Gobierno

“Vargas Lleras, el heredero luchador”

Vargas aprendió las reglas de este mundo, y como los hijos de los patricios romanos, se sometió al cursus honorum.

Germán Vargas Lleras

Gobierno Por: Javier Acosta

Un Alfredo Bryce Echenique colombiano hubiera podido escribir Un mundo para Germán, e ilustrar el libro con la famosa foto que persigue a Vargas Lleras, en la que lo vemos de niño, subido en una mesa en consejo de ministro, con pinta altanera, bajo la mirada benevolente de su presidente abuelo. Es que no es sólo que Vargas Lleras nació para ser presidente, pareciera en realidad que se ha creado un mundo hecho para que lo sea, un mundo de casas políticas, de delfines, de maquinarias y de caciques.

(Lea: Así fue el cierre de campaña de los candidatos presidenciales).

Vargas aprendió las reglas de este mundo, y como los hijos de los patricios romanos, se sometió al cursus honorum. Fue concejal de Bojacá, concejal de Bogotá, Senador, Presidente del Senado, Ministro, y Vice-presidente de la República, el recorrido perfecto que lo llevó a entender a la perfección las arcanas del sistema político y del gobierno. Nadie lo disputa a Vargas en experiencia, ni siquiera Humberto de la Calle que le lleva 15 años y pasó buena parte de su vida al servicio del Estado, pero sin los mandatos electorales.

Pacientemente, Vargas Lleras tejió sus redes. Puso un partido político entero, Cambio Radical, al servicio de sus ambiciones. Armó alianzas, coaliciones, formulas en todo el país, mostrando en este empeño un dominio sin igual, servido por un carácter fuerte y duro. Muchos políticos se resistieron a entrar en sus esquemas, celosos de una autonomía que sentían confusamente amenazada por un líder de su talante, pero al final, casi toda la ex coalición de Unidad Nacional del presidente Santos terminó alineada detrás de él. Desde el gobierno, manejó los recursos de grandes proyectos de infraestructura y programas sociales que le permitieron perfeccionar y aceitar la maquinaria. Cambio Radical y la U están oficialmente apoyando su candidatura, y aunque no es el caso de los liberales y conservadores, muchos lo hacen en la sombra.

Para muchos, y sobre todo para los políticos, el asunto estaba cantado desde hace meses. Con su pedigrí, su trayectoria, y sus redes, Vargas Lleras tenía que ser el próximo presidente. Aun con las encuestas en contra, persistió hasta hace algunas semanas una insólita incredulidad: si bien Vargas no pasaba de 10% de intención de voto, la gente seguía pensando por abrumadora mayoría que iba a ganar.

Pero Germán Vargas Lleras es un hombre agudo, sabe que este mundo creado para que él ganara la presidencia está tambaleando. Sabe que mucha gente está cansada de los políticos tradicionales que asocia a la corrupción, de los clanes familiares, de las redes clientelistas, de los cacicazgos. Muchas de estas estructuras fueron golpeadas en las legislativas de marzo, y las consultas del uribismo y del petrismo halaron el electorado hacia posiciones más doctrinales, más capaces de generar la adhesión y el entusiasmo.

Vargas se dio cuenta que no bastaba con el apoyo de la gran mayoría de la clase política regional del país, que las reglas cambiaban, que incluso, asociarse públicamente con las cabezas de estos clanes cuestionados lo penalizaba. Frente a la fuerza de las ansias de renovación que todos sus adversarios trataban de interpretar a su manera, Vargas aparecía como el hombre del sistema. Lo que parecía fuerza se volvió lastre. Hasta su carácter fuerte que lo había ayudado a imponer su autoridad a políticos y funcionarios le jugaba malas pasadas, como este fatal día de diciembre de 2016 en que en un evento público, pegó a uno de sus guardaespaldas que se encontraba en su camino. La escena quedó grabada y dio la vuelta al país. Vargas Lleras quedaría como “el hombre del coscorrón”.

Para reconciliarse con la opinión, Vargas trató de cazar sobre las tierras del NO a los acuerdos de paz, estrategia que tampoco le resultó porque quedaba demasiado identificado con el gobierno Santos, y porque finalmente, Iván Duque se impuso tarde como el candidato incontestado del uribismo.

Vargas se replegó entonces sobre el papel que mejor desempeña: el del hombre con experiencia que sabe dónde está parado y que logra que las cosas se hagan. Frente a un Ivan Duque inexperimentado y a un Petro que asusta a buena parte del electorado, espera convencer al electorado moderado y hacer mentir las encuestas.

Yann Basset
Profesor titular Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad del Rosario