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Finanzas

Productividad y salario mínimo

Dicen los libros de teoría económica que en los mercados laborales competitivos los salarios se aproximan a la productividad marginal del trabajo. Si son inferiores a ésta, otro agente podría contratar a un trabajador a un sueldo mayor y obtener, de igual manera, una ganancia. Si exceden la productividad, los empresarios incurrirán en pérdidas y, tarde o temprano, despedirán a los trabajadores.

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febrero 25 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-25

En consecuencia, según la teoría, las variaciones en los salarios deben seguir los cambios en la producción, lo que implica que –salvo por alteraciones en la tasa de cambio y en la inflación– el costo unitario de la mano de obra debe permanecer relativamente constante a lo largo del tiempo. Sin embargo, no siempre el mercado laboral es suficientemente competitivo como para que las remuneraciones se mantengan cercanos al nivel de producción. Es fácil observar que la remuneración crece más rápidamente que ésta, porque su nivel podría ser bajo. Y algo más: vale la pena indicar que también hay otros factores que inciden en las variaciones de los sueldos de tal forma que pueden no equipararse a las fluctuaciones de la productividad y, por tanto, no encajar debidamente en el planteamiento teórico expuesto. Dicho de otra manera, los agentes económicos pueden influir en los costos laborales sin tener en cuenta la productividad; por ejemplo, fijando salarios mínimos, impuestos u otro tipo de cargas que incrementan el costo de la mano de obra. A partir de este planteamiento, cabe entonces advertir que la discusión del tema del salario mínimo no se puede adelantar en forma aislada y sin considerar los demás factores de costo del trabajo. Es condición necesaria e ineludible, tener muy bien establecido que varios factores pueden alterarlos y reducir la competitividad en función de los costos si no se mantienen vinculados a la productividad. El sano deseo de proteger a los trabajadores frente a los ingresos bajos o inseguros o las deficientes condiciones laborales, puede verse frustrado por el sólo hecho de hacer a un lado la cuestión de la producción, pues es muy probable que se caiga en excesos o subestimaciones a la hora de establecer el monto adecuado de remuneración compatible con la productividad. Aunque ya se anotó, hay que insistir sobre este punto: como otras políticas que repercuten en el mercado laboral, el salario mínimo se establece para favorecer el bienestar de los trabajadores más pobres. Sin embargo, su elevación por encima de los grados de productividad puede volverse una pérdida de empleo y una importante disminución de la participación en los mercados de exportación, fenómenos que en nada contribuyen al bienestar de los trabajadores. Sé que no es tarea fácil que los asalariados acepten este tipo de planteamientos, porque la precariedad de los ingresos en relación con el costo de vida tiende a atribuirle mayor importancia a las falencias que a la racionalidad económica. Además, siempre sale a relucir el peligroso argumento del fortalecimiento de la prosperidad por la vía de una mayor capacidad de compra de los menos favorecidos. Para terminar, puede decirse que, a pesar de que los salarios mínimos pueden parecer una forma saludable de aumentar el bienestar de los trabajadores pobres, si se fijan a niveles que no están respaldados por la productividad, pueden resultar más perjudiciales que benéficos para el grupo de empleados que supuestamente están destinados a beneficiar. Esta no es una necedad; es una necesidad. '' Como otras políticas que repercuten en el mercado laboral, el salario mínimo se establece para favorecer el bienestar de los trabajadores más pobres.”WILABR

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