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Finanzas

La piedra filosofal

El grado de inversión otorgado al país por la agencia de calificación de riesgos Standard & Poor’s es un grato reconocimiento a años de manejo macroeconómico responsable y de estabilidad interna. Mientras el mundo tiembla y se ahoga física y políticamente, Colombia chapotea y sobreagua.

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marzo 18 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-18

No es la crisopeya, la transformación de metales comunes en oro, pero se acerca. Si la inversión extranjera venía entrando abundante por las ventanas, ahora va a ingresar oronda por la puerta grande. Se le han descorrido visillos al velo del recelo. Los alquimistas nunca dieron con la piedra filosofal, aunque quizá al toparse con el BBB- de Colombia hubiesen exclamado ¡Eureka! Y no es para menos, cuando se piensa en un país que se ha batido y se bate simultáneamente, sin más armas que una frágil institucionalidad, contra Karl Marx y Al Capone. El BBB- adquiere mayor mérito ahora que Gadafi, con el más espantoso despliegue de poder desnudo desde Gengis Kan, masacra en Cirenaica. Ese Coronel es el mismo a quien hace menos de dos años el nuevo mejor amigo condecoró, mientras proclamaba que él era para el pueblo libio lo mismo que Simón Bolívar para el pueblo venezolano. Chávez debía estar pensando en el Bolívar que decretó la Guerra a Muerte. Por otra parte, una vieja amistad liga a Gadafi, que entrenó guerrilleros en su Centro Revolucionario Mundial (CRM), con Daniel Ortega, responsable político de las estrategias libias en el Caribe. Las Farc contaban con obtener auxilios del “camarada coronel Gadafi, Gran Líder de la Mathada (sic) Universal” por intermedio de Ortega. Sólo dificultades logísticas evitaron que pudiera cooperar en el suministro de misiles tierra-aire para neutralizar a la Fuerza Aérea Colombiana. Como quien dice, poco faltó para que no se pudiera dar de baja a ‘Reyes’ y al ‘Mono Jojoy’. A lo mejor el Gran Líder cultivaba relaciones hasta con las Auc, que algo aprendieron de sus métodos. En todo caso, cargando con ese par de vecinos, que siguen apoyando al Coronel mientras el resto del mundo lo condena, Colombia tuvo que acumular muchos méritos para quedar bien calificada. Los chinos les desean a los amigos que vivan en épocas interesantes. En esas anda el país y, contra el presagio de hace apenas una década, con buenas notas. Su democracia legitima el poder, al tiempo que esquiva con fortuna diversa abusos, interferencias e intentos de secuestrar el Estado. Don Sancho Jimeno mal podía imaginar tiempos mejores después del espantoso saqueo francés de Cartagena en 1697, que sobrevino a pesar de su animosa defensa de Bocachica. Sin embargo, la ciudad se recuperó poco a poco aun en medio de la larga Guerra de la Sucesión Española y de catástrofes como el hundimiento del galeón San José en 1708. A ello contribuyó el que Inglaterra, dueña del mar, extirpara la piratería al llegar fríamente a la conclusión de que el comercio le era más rentable que la rapiña. Liberado de tan siniestra amenaza, Don Sancho invirtió en sus haciendas y vio multiplicarse sus hatos. Habrá quienes no se regocijen con el grado de inversión ganado por Colombia. Dirán que atraerá capitales golondrina y que agudizará la ya endémica enfermedad holandesa. Puede ser, pero la inversión es generalmente partera del crecimiento y atajo para disminuir la desigualdad. Don Sancho hubiese hecho suya la filosofía pambeliana: mejor ser rico que pobre, por más que la riqueza traiga sus afanes. rsegovia@axesat.com HELGON

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