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Finanzas

Panorama petrolero actual genera muchas inquietudes

La crisis sociopolítica que se vive en Medio Oriente y los agentes especulativos del mercado bursá

POR:
marzo 08 de 2011 - 11:07 p.m.
2011-03-08

Desatada una serie de revueltas sociales en los principales países exportadores de petróleo, el precio del oro negro se disparó sobre los 100 dólares el barril.
Dentro de los factores que inciden en esta nueva alza están, sin lugar a duda, los derivados de la crisis sociopolítica que se vive en Medio Oriente. La seguidilla de rebeliones que viene sucediendo en los países que concentran las mayores reservas de crudo del mundo originan un nerviosismo que los que saben hacer dinero con ello aprovechan.
Entre la entendible incertidumbre que los referidos sucesos provocan y la capitalización oportunista de los agentes netamente especulativos del mercado bursátil, actores cuya voracidad con las materias primas y, en especial, con el petróleo agregan una tensión alcista adicional a los procesos por todos conocidos.
En el primer caso, se reduce la capacidad de manejo que poseen las empresas para afrontar eventuales contingencias. En el segundo, se genera una presión inflacionaria que reduce el poder adquisitivo de los consumidores, lo cual obliga al Banco Central a reducir la tasa de interés y así desacelerar la espiral de incremento de precios.
La primera crisis del petróleo nació en octubre del 73, luego de que la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (que agrupaba a los países miembros árabes de la Opep más Egipto y Siria) decidieron no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur, entre ellos, Estados Unidos y aliados de Europa Occidental.
El alza del precio, unido a la gran dependencia que tenía el mundo industrializado del petróleo de la Opep, provocó un fuerte efecto inflacionista y una reducción de la actividad económica de los países afectados. Estos respondieron con una serie de medidas permanentes para frenar su dependencia exterior.
Años más tarde, más precisamente el 8 de septiembre de 1978, se desató la segunda crisis del petróleo luego del ‘Viernes negro en Teherán’, con revueltas en contra del Sha (a pesar de que se había declarado la ley marcial) duramente reprimidas por el ejército.
Meses después, 37.000 trabajadores de las refinerías iraníes se declararon en huelga, por lo cual la producción pasó de 6 millones de barriles diarios a 1,5, y numerosos trabajadores extranjeros abandonaron el país. Luego, el 22 de septiembre de 1980 comienza la guerra entre Irán e Irak. El precio del barril de petróleo alcanzó los 39 dólares (que teniendo en cuenta la inflación, se corresponden con 110 dólares del 2011). En este nuevo contexto, Japón se vio privado de una parte considerable de sus suministros y, tras dos años de relativa abundancia y gran estabilidad de precios, el nivel de las reservas de petróleo descendió en todo el mundo de tal forma que casi todas las economías intentaron reconstituir sus reservas. Se adoptaron medidas para restricciones al consumo y se subvencionó la importación.
Ya en 2008, debido a la debilidad del dólar y a presiones geopolíticas contra los países miembros de la Opep, el petróleo alcanzó los 140 dólares. Esto mostró que, aun en estos días, el riesgo de una escalada de precios es posible a pesar de los controles que puedan existir sobre los stocks y la producción.
Sin embargo, la crisis actual podría tocar a nuevos actores. Actualmente, los países afectados hace más de tres décadas por la subida del precio del petróleo basan su economía en la producción de servicios y manufacturas de alto valor tecnológico, por lo que el incremento de costos derivado del alza en el precio del petróleo afectaría parcialmente y, sin duda, sin la misma magnitud que en las crisis pasadas.
Contrariamente, los países emergentes, que basan sus economías en la producción de manufacturas de bajo valor agregado y en la extracción de bienes primarios, sufrirían una escalada de costos que terminaría por desestabilizar los precios relativos internos, lo cual generaría presiones inflacionarias que seguramente desencadenarían, como mínimo, en un fuerte ajuste interno.
Ya se ha anunciado en Chile y Colombia alzas del precio de los combustibles, lo que encarece toda la cadena de producción, lo cual resta competitividad a los productos nacionales y afecta directamente, a través del aumento general de precios, a los consumidores de cada país.

El papel de Colombia

La principal generación de divisas de Colombia viene de la mano del petróleo, y un aumento en el precio podría generar en el mediano plazo un ingreso mayor por igual cantidad exportada. El caso de un vecino sirve como clara referencia. Brasil, país con una fuerte política explotadora desde hace diez años, ha modernizado toda su economía y hasta generado la reapertura de nuevas industrias (como la de astilleros para la producción de buques y sus repuestos). Así, apostar a la producción del petróleo y reinvertir las ganancias en el sistema productivo qui- zás sea más que beneficio con los precios en subida.

¿Es permanente el alza que viven los precios?

Para los especialistas del Observatorio Financiero de la Universidad Nacional (Ofin), las condiciones actuales indican que no habrá a corto plazo ningún aumento importante de la oferta. A diferencia de los 70, no hay a la vista ninguna área petrolera significativa que pueda sumarse a la oferta y, al mismo tiempo, hay varias áreas en declinación (México, Mar del Norte, Rusia). El petróleo es un recurso escaso cada vez más costoso de hallar y explotar.
Los descubrimientos de Brasil pueden durar una década en madurar. Aumentos en la oferta de Arabia Saudí e Irak pueden compensar la declinación de otras áreas, pero difícilmente implican aumentos netos significativos. Por el contrario, los riesgos de corto plazo se relacionan con la posibilidad de que la oferta se reduzca como consecuencia de un eventual conflicto armado con Irán.
En el mediano plazo, los precios actuales del petróleo han de incentivar el aumento de producción de crudo, gas y carbón. En Estados Unidos se está proponiendo abrir las cuencas marinas a la explotación petrolera, retenidas hasta ahora por razones conservacionistas y ecológicas.
Desde una explotación más intensiva del carbón hasta la explotación de las arenas petrolificadas de Canadá, hay alternativas hidrocarburíferas que podrían sustituir parcialmente una insuficiente producción de petróleo. Pero el desarrollo de estas alternativas requiere años de inversión y, mientras tanto, el mundo seguirá creciendo y con ello, la demanda de energía.
Debido a esta situación, el precio actual parece que ha llegado para quedarse por un largo tiempo, quizás no sobre los 100 dólares, pero resultaría raro ver precios entre 50 y 70 dólares, como estuvo antes del 2007 o a inicios del 2009.
De otro lado, las alternativas energéticas, como solar, eólica, hídrica y eléctrica, entre otras, vienen en franco desarrollo y con avances notables, pero con dificultades de masificación por sus costos o por desinterés de los participantes en los modelos actuales de producción. Las discusiones sobre la necesidad de implementar estas tecnologías y tener fuentes alternativas que sean incluso ambientalmente responsables, se han vuelto recurrentes, pero con muy magros resultados reales. De tal manera que ese proceso de implementación de los nuevos desarrollo aún se ve lejano.

]ANTONIO J. SESIN*
Especial para PORTAFOLIO

 

* Analista de Research de Openworld Investment Bank Consulting
 

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