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Finanzas

Venezuela, el motor de locomotora minera

La coyuntura venezolana no deja de llamar la atención. No sólo desde el punto de vista político sino en buena medida para los analistas económicos.

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marzo 30 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-30

Sin lugar a dudas se trata de uno de los países con mayor potencial de desarrollo del planeta. Innegablemente es una nación rica. O más bien, debería ser un país rico. Cifras conservadoras ubican un 8 por ciento de la reserva total mundial de petróleo bajo suelo venezolano. Históricamente nuestros vecinos llamaron la atención en la región, una nación de gente feliz, caribeña, multicultural (uno de los países de la región con mayor inmigración en el siglo pasado), joven, con tasas de educación hace 20 años por encima del promedio de Latinoamérica, resultaba una oportunidad para los colombianos. De hecho, hasta los años 90 muchos eran los compatriotas que atravesaban la frontera en búsqueda de oportunidades. Para esa época llegamos a tener más de un millón de nacionales viviendo en la tierra del Libertador. Las cosas sin duda han cambiado para Venezuela, buena parte de sus profesionales con experiencia han salido del país y de los que quedan muchos tienen la intención de salir. Cuántos venezolanos vemos ahora en Bogotá, no sólo viviendo, sino administrando sus propios negocios o vinculados a compañías locales y multinacionales. Dicen los comerciantes especializados en finca raíz que, en buena parte, es gracias a ellos que ha repuntado ostensiblemente el sector inmobiliario de nuestra ciudad. ¿Por qué este fenómeno?; nuestros vecinos vienen atravesando momentos difíciles. Datos del mismo Banco Central de Venezuela, y bajo el beneficio de inventario, que en concepto de algunos economistas se debe aplicar a una institución cuya naturaleza de banca central independiente resulta relativa, en los últimos 12 años la economía ha crecido tan sólo un 4,9 por ciento. Incluso ahora, en la poscrisis mundial, analistas discuten si el país está en recesión. Para ubicarnos frente a este dato frente a la situación de la región, durante los mismos 12 años Colombia creció el 13,7 por ciento, Perú el 46,5 y México 11,5 por ciento. Los venezolanos siguen manifestando en las urnas su preferencia por el gobierno de un país que, con todas las condiciones para pasar al primer mundo, mantiene indicadores macroeconómicos francamente preocupantes. Analistas venezolanos estiman la inflación acumulada con Chávez en un 538 por ciento en 10 años. Tal vez hoy, junto a Nicaragua, son los únicos que en Latinoamérica mantienen tasas de inflación de dos dígitos. ¿Hasta cuándo irá este fenómeno? Tuve la oportunidad de asistir a una conferencia de un alto funcionario de nuestro actual Gobierno (en ese entonces no lo era), quien, explicando lo que esta situación ha significado para Colombia, decía que si nosotros fuéramos realmente agradecidos, a la próxima visita del mandatario bolivariano saldríamos a la calle 26 agolpados con pancartas enormes que dijeran en rojo “I (corazón) Chávez”. Sólo bajo Chávez en una coyuntura mundial como esta, con un barril de petróleo que promedia los 80 dólares en la última década, se permite que Venezuela no sea el sifón que consume la mayor parte de la inversión extranjera de la región. Estas circunstancias sin duda alguna han tenido que ver con el hecho de que Colombia, tal vez al igual que Perú, en los últimos años (los de la Revolución Bolivariana) haya visto impulsado el crecimiento de su tasa de inversión extranjera directa. Si bien esto se debe en gran parte a la confianza que en nuestros países se inspira a la inversión, al compromiso del Gobierno de mantener la vigencia del Estado de Derecho como sistema de reglas claras de juego y de confianza en el funcionamiento de las instituciones; no se puede dejar de contar en los factores el efecto de la situación venezolana, el proceso que desde finales de los 90 ha llevado a marginar hasta cierto punto a Venezuela de la competencia. A costa de la tranquilidad, la seguridad, la riqueza, la libertad de expresión y de principios elementales para un estado, aún social, como la separación de poderes, colombianos y peruanos nos hemos beneficiado en cierta medida de los dólares que despavoridos salen de nuestro país vecino. Ahora bien, sincerémonos. Una de nuestras más mentadas locomotoras se moverá a partir de los recursos del subsuelo: minería e hidrocarburos. Hoy estamos en los gozosos. Empresas de todo el mundo están invirtiendo en Colombia, Ecopetrol pasa por un singular momento, ya estamos hablando de llevar la producción interna en 2015 cifras cercanas al millón y medio de barriles por día, lo que para nuestro país es un gran logro. La inversión en exploración sigue creciendo y hoy estamos en proceso de acomodar a esta realidad la infraestructura de transporte, que debe funcionar eficientemente y garantizando libre competencia. Todo esto está muy bien y muy promisorio. Veamos qué viene pasando en Venezuela: la petrolera estatal en el año 2002, con un equipo de aproximadamente 45.000 trabajadores, entre ellos varios de los ingenieros mejor formados del mundo, producía aproximadamente 3’200.000 barriles de petróleo por día, hoy, con un pequeño aumento en la burocracia, que llevó la planta de los referidos 45.000 a 105.000 empleados, Pdvsa alcanza apenas niveles de 2’200.000 barriles, y bajando… ¿Qué pasará cuando las circunstancias políticas cambien en Venezuela y ese país se ponga en vitrina para buscar inversión foránea?. En ese momento, cualquiera que llegue al poder sin duda encontrará una sociedad polarizada, relaciones diplomáticas relativamente difíciles de llevar, variables macroeconómicas bastante retadoras, un índice de desempleo preocupante. Una generación de ciudadanos por motivar, pero el petróleo bajo el suelo y esperando salir. Nuestra locomotora minera y de hidrocarburos tendrá que estar preparada para competir en ese momento con un país petrolero de primer nivel pasando la frontera, ya no tendremos quien se encargue de bloquear el imán de inversión que es, por naturaleza, Venezuela. No es difícil aventurar que en ese momento contaremos con un competidor de peso pesado que, sin duda alguna, tentará una sensible proporción de los campamentos que por ahora tienen bien instaladas las grandes petroleras en Colombia. Para ese momento, nuestra locomotora ya tendrá que haber alcanzado velocidad de crucero. Tengamos presente que para 2010 alrededor del 80 por ciento de la inversión extranjera directa en nuestro país correspondió al sector de minas e hidrocarburos. Por todo esto, de no ser porque se lleva por delante a un pueblo realmente hermano por razones históricas, culturales y de sangre y porque es triste saber que apenas pasando el Puente Simón Bolívar no rige en realidad el estado constitucional, la democracia, coincidiría en un 100 por ciento con que en realidad Chávez es (por ahora), nuestro mejor amigo. HELGON

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