La pobreza, en la mira | Finanzas | Economía | Portafolio
1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada

Finanzas

La pobreza, en la mira

Quienes siguen de cerca las intervenciones que Juan Manuel Santos viene haciendo desde hace unas semanas, han encontrado un elemento común que a algunos les ha llamado la atención. Y es que en contraste con la retórica de su predecesor, para quien el tema de la seguridad siempre estaba presente, el actual inquilino de la Casa de Nariño ha estado hablando de manera cada vez más enfática y seguida sobre los asuntos sociales. Así ocurrió a mediados de febrero, cuando el mandatario sostuvo que en el presente cuatrienio 2,8 millones de colombianos dejarán las filas de la miseria y así volvió a suceder pocos días después, cuando el Ejecutivo se comprometió a triplicar el presupuesto que se destina para la atención integral de la primera infancia.

POR:
marzo 02 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-02

Tales pronunciamientos están relacionados con la presentación en sociedad del Plan Nacional de Prosperidad Social, programada para el próximo 14 de marzo en Quibdó. En esa ocasión, se conocerán un conjunto de estrategias enfocadas a cerrar las brechas y disminuir las desigualdades que hacen de la sociedad colombiana una de las más inequitativas en América Latina que es, a su vez, la región con peores índices de distribución del ingreso en el mundo. La urgencia de concentrarse en esta área es indiscutible. No se puede olvidar que según las propias mediciones estatales, la población pobre llegó a ser el 45,5 por ciento del total en el 2009, mientras que la clasificada en pobreza extrema ascendió al 16,4 por ciento, índices muy superiores al promedio latinoamericano. Si bien, cuando se adoptan otros parámetros el panorama es un poco menos desolador, ese es apenas un consuelo pequeño ante las inmensas disparidades que se encuentran en regiones, ciudades y pueblos. Como si lo anterior no fuera suficiente, llama la atención que la disminución en los niveles de pobreza ha sido inferior a la que se ha visto en otros países, a pesar de que el crecimiento económico ha sido relativamente aceptable. Eso es todavía más preocupante si se tiene en cuenta que el peso de los programas sociales dentro del presupuesto nacional no ha hecho más que aumentar desde comienzos del siglo. Para los conocedores, lo anterior quiere decir que las estrategias ensayadas no han tenido la efectividad esperada y que es necesario mejorar los mecanismos existentes, aparte de incrementar los recursos con destino a los más necesitados. Un elemento que complica las cosas es la inmensa distancia que hay entre las regiones del país. De tal manera, una es la realidad que existe en la zona centro y otra la que se ve en el Pacífico, el Caribe, la Amazonia o la Orinoquia, en donde la indigencia puede llegar a ser seis veces más grande que en la primera. Al mismo tiempo, las diferencias entre el campo y la ciudad son enormes, como lo demuestra el hecho de que las tasas de pobreza en las zonas rurales casi duplica la de las urbanas. Esa situación hace más difícil consolidar los logros que se obtienen en un comienzo, pues la capacidad de gestión del Estado es mucho menor entre más lejos se encuentren las capitales, además de estar sujeta a manejos políticos o presiones de los corruptos, poco interesados en la búsqueda del bienestar común. Parte de la solución que se ha ensayado es la estrategia de transferencias condicionadas. En esta, y a cambio de dinero, una familia se compromete a cumplir con algunos compromisos, como puede ser el de enviar a sus hijos a la escuela, adelantar programas de reforestación o llevar a controles médicos a los adultos mayores. Dichos esquemas han tenido gran aceptación en América Latina y han dado muy buenos resultados en países como Brasil o México. Sin embargo, el sistema no es perfecto, ya que a veces crea dependencia y en ocasiones la ayuda se le asigna a quien no lo merece. Más difícil todavía es ‘graduar’ a los hogares que se han acostumbrado al giro de recursos públicos y que, en un momento determinado, deben bandearse solos, bajo el supuesto de que hay oportunidades laborales disponibles. Todo lo anterior forma parte de la lista de pendientes de la Red Juntos que integra a 16 entidades públicas y será el principal ariete en la lucha contra la pobreza. De ese esfuerzo dependerá que Colombia llegue a ser un mejor país en un futuro cercano. "Cada día que pasa es más claro el objetivo gubernamental de concentrar buena parte de sus esfuerzos en reducir el tamaño de las brechas sociales mediante el uso de programas más eficientes".ADRVEG

Compartir