de China y sus condolencias a las víctimas del terremoto en Japón podrían significar un gran paso adelante para disminuir las tensiones. Es el acontecimiento excepcional el que lleva a funcionarios de Tokio y Pekín a dejar de lado los desacuerdos espinosos por disputas económicas, territoriales, militares e históricas. Y aquí lo tenemos.
Esta solidaridad china contrasta fuertemente con la retórica colérica de los últimos seis meses. Ese periodo se caracterizó por manifestaciones antijaponesas en ciudades chinas, la supresión de viajes turísticos a Japón, la cancelación de algunos intercambios diplomáticos y el racionamiento de las exportaciones de metales de tierras raras.
Si Asia quiere incrementar la cooperación regional, los líderes de Japón y China deben tener una relación de trabajo decente. El terremoto de la semana pasada brinda la posibilidad de un nuevo comienzo. Esperemos que provoque un mayor ablandamiento de las relaciones.
ORGULLO JAPONÉS
Tres, un impulso a la confianza japonesa. En los días transcurridos desde el terremoto, editoriales en diarios chinos pasaron de asestar golpes a Japón a analizar qué pueden aprender los chinos de la veloz respuesta de Japón y el orden de sus habitantes.
Es una observación válida. Si bien son los primeros días del esfuerzo de rescate, Japón tiene mucho de qué enorgullecerse, desde la forma en que el perfil de Tokio resistió al ataque tectónico hasta la ausencia de saqueo e inestabilidad social. El país se ha demostrado a sí mismo que es un lugar muy cívico, estable y solidario.
Los códigos de edificación rígidos, la capacitación y las lecciones del terremoto de Kobe de 1995 que mató a más de 6.000 personas probablemente ahorraron miles de vidas en esta oportunidad.
Ciertamente, abundan los problemas. El más inmediato es detener el peor accidente nuclear en por lo menos 33 años en una central al norte de Tokio. Japón debe, por lo menos, analizar como nunca antes la experiencia de Tokyo Electric Power Co. en materia de seguridad.
Tampoco el impopular Kan está distinguiéndose. La información de su despacho ha sido deficiente y directamente contradictoria por momentos. Básicamente, Kan estaba yéndose antes del terremoto, y la forma en que maneje las cosas en los próximos días decidirá su destino político.
No obstante, en este tiempo de devastación e incertidumbre, Japón ha mostrado que funciona bien en muchos niveles pese a su Gobierno. Este es un momento de dolor y reflexión, sí. También es un tiempo para mirar para adelante hacia días más brillantes. Bien podrían estar en camino.

WILLIAM PESEK
Bloomberg

 

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