Infraestructura

¿Cómo reemplazar la energía de Hidroituango?

Primero debemos garantizar el abastecimiento inmediato y luego nos tomamos unos meses para enfrentar los problemas de más largo plazo.

Hidroituango

Infraestructura Por: Portafolio

Por la gravedad del problema de Hidroituango, el sector eléctrico queda expuesto en los próximos años a faltantes de suministro eléctrico, con posibilidades de apagón.

Lea: (Diagnóstico de expertos definiría la suerte de la central Hidroituango).

La Unidad de Planeamiento Minero Energético del Ministerio de Minas y Energía y la Comisión de Regulación de Energía y Gas planearon cuidadosamente que esta central eléctrica entrara gradualmente en operación a partir de este año, de manera que pudiera satisfacer la creciente demanda eléctrica del país; por tanto, se requiere reemplazarla de manera inmediata.

Lea: ('Licitación de Hidroituango fue auditada hasta en los detalles').

Como esto no es posible, estamos expuestos a dificultades de suministro en el futuro próximo, particularmente si volviese a ocurrir una sequía similar a la del 2016, lo cual no puede descartarse.

Si bien hoy podemos asegurar, con alguna certeza, que por las actuales condiciones de lluvias el sistema no se estresará pronto, no podemos tener seguridad con lo que pueda ocurrir a partir del segundo semestre del 2019, ni tampoco tenemos un plan concreto para los años siguientes. Esto es grave y nos pone frente a retos difíciles.

¿Qué podemos hacer? He escuchado y leído propuestas de analistas, pero sus fórmulas no son suficientemente claras y poco aportan a soluciones concretas acerca de los potenciales problemas que se vislumbran.

Desde el punto de vista hidroeléctrico, este proyecto tiene características especiales por su gran tamaño, electricidad barata y por la firmeza que le aporta al sistema.

Esa es la razón por la cual es tan difícil reemplazarlo en el inmediato futuro, más aún cuando plantas térmicas de gran tamaño pueden tardar entre 4 y 5 años en construirse, sin contar con posibles dificultades de licenciamiento ambiental y algunas de índole técnica que puede darse en su puesta en operación.

Para el caso de las hidroeléctricas de mediano tamaño, las soluciones pueden tardar aún más tiempo, entre 4 y 7 años dependiendo de sus características, e igual podrían presentarse problemas en licencias y en la puesta en funcionamiento.

Nos quedan, entonces, un par de opciones para el corto y mediano plazo. Se propone poner en marcha un plan de difusión de energías renovables, al mismo tiempo que promover iniciativas con gran contenido de participación del consumidor final.
Esto último, creándole incentivos y preparándolo para que se entienda cómo poner en marcha su autogeneración (con plantas solares, eólicas y de biomasa), y cómo hacerlo de manera eficiente.

En medio de la tragedia, estas soluciones pueden traer beneficios en el mediano y largo plazo, pues los costos de estas tecnologías son, en buena medida, menores que los de las tradicionales.

Para ilustrar unas propuestas iniciales, se puede proponer un plan de subastas inmediatas, pero de manera gradual, para instalar granjas solares y eólicas, de al menos de 100MW cada una, en ubicaciones donde no se requieran líneas de transmisión de extensión importantes. Si este es el caso, algunos proyectos podrán tardar alrededor de un año, mientras que otros menos de dos años y medio.

Además, convocar subastas para abastecer a los consumidores industriales, poblados o barrios (generación distribuida), valiéndose de mecanismos FIT (el pago que se convenga por producción de electricidad) para los consumidores industriales o aquellos en el sector residencial o comercial que agreguen algún tamaño significativo.

Así se podrá abastecer parte de lo que deja descubierto Hidroituango. No obstante, se requiere mantener un monitoreo continuo del sector, para poder responder con tiempo a las necesidades de electricidad, entendiendo que en este sector las obras toman mucho tiempo en concretarse.

Pensemos primero en solucionar los problemas de abastecimiento inmediato, mientras nos tomamos unos meses más para enfrentar, de manera adecuada, aquellos de más largo plazo.

Si actuamos con criterios costo-eficientes, ambientales y de seguridad, tal vez podremos concluir que no hay mal que por bien no venga.


Isaac Dyner
Decano Facultad de Ciencias Naturales e Ingeniería de la U. Tadeo