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Finanzas

El salario emocional no engorda la billetera, pero reduce el estrés

No llega con cada quincena, no es contante y sonante y a veces no es fácil de demostrar, pero existe. Es el salario emocional, un recurso de retención y atracción del talento humano, del que hace poco se habla en Estados Unidos y Europa y que apenas comienza a sonar en América Latina.

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marzo 26 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-26

Este tiene que ver más con la calidad de vida y la conciliación de la vida familiar y personal con la laboral, que con el metálico y la cuenta bancaria. No se trata necesariamente de aumentar los ingresos, pero sí de que mejoren factores como más tiempo, mayor tranquilidad, menor estrés y más reconocimiento por parte de la empresa. La introducción del salario emocional en el mundo laboral obviamente tiene que ver con esa relación que establece la compañía con el empleado: este aporta sus conocimientos, experiencia y dedicación, por lo que la empresa le paga un salario y le da unos beneficios. Es un intercambio de habilidades y capacidades. Pero el mundo de los negocios es cada vez más competitivo y retener el talento humano se ha convertido en toda una ciencia de la seducción: hay que hacer que la empresa sea atractiva para que allí lleguen los mejores, y al llegar, que se queden por largo rato para que den lo mejor de ellos. El tema de productividad es esencial. Las empresas invierten en sus empleados para que estos rindan lo que más puedan. Pero para que ello sea así, ellos deben poderse concentrar lo más posible en su trabajo. Sin embargo, junto a la agenda de reuniones, revisión de presupuesto, desarrollo de nuevos productos, conquista de nuevos mercados, la producción del día, los trabajadores también tienen pendiente pagar los recibos, resolver el problema de los medicamentos del abuelo, solucionar las tareas de los hijos, comprar los pasajes de las próximas vacaciones… Tener estos pendientes en la cabeza hace que posiblemente el empleado esté en la oficina, pero no necesariamente concentrado en el trabajo y quizás llegue a la casa y en vez de estar atendiendo a sus hijos esté resolviendo problemas de la oficina. Así, hoy día las empresas son conscientes de que para tener de cuerpo y mente presente a sus colaboradores es necesario conciliar la vida personal y laboral. Ahí es donde entra a funcionar el salario emocional. Según Catalina Guevara, líder de segmento salud y beneficios de la consultora Mercer, el salario emocional “es un componente dentro de la compensación total, que hace que los empleados tengan sentido de pertenencia a la compañía para la cual trabajan”. Ese componente puede ser muy diverso, pero esencialmente representa un conjunto de facilidades, comodidades o ventajas que le mejoren su calidad de vida, “en estos tiempos en los que el ritmo de vida es muy acelerado y se cuenta con tiempo reducido para la vida personal”. CAMBIO DE VIDA Para Alberto García-Francos, de la empresa española Albenture, especialista en el tema de conciliar la vida personal y laboral, el mundo empresarial está llegando al salario emocional por los cambios culturales que se han vivido en las últimas décadas. “Hay factores sociales que tienen que ver con la incursión de la mujer en la vida laboral y la necesidad de reorganizar las tareas del hogar. También el cambio de la pirámide demográfica, donde cada vez hay más personas adultas al cuidado de sus familiares, y eso demanda tiempo”, comenta García-Francos. También incide el tamaño de las ciudades, donde los desplazamientos quitan tiempo tanto por las distancias como por el tráfico. Así mismo, el mundo empresarial se ha hecho más competitivo y exigente, tanto para los negocios como para la supervivencia laboral de los empleados. En este escenario, es frecuente que haya mayor demanda tanto de tiempo como de volumen de trabajo para los empleados, lo que implica descuidar la vida personal y familiar. “La tendencia es a darle un nuevo enfoque a un problema viejo. La idea es implementar políticas de servicios, donde el empleado cuente con facilidades para resolver sus problemas personales (vueltas bancarias, jurídicas, domésticas), pero no dándoles el tiempo para que las hagan sino haciéndoles el trámite”, comenta García-Francos, cuya empresa se dedica a diseñar paquetes de servicios según las necesidades de las empresas. Catalina Guevara, de Mercer, explica que el salario emocional también puede ser ofrecer flexibilidad de tiempo para trabajadores basados en la confianza y capacidad de autogerenciamiento (jornadas flexibles de trabajo, teletrabajo, algunos días libres al año), así como comodidades en el lugar de trabajo (salas de esparcimiento, cafetería), programas de bienestar (recreación, viajes, para ellos y sus familias) y otros servicios (mensajería). - Acciones que no requieren de altas inversiones Los componentes del salario emocional cobran caca vez más importancia por varias razones, según Catalina Guevara, de la consultora Mercer. “Cada vez es más limitada la maniobra de retención y atracción del talento humano por la vía del aumento salarial, por estar atado a la inflación. Así mismo, por los controles de costos y los presupuestos restringidos”. En este marco, las adecuaciones que introducen los componentes de un salario emocional resultan una oportunidad sin tener que hacer grandes inversiones. “Son acciones que, sin grandes inversiones, ayudan a consolidar una cultura organizacional que propenda por la calidad de vida y del trabajo”, dice Guevara. Todas estas medidas que se implementen pueden medirse en cuanto a la productividad. Un persona que tenga resuelto su día a día, baja los niveles de estrés, lo que implica menos problemas de salud, menor ausentismo e incapacidades. Además, según García Palacios, de Albenture, en el tipo de servicios que ellos ofrecen, han podido establecer que por cada peso que invierte la empresa en una política de servicios para sus empleados, el retorno es entre 3 y 5 pesos. “Los servicios familiares llegan a ser sólo un 0,1 por ciento de la masa salarial”. HELGON

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