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Economía

‘La gente tiene a veces una idea errónea de lo que hacen los abogados’

Entrevista con el abogado y filósofo Nicolás Parra Herrera, quien presenta hoy su libro ‘Temperamentos interpretativos’ en la FILBO.

Corte

El derecho es una forma de comprender y crear mundos posibles que hacen más vivible el actual.

Rodrigo Sepúlveda - Portafolio

POR:
Portafolio
abril 25 de 2018 - 11:23 p.m.
2018-04-25

Por más que se empeñe en negarlo, todo abogado guarda en su fuero más interno un puñado de creencias, ideas, percepciones o dogmas que inciden o pueden incidir de manera concluyente en su manera de interpretar el derecho.

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Estas ‘inclinaciones’, subjetivas por naturaleza, pueden ser incluso mucho más poderosas que los argumentos de tipo racional y objetivo que suelen esgrimirse a la hora de llevar a cabo dicha labor interpretativa o de sustentar una decisión. A ellas se les conoce, gracias al filósofo estadounidense William James, con el nombre de ‘temperamentos’, y su aplicación al campo de la hermenéutica jurídica ofrece un punto de vista novedoso para entender cómo se interpretan en nuestros días los contratos, las leyes y las constituciones. Este es, en esencia, el tema central del libro Temperamentos interpretativos, escrito por el abogado y filósofo Nicolás Parra Herrera y editado por Legis, que será presentado hoy en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Filbo.

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En entrevista con Portafolio, Parra habló de la responsabilidad interpretativa de los operadores jurídicos, y sobre cómo ésta puede ayudar no solo a crear un mejor clima para los negocios sino también a desmitificar viejas y erróneas creencias sobre lo que realmente significa ser abogado.

A diario escuchamos preocupaciones relacionadas con el clima de inseguridad jurídica que impera en Colombia para hacer negocios. ¿Qué aporta este libro a quienes expresan esas preocupaciones?

Los temperamentos interpretativos no son otra cosa que el reconocimiento de que en la interpretación jurídica, como en las interpretaciones en otras disciplinas, hay reglas formales pero también posiciones teóricas y valoraciones que nos inclinan a comprender el significado de los textos que leemos en uno u otro sentido. Los abogados siempre han estado obsesionados con la seguridad jurídica y para preservarla se han creado unas reglas de interpretación que buscan limitar al máximo la discrecionalidad del intérprete. Sin embargo, han descuidado que por más reglas y talanqueras que se le impongan al lector de las normas, el derecho tiene un espacio irreductible de interpretación, lo que no es sinónimo de arbitrariedad. Este libro puede enseñar que el clima de los negocios mejoraría si comprendemos cómo, porqué y para qué interpretan los abogados en el ámbito contractual, legal y constitucional, y particularmente, si recuperamos el sentido común en el derecho y adoptamos un lenguaje que acerque el derecho a los destinatarios de las normas. En definitiva, la seguridad jurídica no mejorará con más reglas y cánones de interpretación, sino cuando se comprenda la naturaleza del lenguaje jurídico y su traducción al lenguaje común.

A su juicio, ¿es positivo o negativo que predominen los temperamentos interpretativos sobre los argumentos puramente racionales a la hora de traducir las normas o de tomar decisiones en derecho?

Los argumentos racionales son muy importantes pero no explican todo lo que ocurre en la interpretación jurídica. Depende del ámbito jurídico en el que uno se entrene, hay concepciones y valores del derecho a los que se inclinará con mayor énfasis. Por ejemplo, en el derecho contractual es muy importante el valor de la autonomía de la voluntad privada y, en consecuencia, de la libertad. El derecho en ese campo debe proteger el libre intercambio de bienes y servicios y el consentimiento de las partes contratantes. De ahí que en el derecho contractual privado prevalezca la regla de interpretación según la cual debe estarse a lo que querían las partes incluso por encima de lo que está escrito en los contratos. Cosa distinta ocurre en el derecho constitucional, donde la libertad es tan solo uno de los múltiples principios que encarnan la dignidad humana, pues a veces la libertad debe ceder a la igualdad o al buen nombre, por mencionar solo un par de casos. Así, en derecho constitucional la interpretación debe estar orientada a proteger una idea del derecho muy específica: la armonización de valores, principios y derechos que a veces entran en tensión pero que deben ser optimizados en la mayor medida posible. Por eso creo que la proporcionalidad es una herramienta fundamental en este campo del derecho. De manera que no solo interpretamos con las reglas sino que esas reglas existen porque en los diferentes ámbitos del derecho existen diferentes valores e ideas de lo que es el derecho mismo, que claramente juegan un rol fundamental en la interpretación y argumentación jurídica y ayudan a conformar unos temperamentos.

¿Ayudaría una mayor claridad sobre los temperamentos interpretativos a comprender mejor y sobre todo a derrumbar prejuicios en contra de la profesión jurídica?

La gente tiene a veces una idea distorsionada y descalificadora de lo que hacen los abogados. Y creo que esos prejuicios, que a veces con razón se han asentado en el imaginario colectivo, deben desmontarse. Un abogado es, como la figura mitológica griega de Hermes (el mensajero de los dioses que traducía el lenguaje de los dioses al lenguaje humano), un traductor. El abogado traduce lo que ocurre en el mundo y lo inserta en el mundo jurídico de las normas o, al revés, lee una norma jurídica y le explica al cliente si puede o no hacer un negocio, cuáles son sus riesgos, etcétera. Si los abogados somos traductores, debemos ser más conscientes del lenguaje, de la interpretación y de la necesidad de acercar el lenguaje jurídico al lenguaje que todo el mundo comprende. Para eso, los abogados debemos cultivar un mayor sentido de humildad y afinar la claridad con la que nos comunicamos. Y sobre todo, debemos recordar que el derecho debe acercarse al sentido común, que el derecho es una forma de comprender y crear mundos posibles que hacen más vivible el mundo actual. Creo que tener conciencia de esto ayudará a mejorar el clima de los negocios y la confianza de las personas en el derecho".


Juan Martín Fierro
Especial para Portafolio

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