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Finanzas

La rebaja de intereses al crédito del Icetex

Casi todos los nuevos empleos formales creados en las ciudades entre el 2009 y el 2010 requirieron algún grado de formación superior; sin ella, el destino laboral es el desempleo o la informalidad.

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marzo 10 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-10

Expandir la educación terciaria a punta de subsidios de oferta a las universidades oficiales no es viable. El crédito del Icetex –que tiende el puente entre los bajos ingresos de hoy y los altos de mañana, y garantiza la devolución de recursos– tiene grandes beneficios, pero también tiene costos: * Captación de recursos: el Icetex puede conseguir del Banco Mundial créditos en dólares a 22,5 años al Libor + 0,05 por ciento. Pero, para evitar el riesgo cambiario, ha debido aceptar Swaps (para convertir la deuda a pesos) a tasas del 4,5 por ciento real (7,5 por ciento nominal). * Cubrimiento a largo plazo de la siniestralidad y de los costos administrativos: hay que reservar unos 7 puntos reales de la tasa de interés. Así, la tasa de interés real efectiva de costo para las colocaciones a largo plazo puede ser del 11,5 por ciento. La del Icetex no se alejaba mucho. El año pasado, y para el caso del crédito Acces (68 por ciento de la cartera educativa), era del 11,0 por ciento (estratos 1 y 2), entre 11,7 por ciento y 13,9 por ciento (estrato 3) y del 13,9 por ciento (estratos 4-6). Ahora bien, para minimizar el servicio de la deuda al estudiante y promover las carreras cortas, Acces ha contemplado estas estrategias: a) pago por el usuario de parte de la matrícula semestral; se le prestaba el resto. b) Cuotas mensuales durante la carrera, para fomentar la cultura del pago, reducir la siniestralidad y bajar la suma adeudada al salir. c) Un año de gracia al terminar estudios para darle tiempo al graduado de conseguir trabajo. d) Después, el crédito se extendía por el doble de la duración de la carrera. Ello permitía al egresado cuotas mensuales no mayores al 14 por ciento de los ingresos esperados. A los más pobres (estratos 1-2, sisbén 1-2) el instituto subsidiaba el 25 por ciento de la matrícula y prestaba, a tasas más bajas, el 75 por ciento (salvo en carreras universitarias: 50 por ciento). Las condiciones y costos variaban con el tipo y duración de los estudios. * Con todo, para un estudiante sisbén 1-2, y en carreras universitarias (vg. matrícula de 3,0 millones de pesos), el copago semestral (750.000 pesos) y la cuota mensual (67.500 pesos durante el primer semestre) seguían siendo caros. * Se requerían ajustes que, con un costo fiscal menor que el de rebajar los intereses, remediaran esta situación. Subsidiar el 50 por ciento de la matrícula semestral prestando el resto. Y conservando la cultura del pago, conceder, por buen rendimiento, subsidios parciales al servicio mensual de la deuda durante los estudios para bajarlo a niveles de 30.000 pesos. Los más pobres requerían también apoyos para su sostenimiento. Para los más pobres (¡de eso se trataba!), los cambios promovidos por el Gobierno desde fines del año pasado iban en la dirección correcta: se generalizó la cobertura de los subsidios de sostenimiento, hasta ahora limitada, fijándolos en 630.000 pesos semestrales; lo que está bien. Adicionalmente, para quienes culminaran los estudios, se condonará el 25 por ciento de los desembolsos nominales de crédito (había alternativas mejores). Pero, además, para todos, pobres y ricos, el Gobierno tomó dos medidas inexplicables: a) eliminó la ‘cultura del pago’ (el pago mensual durante los estudios) y, b) redujo las tasas anuales reales efectivas de interés por debajo del costo: al 4,0 por ciento nominal (1,0 por ciento real) durante los estudios y en el año de gracia y, para los egresados, al 8,0 por ciento nominal (5 por ciento real) en carreras técnicas y tecnológicas, y al 12,0 por ciento nominal (9,0 por ciento real) en carreras universitarias. Dados los esquemas de pago y condonación, para un programa de 3 años, ello significa una tasa media real efectiva del 2,9 por ciento anual (si hay derecho a condonación) y del 3,1 por ciento (si no lo hay) y para un programa de 5 años, respectivamente del 5,1 por ciento y del 5,5 por ciento. Lo hecho hasta ahora con las tasas de interés (¡y muchos quisieran tasas cero!) parece irreversible; se anunció que aplica también al stock de créditos vigentes; ¿quién podría devolver esa medida? Bien ha hecho el Instituto en demandar (y el Ministro de Hacienda ha hecho bien en aceptarlo) que, para el cuatrienio, no sólo los apoyos de sostenimiento y las condonaciones, sino también el subsidio a los intereses, sean aportados por el Gobierno. Para 2011-2014, dado el plan de expansión del crédito, se ha estimado el impacto del solo subsidio a las tasas de interés en 464.000 millones de pesos y, para 2015-2020, en casi 2,1 billones (serán los gobiernos futuros quienes más pagarán). El instituto debería realizar un estudio financiero que le permita pasarle al Gobierno la cuenta del valor presente esperado de ese subsidio de difícil estimación para las cohortes ya vinculadas y para las que se vinculen hasta el 2014 (que terminarán de pagar entre el 2027 y el 2031). Pero aún así, la estrategia gubernamental significará que el sistema de crédito no será auto sostenible. Con tasas anuales de interés real efectivas al estudiante situadas entre el 2,9 por ciento y el 5,5 por ciento y con tasas de costo de largo plazo del 11,5 por ciento, el Instituto sólo podrá fondearse en el exterior o emitir títulos educativos en el país, si el Gobierno se compromete a subsidiar la diferencia. Sin embargo, más importante es esto: cuando de manera innecesaria se elevan los costos fiscales del crédito, los recursos disponibles alcanzarán para menos. El Gobierno debió haber dejado que el Icetex se dedicara a lo suyo (fondeo; rediseño de sus líneas y colocación autosostenible del crédito estudiantil) y, por su parte, debió centrarse en la financiación de los subsidios a la matrícula, a las condonaciones y al sostenimiento de los pobres. Con los subsidios a las tasas de interés que –para una carrera universitaria de 4 millones de matrícula semestral– se concederán a un estudiante estrato 3 (el 60 por ciento del valor actuarial del crédito), se hubieran podido cubrir 1,9 subsidios de sostenimiento, y con los que se concederán a un estudiante estrato 4-6, se hubieran podido cubrir 2,5. Dixi et salvavi animam meam. * Sus opiniones, personales, no comprometen la institución . HELGON

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