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Finanzas

Regionalización, clave para la prosperidad

El Plan Nacional de Desarrollo, convertido en una especie de mesita de noche, por cuenta de la equivocada interpretación de los congresistas y de algunos funcionarios que encuentran en la obligación constitucional de traducir en norma de orden legal –ley de la República–, no es la guía coherente para el desarrollo, sino la ocasión propicia para sacar adelante las ocurrencias que se les pasan por la cabeza con el fin de satisfacer los caprichos de los electores o los disímiles intereses que animan su gestión, lo han colocado en posición subalterna. En cambio, de ser el instrumento que orienta la nave hacia buen puerto, se ha vuelto un rey de burlas.

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marzo 31 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-31

Convertir en un vademécum de más de 235 artículos la norma, es un mal presagio para lo que ocurra con su aplicación. Por las circunstancias anotadas, cualquier análisis que se intente hacer estará marcado por la desconfianza en relación con su contenido. No obstante, en el actual siempre hay algo para rescatar; se trata de la decisión del Gobierno de disminuir las brechas sociales y económicas que persisten entre regiones en el país. O dicho de otra manera, procurar la equidad regional como objetivo clave de la política nacional. Para tal efecto, reafirmando su compromiso, se propone mediante una asignación de recursos equitativa y equilibrada entre los diferentes departamentos del país, acelerar la mejoría en las condiciones de la población más vulnerable y fortalecer los aspectos básicos del crecimiento en razón de sus potencialidades. Por esto -como lo reconoce el propio Plan- la distribución de los recursos del Plan Plurianual de Inversiones resulta fundamental: alcanzar las metas de convergencia de las condiciones sociales entre los diferentes departamentos requiere necesariamente de una responsable asignación de los recursos del Gobierno. Sin lugar a dudas, esta decisión es la mejor que se puede tomar en los tiempos que corren, pues apunta al centro de las dificultades. Es un hecho que el camino hacia la prosperidad para todos pasa, necesariamente, por la reducción de las desigualdades regionales, de las brechas de oportunidades entre las regiones de Colombia; es decir, por una convergencia regional. Pero también es un hecho que resulta imposible continuar transitando la ruta que llevamos hasta ahora: la equidad, la convivencia ciudadana, la estabilidad y el desarrollo no se pueden montar sobre bases tan precarias y desniveladas como las diferencias abismales de ingresos existentes entre diferentes zonas. Por ejemplo, Chocó y Vichada, cuyos índices de necesidades básicas insatisfechas son los más altos del país, deben convivir con el Distrito Capital de Bogotá, poseedor de mejores condiciones para sus habitantes. Desde esta perspectiva, el problema no estriba solamente en la asignación de los recursos. El asunto toca un aspecto crucial de la normatividad que nos gobierna ¿podemos seguir la línea de sacarle el cuerpo al diseño de políticas diferenciales que tomen en cuenta las particulares características de las regiones? Definitivamente creo que no. Si no se respetan esas características, nunca llegaremos a tener un desarrollo armónico. En la agricultura, es el caso, se necesitan con urgencia medidas que supediten las necesidades del producto específico a las necesidades del desarrollo de la región. Las políticas tienen que atender a los productores del sector rural y no a los productos en sí mismos. Una de las causas del empobrecimiento rural ha sido el choque entre las estructuras de producción vigentes y las nuevas condiciones de apertura y competencia externa. rosgo12@hotmail.com HELGON

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