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Finanzas

Sindicalistas: tenderles la mano

Usted es una sindicalista joven aún, pero ya curtida por la violencia que han padecido los suyos.

POR:
marzo 18 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-18

Imagine que su padre, cuando joven, hubiera sido despedido de una planta agroindustrial de Antioquia, Tolima o Valle por intentar organizar un sindicato o una huelga y, posteriormente radicado con su familia en Córdoba, Bolívar o Santander, fuera hostigado durante años por grupos aliados al narcotráfico y a la ‘parapolítica’ por sus denuncias de corrupción y duras posiciones públicas. Figúrese que ello haya terminado mal, muy mal, y su padre resultara asesinado por sicarios, siendo usted adolescente, ante los ojos horrorizados de su hermanita menor, a quien él llevaba de la mano en el momento del crimen. Suponga que hayan seguido amenazas a usted, sus hermanos y su madre, hasta cuando ella tomara la decisión de desplazarse a otro sitio, por segunda vez en su vida. Haga de cuenta que, ya establecida la familia en un nuevo entorno, su hermano ingresara a una corriente sindical considerada radical y desapareciera al poco tiempo tras ser secuestrado por hombres en uniforme. Queda usted a cargo de su hermana menor y de su madre, cada vez más disminuida en su cuerpo y alma por estas circunstancias de vida y muerte. Estas tampoco son un caso particular atípico, sino que se repiten una y otra vez entre las familias de varios de sus compañeros de lucha sindical. Por cuanto usted sepa y salvo por la condena eventual de algún autor material, estos casos permanecen en lo esencial impunes. Se desconocen los autores intelectuales y sus cómplices putativos en la política, la sociedad civil y el Estado, Fuerza Pública incluida, pese a los señalamientos de vecinos y allegados. Peor aún, se han vuelto local y regionalmente notorias las andanzas de nuevos grupos violentos, fundamentalmente motivados por el lucro, pero que, para tutelarlo, tampoco desdeñan formas de ‘control social’ susceptibles de amoldar el poder y la política conforme a sus intereses, sin interferencia de la ciudadanía y la justicia. ¿Qué visión tendría usted de la democracia colombiana y sus instituciones, cuál sería su actuar político, cómo participaría en el debate sobre violencia antisindical? ¿Qué testimonio aportaría si se le pide, tanto en Colombia como, si su sindicato le brinda la oportunidad de viajar, en distintos foros del exterior? ¿Qué pensaría usted, finalmente, de estadísticas agregadas y análisis académicos que, lejos de coincidir con su experiencia vivida, tienden a mostrar que menos peligro trae la actividad sindical que la del ‘ciudadano promedio’, como lo hemos señalado algunos economistas y columnistas? ¿Le parecerían creíbles o aberrantes, chocantes, absurdas? Este es el círculo infernal en el cual aún se mueve buena parte de nuestra dirigencia sindical, marcada en carne propia por la violencia, de tiempo atrás hostilizada por estructuras de poder con las cuales se enfenta y que todavía vive su historia porque teme que esta se repita. Para las víctimas, el único paradigma posible es el suyo propio. Tendámosles la mano para que puedan escapar de ese infierno, tanto en el espacio que la Constitución y las leyes le abren a la militancia sindical como en su memoria, su corazón y su mente. tomasuribemosquera@gmail.com HELGON

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