Gobierno

Sergio Fajardo: el profesor de matemáticas que quiere ser presidente

La educación es su gran proyecto. En esta entrevista habla sobre por qué no pudo unirse con Humberto de la Calle y sobre otros temas de su campaña. 

Sergio Fajardo, candidato por la Coalición Colombia

Gobierno Por: Javier Acosta

Usted llegó a la campaña con un discurso de posconflicto, contra la corrupción y el clientelismo. Al principio fue muy favorecido por las encuestas, pero llegaron las consultas internas de la izquierda y la derecha, y perdió aire. ¿Qué pasó?

Durante las consultas, el protagonismo fue de quienes estaban en ellas, y, después del 11 de marzo, las condiciones fueron diferentes. Ellos habían tomado una ventaja con esa exposición. Pero desde ese momento hemos venido remontando en medio de una polarización muy grande. Por momentos llegó a entenderse que ya estaba todo definido entre Iván Duque y Gustavo Petro, pero nosotros hemos venido abriendo nuestro espacio y creciendo.

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Usted dice que llegará mejor a esta primera vuelta que Antanas Mockus cuando la ola verde del 2010…

Sí. Antanas y yo llegamos a un punto alto como un mes antes de elecciones. Después empezó un declive, que sin embargo no impidió que pasáramos a la segunda vuelta. Pero no teníamos el impulso y no ganamos. Ahora hay una nueva ola que va creciendo, y en la primera vuelta vamos a llegar a ese punto alto que nos permitirá ir a la segunda en junio.

¿Y no le preocupa que lo derroten las maquinarias políticas de los otros?

No. Nos hemos enfrentado a ellas siempre. Desde que salíamos a las calles de Medellín a entregar volantes, nos enfrentamos a maquinarias poderosas, pero nosotros nos conectamos con las ciudadanía de una manera libre y con la emoción particular que da la confianza de creer en la persona. Eso nos ha funcionado.

Precisamente, usted insiste mucho en la necesidad de recuperar la confianza del país. ¿Por qué?

Cuando yo hablo de recuperar la confianza, hablo de una Colombia que está indispuesta. Esa indisposición tiene elementos como la confrontación Santos-Uribe, que ya lleva varios años y tuvo un capítulo intenso con los acuerdos de paz y el plebiscito que ganó el No, y las debilidades de la conducción de los acuerdos de paz.

Y otro factor es la corrupción, que se convirtió en malestar nacional. Todo eso ha dejado la credibilidad de los partidos, de la justicia, etc., muy deteriorada. Colombia no tiene confianza; veo una Colombia atemorizada, molesta y con incertidumbres.

(Duque: 'Quiero ser el Presidente de la generación que transformará Colombia'). 

¿Y qué debe hacerse para recuperar esa confianza?

Creo profundamente en la pedagogía en todos los sentidos de la vida. En el caso de la paz, hay que explicarle a la gente qué significa construirla y enfocar esa construcción en el territorio. Eso ha faltado y ha sido un gran error del Gobierno y de las Farc.

Además, tiene que haber una cabeza que coordine y responda. Y como presidente asumiría la responsabilidad porque estamos hablando de un proceso con implicaciones muy grandes para el país.

¿Y contra la corrupción cuál sería su estrategia?

Es una mezcla de cosas y en diferentes momentos. En este, por ejemplo, hay que decirle a la gente que la corrupción entra al poder por las elecciones. Y que votando se enfrenta al poder de las maquinarias. Siempre digo: los que pagan para llegar llegan para robar.
Y por eso propongo: ni un peso por un voto, y ni un puesto ni un contrato para un congresista. Sin duda también hay un fenómeno cultural, y vamos a avanzar hacia una cultura de la legalidad, que en términos políticos representamos personas como Antanas Mockus y yo, que hemos gobernado de manera diferente.

El caso del exfiscal anticorrupción que acabó de corrupto muestra que detrás de todo eso está el origen político de los cargos en la justicia...

No tengo la menor duda de que el clientelismo ha permeado todas las instancias del Estado. Y el caso de este fiscal me permite decir que fundamentalmente estamos ante un problema ético y no de falta de leyes. Él no se volvió corrupto llegando allá. Hay una trayectoria para llegar a ese lugar, y eso se ha venido develando. Entonces, también hay que insistir en el tema ético.

El negocio de las drogas sigue permeando todos los niveles de la sociedad. ¿Qué haría distinto a otros presidentes para atacarlo?

Hay una alternativa asociada con la justicia y la fuerza pública que es enfrentar a ese mundo criminal y buscar dónde está la plata detrás de todo eso. Todavía nos falta bastante y necesitamos cooperación internacional para hacerlo. Otra cosa que se debe hacer y no se ha hecho bien es la sustitución de cultivos. Tiene que hacerse en una dimensión más grande y mejor articulada. Hay que intervenir territorios y capturar a los Guachos, pero también rescatar a esos jóvenes vulnerables que están por fuera del mundo de la educación y en la puerta de entrada al mundo de la ilegalidad.

¿Y la legalización de las drogas?

Eventualmente, esa es la solución, pero se trata de una decisión global. Todavía hay camino por recorrer, y hay que empezar por hablar del consumo de drogas como tema de salud pública.

¿Su planteamiento de la educación como eje central de gestión significa que vamos a tener profesores bien remunerados?

Significa muchas cosas. Hoy, la educación, la ciencia, la innovación, el emprendimiento no hacen parte de un proyecto de país, y creo que son un gran vehículo para unir a Colombia. Mi primer acto de gobierno, como primer presidente profesor, será convocar a un gran pacto por la educación. Vamos a trazar una ruta y hacer compromisos públicos claros. Sacaremos lo mejor de cada persona y de cada comunidad.

¿Por qué eliminaría el programa Ser Pilo Paga?

Con ese programa destinamos 800.000 millones de pesos a un número reducido de buenos estudiantes, y nosotros tenemos muchísimos buenos estudiantes. Los que están hoy en el programa terminarán con todas las garantías, pero nuestro objetivo es dar el beneficio al grupo más amplio posible; queremos llegar a una cobertura del 62 %. Rescato, eso sí, que Ser Pilo Paga encierra un mensaje muy potente para Colombia: nos dice que cualquier estudiante puede llegar tan lejos como se lo proponga si usa su talento y si tiene disciplina y vocación.

Usted dice que fortalecerá la universidad pública, pero allí también hay mucha politización, manejos no muy santos y poca ciencia…


Con Claudia López, mi vicepresidenta, nos hemos puesto un reto: rescatar 9 billones de pesos en 4 años de las manos de la corrupción. Ahora, el de la educación tiene que ser el mundo de la transparencia. Y si le vamos a quitar a la corrupción los recursos, estos no pueden llegar a un espacio donde esté la politiquería. Tenemos también que revisar el tema de las universidades y entender que no todas tienen que hacer lo mismo.

En materia de medio ambiente, usted dice que quiere una minería que no lo destruya, ¿pero en algún momento habría que renunciar a la minería?

Colombia tiene que ir moviéndose en esa dirección, pero hay que crear una transición. Un primer reto es superar el carbón trazando una ruta exigente. Y luego otra para los hidrocarburos. Eso es un proyecto a largo plazo, pero debemos tenerlo ya en mente.

¿Habrá con usted reforma de los impuestos?

A diferencia de los otros candidatos, yo no llego diciendo que vamos a hacer una reforma tributaria sino que vamos a trabajar primero sobre el recaudo. Después veremos. Por supuesto, hay que hacer que las personas que tenemos más aportemos más, y revisar las exenciones y privilegios para tener una reforma sólida.

El desarrollo rural es crucial para la paz, y usted lo tiene como punto clave de su propuesta. ¿Qué haría?

Una buena parte de lo que ha sido la violencia se explica porque el sector rural ha estado muy desprotegido por el Estado. Desde el comienzo tenemos que empezar a trabajar en esos territorios, llevar el conocimiento a las comunidades para producir mejor y articular a los pequeños campesinos, guiarlos con los mercados y encadenarlos con todo el proceso industrial.

Un columnista dijo que a usted le había quitado votos de centro su alianza con la izquierda de Jorge Robledo, que es más radical.

Yo, por supuesto, pienso diferente a Robledo en muchas cosas, pero con la Alianza Verde y con el Polo de Robledo hicimos un esfuerzo para construir un programa sensato para Colombia y que nos permitiera estar juntos. No tengo la menor duda de que funcionará. No es una casualidad que nuestra propuesta de desarrollo económico haya sido calificada como la mejor. Robledo, además, tiene una gran cantidad de valores, ha sido escogido como el mejor senador y es un luchador contra la corrupción. No es el coco.

Si usted gana la presidencia, llegaría con una bancada muy pequeña. Eso podría llevar a que le bloqueen sus proyectos en el Congreso si no hace alianzas. ¿Está dispuesto hacer acuerdos con esos mismos políticos que le generan dudas?

Mi triunfo en las elecciones será un mensaje político para todos los congresistas, porque yo he dicho todos los días que ni un puesto ni un contrato para ellos. También he dicho que los convocaremos para trabajar juntos, pero sin negociar como se ha hecho todos estos años, sin hablar de qué instituto me va a dar y qué contratos me toca a mí. Ellos saben bien que así pasó en el Concejo de Medellín cuando fui alcalde y en la Asamblea de Antioquia cuando fui gobernador. No hicimos coalición, y a todos los convocamos y a todos los respeté.

¿Su distancia con los políticos frustró la alianza con Humberto de la Calle?

De la Calle como individuo a mí me merece todo el respeto, pero no nos pudimos unir porque él tenía que resolver dos temas: el permiso del Consejo Nacional Electoral y el aval de César Gaviria. Y César Gaviria no lo dejó.

Usted lleva más de 18 años en la política. ¿Por qué no ha construido un partido sólido suyo?

Yo no crecí en la política. De ceros, nos enfrentamos a las elecciones, y hemos ganado y gobernado en Medellín y en Antioquia. Hemos ampliado el número de personas que nos apoyan por todo el país. Ahora estamos en esta coalición con la Alianza y el Polo, y mucha gente nos respalda. Yo sí creo en la necesidad de tener una organización, pero muy diferente a la de los partidos tradicionales.

¿Qué le gusta y qué no de cada uno de sus rivales?

No me gusta entrar en eso. Son personas con las que discrepo, pero que están trabajando y tienen vocación de servicio.

¿Pero alguna vez dijo que Álvaro Uribe debería jubilarse como político?

De la política que representa Uribe ya tuvimos suficiente. Son 16 años de Uribe y Santos. Ahora nos toca a nosotros.

En las encuestas, usted tiene la mejor diferencia entre imagen positiva y negativa. ¿Por qué eso no se refleja en la intención de voto?

Se va a reflejar el próximo domingo y vamos a ganar. Hay maquinarias, pero las vamos a derrotar. El voto para presidente es sin duda el voto más libre.

Juan Carlos Bermúdez
Editor adjunto de EL TIEMPO
Twitter: @jcbermudezll