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Finanzas

¿Sigue el dólar siendo el rey?

Con el título ‘El reinado del dólar llega a su fin…’, The Wall Street Journal –reproducido por El Tiempo– publicó un artículo de Barry Eichengreen, profesor de la Universidad de Berkeley, en el cual el autor sostiene que en los próximos años la tradicional moneda de reserva tendrá que compartir su papel con el euro y el yuan. Su reinado está llegando a su fin.

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marzo 17 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-17

Para entender el futuro, es importante saber por qué llegó a ser tan dominante. Las razones que esgrime son tres: primera, su atractivo refleja la excepcional profundidad de los mercados de valores denominados en dólares. Segunda, el dólar es el refugio seguro del mundo. Por último, esta moneda se beneficia de la escasez de alternativas. En respaldo de sus argumentos, señala que los tres pilares que apuntalan el dólar se están deteriorando. Los cambios tecnológicos están socavando el monopolio. La divisa está a punto de tener rivales en el ámbito internacional por primera vez en 50 años y existe el riesgo de que el dólar pierda su estatus como refugio seguro. Los inversionistas privados y públicos mantienen dólares no sólo porque son líquidos, sino porque son seguros. Aunque las apariencias apuntan en la dirección de darle la razón al autor, mucho me temo que aún no ha llegado el momento de expedirle el certificado de defunción a la controvertida unidad monetaria. Y digo esto, no porque sea partidario furibundo de la forma como funciona el sistema monetario internacional, diseñado para perpetuar las injusticias y las asimetrías prevalecientes, sino porque las alternativas no son viables. Hace 40 años, cuando las expectativas del mundo se hallaban polarizadas en los acontecimientos económicos y financieros ocurridos en los Estados Unidos y con razón se decía que la crisis por la cual se atravesaba era en realidad apenas una culminación dramática de una serie de intensas perturbaciones monetarias experimentadas por la comunidad occidental durante los últimos años, se planteaba la obligación a los países miembros del FMI de examinar en qué medida el sistema vigente adolecía de fallas y en qué dirección podían subsanarse en el contexto de una reforma a este. Desde entonces, se tenía bien claro que el mundo era estrechamente interdependiente y por eso era preciso conciliar los intereses de los países industrializados con las necesidades que tienen los pueblos menos desarrollados para intensificar su actividad económica, elevar sus ingresos y proporcionar oportunidades de empleo adecuados al marcado ritmo de crecimiento de su población. Pero algo más; sin esguinces de ninguna naturaleza se aludía al interrogante de que si los países occidentales seguirían dispuestos, y en qué medida, a mantener en vigencia un sistema de reservas internacionales alimentado fundamentalmente a través del déficit sistemático en los pagos de los Estados Unidos. Una canasta de monedas dentro de la reforma del sistema y otros aditivos se mencionaron en aquella época. El tiempo ha transcurido y nada ha pasado. La profundidad de los mercados de valores denominados en dólares se mantiene, la aparente condición de que es el refugio seguro del mundo está ahí y la escasez de alternativas de igual modo. Para el efecto, basta simplemente ver lo que pasa con el euro para llegar a esa conclusión. * * * * * Cuando la semana pasada escribía: “En efecto el mundo está alcanzando límites globales en el uso de los recursos y estamos sintiendo los golpes cada día en forma de inundaciones, sequías y tormentas catastróficas”, no pasó por mi mente la terrible catástrofe que la furia de la naturaleza le causó a Japón. rosgo12@hotmail.com HELGON

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