Gobierno

En La Calle… algo bueno va a pasar

En sus comerciales de televisión se ve hablando de cara al país con un semblante cercano, limpio y sincero.

Humberto de la Calle

Gobierno Por: Javier Acosta

Humberto de La Calle es una muestra clara de esas paradojas de la democracia: un muy buen candidato con una buena campaña que, sin embargo, va a obtener unos resultados abrumadoramente bajos en las elecciones presidenciales.

(Lea: Así fue el cierre de campaña de los candidatos presidenciales). 

De La Calle tiene el mejor eslogan de campaña con un juego de palabras con su apellido “Soy de La Calle” con el cual ha buscado interpretar la colombianidad incluyendo todos sus matices de género, edad y raza. Se ha sentado a tomar una ‘pola’ con los jóvenes y les ha hecho un guiño prometiendo la universidad para todos y la reforma del Icetex. Ha propuesto un ministerio de la mujer y la igualdad laboral. Se ha declarado un cruzado en la defensa de los acuerdos de paz -no se esperaba menos- para evitar que los hagan trizas. De La Calle se maneja bien en la campaña. Es de buen hablar, con claridad meridiana y estructura mental que le permiten ser un buen pugilista en los variados e interminables debates de esta campaña. En sus comerciales de televisión se ve hablando de cara al país con un semblante cercano, limpio y sincero.

Sin embargo, desde un principio gozó del escepticismo de sus más allegados. El tímido apoyo de su partido y de su director ya presagiaban que se iría quedando solo en el camino. El viejo gran partido liberal acusa el desgaste de varias décadas sin el oxígeno que le dio en su momento el Frente Nacional y el artículo 120 de la repartija política, y busca desesperadamente aliarse con el ganador para que le provea una nuevas clientelas. Pero de La Calle nunca ha sido un gamonal político.

En esta campaña, de La Calle ha tenido la misma mala suerte que tuvo en el pasado cuando el humorista Jaime Garzón escogió su nombre para bautizar uno de sus personajes emblemáticos: Heriberto de La Calle, con el cual quería hacer una semblanza de aquel que le lustraba los zapatos a los políticos de turno, que se mimetizaba con el poder del momento y que podía trabajar con diferentes administraciones sin mayor lealtad política.

Pero Humberto de La Calle no ha sido precisamente un personaje áulico. Su cercanía con varios altos gobiernos se ha debido esencialmente a que ha sido un funcionario confiable con la sensibilidad de aquel que sabe llevar a buen puerto una idea o un proyecto como lo hizo en la Constituyente o en el proceso de paz con las Farc. Por eso, varios presidentes lo han llamado para que solucione crisis e impulse proyectos difíciles, a veces imposibles. Lejos del ‘lustrabotas’ político, de La Calle ha sido un funcionario eficaz y decente al punto que tuvo el valor de apartarse de Samper durante el proceso 8.000 y renunciar a la vicepresidencia.

Si en Colombia existiese un sistema electoral de Doble Vuelta Instantánea (Instant-runoff voting) donde los electores en una misma jornada electoral pueden expresar y ordenar sus preferencias por más de un candidato, De La Calle seguramente llegaría a ser presidente porque estaría, sino de primeras en estas preferencias, por lo menos en las primeras opciones de un mayor número de votantes. De La Calle no causa enormes resistencias, no tiene una imagen negativa fuerte, no espanta a los votantes, es un señor correcto. En este sistema, el elector puede sentir que si bien su candidato preferido no ha ganado la elección, su segunda o tercera preferencia lo dejarían satisfecho. Y en esta opción podría estar De La Calle.

Pero nuestro sistema electoral de doble vuelta a secas acentúa los antagonismos y va a llevar a que los electores ejerzan su antivoto, es decir, votar por un candidato para que el otro no salga elegido. Y esto conduce inevitablemente a que, quien salga elegido, inicie su mandato con una oposición férrea sin mucho margen de maniobra ni gobernabilidad. Y va a llevar a que el país escoja a un candidato desconocido, sin pasado, bueno o malo, y sin un futuro claro, bueno o malo. Los electores elegirán al “muchacho que vive al lado” como dicen en Estados Unidos, sin atributos particulares. Por el contrario, el Humberto de La Calle, registrador, varias veces ministro, embajador, negociador, periodista, magistrado y nunca incurso en una causa judicial, pasará a la historia como uno de los candidatos del liberalismo con menor votación en toda su historia. Sí, es cierto, la democracia es a veces angustiosamente injusta.

Juan Carlos Ruiz Vásquez
Profesor titular Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad del Rosario