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Finanzas

Microcrétido para los jóvenes brasileños

Cuando la gente habla de la economía brasileña, las cifras suelen ser de miles de millones de dólares, pero en Sorocaba, en el estado de Sao Paulo (sudeste), una joven de 25 años probó que con un puñado de dólares la vida de una persona pobre puede cambiar.

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marzo 17 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-17

Para Alessandra França, un microcrédito es todo lo que se necesita para hacer una enorme diferencia para el 40 por ciento de la población de Brasil que aún se enfrenta diariamente con la pobreza. Hace un año, França fundó el Banco Pérola, una institución de préstamo especializada en microcréditos para jóvenes de bajos ingresos en la ciudad de Sorocaba, muchachos que buscan sumarse al crecimiento económico brasileño, pero carecen de recursos para dar el primer paso. Se trata de una base de clientes para quienes una suma de unos 200 dólares representa la posibilidad de cambiar de vida. “Una persona tomó un préstamo de 400 reales (unos 240 dólares) para comprar un carrito para vender sándwiches de salchichas calientes. Pasó de ganar un poco más de 100 reales al mes a 800”, dijo França. Esa misma persona “tomó un segundo préstamo por 1.000 reales y ahora consigue un ingreso de 2.000. Para alguien que tiene tan poco, 400 reales es mucho”, añadió. EL IMPULSO DE UNA MUJER Originaria del norteño estado brasileño de Pará, en la región amazónica, França llegó aún niña junto a familiares a la ciudad de Sorocaba, una localidad creciente donde áreas protegidas por cercas conviven con barrios empobrecidos. Inspirada por un libro que leyó sobre Muhammad Yunus, el emprendedor de Bangladesh que ganó el premio Nobel de la Paz en 2006 por su banco para los pobres, que ofrecía microcréditos a pequeños agricultores, França se graduó en administración y recogió experiencia en asociaciones comunitarias. “Siempre soñé en hacer algo por el mundo. Pensé entonces: ¿porqué no hacer algo diferente, algo que ayude a mejorar las cosas?”, comentó. Notablemente joven, aunque utilizando con seguridad el discurso de un analista financiero, França se muestra como una banquera desconcertante, al punto que llevó tiempo para que fuera tomada en serio. “Al principio traté de usar anteojos para parecer más vieja, y elegía ropas con esa intención. Pero me di cuenta de que eso no funciona, realmente. Más tarde, acepté el hecho de que parezco joven, y para romper esa tendencia me aseguro de ir muy bien preparada para cada reunión. Hago mis tareas”, dijo. En la actualidad, su banco tiene 44 clientes con edades de entre 18 y 35 años, que tomaron créditos por un total de unos 33.000 dólares. Sus préstamos tienen un máximo de 1.000 dólares, que deben ser pagos de vuelta en un plazo de siete meses. Cobra una tasa de interés de 4 por ciento al mes, un nivel sumamente alto para economías como las de Estados Unidos y Europa, pero también increíblemente bajo para Brasil, donde los bancos normalmente cobran por sus créditos intereses de 14 por ciento al mes o todavía más. Los clientes del Banco Pérola ven el trabajo de França como una dádiva que permite que sus modestos sueños empresariales den el primer paso. “Es una ayuda enorme. Porque cuando uno está empezando tiene el sueño de iniciar un negocio, pero no se pueden alcanzar las condiciones (impuestas por bancos normales). Entonces, esto es excelente, no le puedo decir lo bueno que es”, dijo Eveline Garcia, quien ahora posee su propio negocio. Garcia, de 25 años, dejó su empleo en una agencia del Gobierno local para iniciar su comercio, vendiendo ropas a un precio mínimo en el barrio pobre donde vive. Utilizó los 700 dólares del préstamo para comprar su inventario. Su marido y un amigo firmaron como garantía. Para França, esto es apenas el inicio. Ve su banco, que ahora tiene menos de una docena de empleados, expandiéndose por Brasil para ocupar un espacio que, en su visión, los bancos tradicionales no ocupan. “Los bancos deberían ver el microcrédito como una cuestión social, no apenas como una cuestión financiera”, comentó. Según França, unos 300 bancos de microfinanciamientos como el suyo han comenzado a aparecer en todo Brasil, pero apuntó que “es muy poco comparado con el tamaño de Brasil y su población”. HELGON

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