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Economía

Historia sugiere que aranceles de Trump serían contraproducentes

El mandatario está poniendo en riesgo más de 20.000 empleos de la industria solar de Estados Unidos.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos

“Si Trump no actúa con cuidado, corre el riesgo de deshacer algunos beneficios económicos”.

Bloomberg

POR:
Portafolio
enero 26 de 2018 - 08:06 p.m.
2018-01-26

Mientras el martes firmaba órdenes para imponer nuevas tarifas a las importaciones de celdas solares y lavadoras, el presidente Donald Trump dijo: “Nuestras acciones de hoy ayudan a crear empleos en EE. UU. para los estadounidenses”.

Pero Trump, quien muchos esperan que apruebe más aranceles como parte de una serie de medidas enérgicas contra lo que él ha declarado prácticas comerciales desleales de China, puede que no haya prestado atención a las lecciones de la historia.

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Sus dos predecesores inmediatos tomaron decisiones similares sobre los aranceles al principio de sus presidencias y las lamentaron: Barack Obama con los neumáticos chinos en 2009 y George W. Bush con el acero en 2002. Los estudios han mostrado que probablemente causaron la pérdida de más empleos que los que salvaron.

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Ambos presidentes también tomaron esa medida solo una vez. En lugar de repetirlas, optaron por seguir un patrón, que desde la década de 1970 han adoptado los presidentes estadounidenses: una renuencia a otorgar a las compañías nacionales las amplias “salvaguardas” que les otorgó el presidente de Estados Unidos esta semana, en gran medida porque la mayoría de los economistas dicen que el daño colateral supera los beneficios. Esos casos ilustran por qué Trump rápidamente ha recibido duras críticas por su medida de imponer aranceles, particularmente del sector de la energía solar.

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Los grupos de la industria solar sostienen que, en nombre de ayudar temporalmente a 1. 000 trabajadores empleados por pequeños fabricantes de propiedad extranjera con sede en EE. UU., Trump está poniendo en riesgo más de 20.000 empleos en una próspera industria que se ha beneficiado de las importaciones baratas. La historia también señala por qué los economistas están preocupados por el impacto potencial de las políticas comerciales del mandatario sobre la economía en general.

El Fondo Monetario Internacional y otros se han enfocado en los temores de que las promesas de proteccionismo de Trump podrían desatar una destructiva guerra comercial con China. Pero los economistas también han comenzado a examinar lo que una nueva serie de aranceles u otras medidas podrían implicar para EE. UU. Trump y sus partidarios han argumentado que, al hablar y tomar medidas enérgicas sobre el comercio, está alentando tanto a las compañías estadounidenses como a las extranjeras a invertir más en el país.

El presidente señaló el martes las decisiones de las compañías surcoreanas LG y Samsung de trasladar su producción de lavadoras a EE. UU. como evidencia de los beneficios de sus medidas sobre los aranceles, aunque ambas compañías decidieron hacerlo antes de que su rival nacional Whirlpool buscara la ayuda de Washington.

Los funcionarios de la administración han indicado que están dispuestos a absorber algunos costos a corto plazo, a cambio de abordar lo que consideran preocupaciones sistémicas y a largo plazo sobre la posición comercial estadounidense.

Sin embargo, dentro de la administración, algunos funcionarios también han comenzado a advertir que si Trump no actúa con cuidado, corre el riesgo de deshacer algunos de los beneficios económicos que ha generado con los recortes de impuestos y la desregulación, particularmente si cumple su amenaza de abandonar el TLC de América del Norte, que ahora está renegociando con Canadá y México. Economistas comparten esas preocupaciones.

Si, como muchos esperan en Washington, en las próximas semanas Trump impone aranceles a las importaciones de aluminio o acero en nombre de la seguridad nacional estadounidense, probablemente conducirá a mayores costos internos para los usuarios del acero como el sector automotriz, dijo Oxford Economics en un reciente informe.

Además, la industria siderúrgica representa sólo el 2 % de la manufactura en EE. UU. y cualquier beneficio –que no sea político– probablemente sería imperceptible, alega el informe. El impacto “iría en contra de la estrategia de Trump de fortalecer la manufactura estadounidense de forma más amplia”.

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