WILMER CABRERA fútbol más allá de su patria | Finanzas | Economía | Portafolio
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Finanzas

WILMER CABRERA fútbol más allá de su patria

No todas las profesiones dan para trabajar en ellas toda la vida. Una de ellas es la de futbolista, donde los años son contados, así se tenga éxito.

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marzo 26 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-03-26

En este campo, generalmente son muchos los factores que determinan el futuro de una persona, más allá de sus propios deseos. Haber sido titular del mejor equipo o de la Selección nacional de Colombia no le aseguraba por si solo el porvenir. Por esto, la mayoría de jugadores pasa muy pronto al anonimato y a llevar una vida como ciudadanos comunes y corrientes. Posiblemente esa claridad no la tiene un joven cuando debuta en la selección juvenil o en un club profesional de fútbol, a los 17 años, como fue el caso de Wilmer Cabrera, un cartagenero que aterrizó en Bogotá muy pequeño de la mano de sus padres, que le infundieron valores que más adelante le ayudarían en su meritoria carrera y que hoy lo ubican en la elite de la dirección técnica de este deporte en Estados Unidos. Los frutos que hoy recoge son el resultado del trabajo serio, que durante dos décadas de fútbol en Colombia le permitieron transcurrir por equipos como Independiente Santa Fe, que le abrió la primera oportunidad; el América de Cali, que lo vio consolidarse, y la Selección Colombia, que le permitió ir a tres mundiales: Italia, Estados Unidos y Francia. Fue precisamente uno de los deportistas que vivió el boom de los años noventa del futbol colombiano, cuando trascendió fronteras y empezó a exportar lo mejor de sus talentos. “Colombia adquirió un estatus de talla mayor, que luego se esfumó en las manos de sus dirigentes”, dice Wilmer en medio del ambiente reposado en su casa de Lakewood Ranch, cerca a Tampa, Florida. CON TODO Wilmer tomó desde muy temprano decisiones que le permitirían sentar bases para un futuro más promisorio. Su día a día se debatía entre estudiar y con disciplina “salir corriendo” para llegar a tiempo a clase de 6 de la tarde, en la Universidad Icesi de Cali, después de las largas jornadas de entrenamiento con el América, hasta lograr graduarse como administrador de empresas. Con título en mano, se jugó otra carta profesional, la de ser piloto comercial de helicópteros. Sabía que ambos cartones le darían el sustento para su familia, en el momento en que le tocara abandonar el fútbol. Después de su paso por el Independiente de Avellaneda, Millonarios y el Herediano de Costa Rica, con 34 años de edad, Wilmer creyó cerrada su vinculación al fútbol, y tomó en Bogotá la decisión de despegar en su otra profesión. Efectivamente levantó vuelo como piloto comercial, en una compañía de helicópteros. Solitario muchas veces, analizaba la situación del país, reflexionando sobre lo que a él le interesaba. Cabrera se preguntaba ¿cómo no tener una infraestructura física, económica y de recursos humanos excelente, para la selección Colombia, después de haber asistido a tres mundiales y después de haber derivado de ello tantos recursos financieros? ¿Cómo no tener escuelas de futbolistas, para formar hombres íntegros, educados, además de buenos futbolistas, muchos de los cuales crecen silvestres? Y en medio de esas preguntas, Wilmer recibió una llamada de Nueva York que de un momento a otro le hazo cambiar sus planes de vuelo. Un amigo le propone desarrollar un proyecto de fútbol en esa ciudad y sin pensarlo dos veces arreglo maletas con su familia y tomó el riesgo de entrar a jugar un partido en un campo desconocido, pero seguro de que sería una importante experiencia. El proyecto no se realizó, pero un veterano de las ligas del fútbol neoyorquinas, el español Alfonso Mondelo, lo vio actuar como jugador y entrenador del equipo Riders Rough de Long Island y le dio consejos, que tomó muy en serio. “Puedes llegar muy lejos, pero tienes que saber muy bien el inglés y disponer de una licencia para ser entrenador oficial”, le dijo Mondelo al colombiano. A sus 36 años volvió a ser estudiante, esta vez, en uno de los centros universitarios de la “capital del mundo”. Con buenas bases en el idioma viajó a Los Ángeles y obtuvo la licencia de entrenador clase ‘B’, la segunda de mayor categoría. Allí, le sirvió mucho la guía de sus entrenadores en los comienzos de la carrera. Recuerda con especial consideración a Hugo Gallego, Finot Castaño y Edison Umaña. Igualmente, al médico Ochoa, Maturana y al ‘Bolillo’ Gómez. Por toda esa experiencia y bagaje intelectual, fue llamado por el Comisionado de la Liga Mayor del Fútbol de los Estados Unidos, Don Garber, para iniciar su tarea en relaciones con la comunidad, donde se encuentra como jefe inmediato al sudafricano Iván Guzidis, hoy el presidente del Club Arsenal de Inglaterra. “Cuando pienso en Colombia quisiera que ese apoyo que se da a los jóvenes deportistas sucediera en mi país”, dice Wilmer, al lado de su esposa, Ángela, y sus hijos Laura Alejandra, David y Wilmer Jr., que parece tener materia prima para convertirse en otro gran futbolista, como su padre. - Director de la sub-17 de EE.UU En otro de esos significativos sucesos de su vida, en octubre del 2007, Wilmer Cabrera recibe una invitación a almorzar del presidente de la Federación de Fútbol de los Estados Unidos (USSF), el economista y profesor de la Universidad de Columbia, de origen hindú, Sunil Gulati, quien le propuso ser el director técnico de la Selección Sub-17, en EE. UU. Su nueva sede es Bradenton, Florida, casa de una de las mejores academias deportivas a nivel internacional. Allí dirige un grupo de 40 jóvenes, venidos de toda la nación, de diversas razas, concentrados a lo largo del año, matriculados en una de las escuelas de bachillerato de mayor prestigio del Estado, y con las comodidades que muchos deportistas desearían. Entrenar en las mañanas y estudian por las tardes. HELGON

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