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Finanzas

Málaga y la suerte de García Rovira

Por un curioso revés de la historia, a Jerónimo de Aguayo le tocó, en 1543, destruir la ciudad que é

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marzo 01 de 2011 - 11:04 p.m.
2011-03-01

Con un poco más de suerte, Málaga habría sido la cuarta ciudad más antigua del Nuevo Reino de Granada, pero por un curioso revés de la historia, a su fundador Jerónimo de Aguayo le correspondió, en 1543, destruir la ciudad que él mismo había establecido apenas un año atrás.

Hay que recordar las circunstancias políticas en este rincón del Nuevo Mundo a medio siglo de la llegada de Colón, para entender este inusual caso. Con el apoyo del gobernador de Santa Marta, Pedro Fernández de Lugo, Gonzalo Jiménez de Quesada remontó el río Magdalena, y tras la muerte o deserción de la mayoría de sus hombres fundó a Santafé de Bogotá en 1538. Al año siguiente, antes de viajar a Europa con Federmán y Belalcázar, ordenó también la fundación de Tunja y de Vélez. Hasta ahí vamos bien.

Pero en marzo de 1540, mediante Real Cédula, el Rey declaró gobernador legítimo del Nuevo Reino de Granada a Alonso Luis de Lugo, hijo del recién fallecido Fernández de Lugo. Mientras eso ocurría allá, aquí había asumido las funciones de Capitán General del Nuevo Reino el fundador de Tunja, don Gonzalo Suárez Rendón. Y así, presidiendo el cabildo de esa ciudad, en su sesión del 10 de marzo de 1542, ordenó la fundación de una nueva villa, que pidió llevara el nombre de su ciudad natal: Málaga.

El lugar escogido había sido visitado por Hernán Pérez de Quesada el año anterior, lo había denominado Valle de los Cercados “porque en él tenían los indios principales sus casas con grandes cercados de palos o cañas, alcarrizos y otras ramas de árboles, todo muy tejido y tupido”, según el cronista Pedro Aguado.

Para cumplir las órdenes del Cabildo se encargó a Jerónimo de Aguayo, un curtido militar andaluz con experiencia en Yucatán, Cuzco y Quito, antes de ser regidor y alcalde ordinario de Tunja. Más adelante -pero será adelantarnos a la historia de su mala suerte- sería encomendero de Turmequé y náufrago en isla Margarita.

Sea como fuere, con 50 soldados y 20 caballos Aguayo partió con rumbo norte, cruzó tierras del cacique Chicamocha, y vadeó el río que hoy lleva ese nombre. Tras enfrentarse con los indígenas -laches, chitareros o tequíes, según la versión-, fundó con todas las formalidades la villa de San Jerónimo de Nuestra Señora de la Soledad de Málaga, en el sitio que hoy se conoce como Tequia, a corta distancia del casco urbano de la ciudad actual. Designó, como correspondía el primer cabildo, regidores y escribano, y dejó como párroco al fraile franciscano Francisco de Ávila, antes de buscar su salida hacia el lago de Maracaibo.

El 3 de mayo de 1543 llegó a la ciudad de Vélez el gobernador Alonso Luis de Lugo, y no sólo hizo apresar a Suárez Rendón, sino que mandó al mismo Aguayo a destruir la ciudad de Málaga, alegando la ilegitimidad de su fundación. Este habría podido ser el final de la historia, de no ser porque estas tierras fértiles no fueron abandonadas por los encomenderos y terratenientes que allí permanecieron.

Fue así como en 1650 el prior dominico fray Jerónimo Surita, en Santafé, autorizó la venta del predio Hato de Tequia, donado a ellos unos años atrás por don Luis de Palencia.

Seiscientos pesos pagó por estas tierras Juan de Ayala, cuyo hermano, el presbítero Tomás, construyó la capilla que congregaría a los habitantes de la nueva Málaga. En 1694, por la misma época en que surgían San Gil y Socorro, el lugar obtuvo el rango de parroquia. El 3 de enero de 1695, cuando se hizo el trazado de calles y la asignación de lotes, el respectivo escribano consignó que “el fin principal de haberla fundado es reedificar la ciudad que en este sitio hubo, aumentando el servicio del Rey y la propagación de nuestra santa fe católica”.

El lugar prosperó, y el padre Basilio Vicente de Oviedo, quien visitó Málaga a mediados del siglo XVIII, habló de sus “muy buenas harinas y azúcares, dulces y dátiles, mucho ganado y de todo, grande y menor, bovino, ovejuno y cabrío, y se crían muchas y muy buenas mulas”.

HOMENAJE A ROVIRA

En la Colombia federal de mediados del siglo XIX se creó, para homenajear al más importante prócer santandereano, la provincia de García Rovira, con Málaga incluida.

Custodio García Rovira nació en Bucaramanga en 1780, y antes de militar en los ejércitos revolucionarios estudió y enseñó en el Colegio de San Bartolomé, en donde tuvo de pupilos a Francisco de Paula Santander y a Antonio Ricaurte, entre otros personajes de la época. Además de graduarse de abogado y estudiar artes fue doctor en teología.

Con todo y sus estudios, no fue muy afortunado en la vida don Custodio, vale decirlo. Cuando fue presidente de la joven República, en 1814, su mandato sólo duró cuatro meses. Cuando dirigió los ejércitos federalistas, fue derrotado y puesto preso por Antonio Baraya, en ese periodo que hoy conocemos como La Patria Boba.

Pero su peor revés militar lo sufrió en las montañas de Cachirí, cuando enfrentó al ejército de Sebastián Calzada en lo que muchos consideran la peor derrota criolla en la gesta de independencia. Fue entonces cuando se refugió en estas tierras de la provincia que llevaría su nombre.

La mala suerte de García Rovira no termina ahí: en 1816 emprendió la fuga al sur para evitar su captura, se casó en un alocado romance efímero que tampoco duró, ya que tras ser apresado en La Plata, fue ejecutado en Bogotá en agosto de ese mismo año.

No me queda ya espacio para mencionar un malagueño más reciente, Samuel Moreno Díaz, el tristemente célebre yerno del general Rojas Pinilla, esposo de María Eugenia y padre de los hermanos Samuel e Iván Moreno Rojas. Menos mal, porque eso quizás llevaría a prolongar mucho en el tiempo la mala suerte que trajeron a estas tierras Jerónimo de Aguayo y Custodio García Rovira.

DIEGO ANDRÉS ROSSELLI COCK

Especial para PORTAFOLIO

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