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Economía

Los riesgos que persisten diez años después de la crisis financiera

Algunas situaciones a nivel global sugieren que la economía puede estar más frágil de lo que estaba en la víspera de la caída de Lehman Brothers.

La Unión Europea, que era el modelo a seguir, está en crisis financiera.

Uno de los riesgos para la economía mundial es el colapso de la confianza y el debilitamiento del orden internacional.

Archivo particular.

POR:
bloomberg
julio 09 de 2018 - 02:49 p.m.
2018-07-09

Ha pasado una década desde el colapso de Lehman Brothers y es la época del año en que los mercados están preocupados por otra "sorpresa de verano". No hay dos crisis del mercado idénticas y nadie aun ha dominado el momento en que ocurren los colapsos. Sin embargo, saber dónde radica la vulnerabilidad permite una mejor gestión del riesgo y, tal vez, unas vacaciones más despreocupadas.

Hay cuatro áreas principales de preocupación que, en conjunto, sugieren que la economía global puede estar en un lugar más frágil de lo que estaba incluso en la víspera de la caída de Lehman hace una década.

(Lea: 'Estamos próximos a otra gran crisis financiera', George Soros)

Primero, como ha advertido reiteradamente el Banco de Pagos Internacionales, existe un nivel récord de endeudamiento en la economía global. No es solo la cantidad de deuda pública y privada lo preocupante, sino también el deterioro de la calidad promedio. Ahora existen 63 billones de dólares de deuda soberana pendiente, con una deuda total de 237 billones de dólares, un total de 70 billones de dólares por encima de los niveles previos a Lehman.

(Lea: ‘Siempre debemos preocuparnos por una nueva crisis financiera’

Solamente hay 11 gobiernos y dos firmas estadounidenses con calificación AAA y se observa una disminución continua en la calidad crediticia promedio de los préstamos y bonos pendientes. El pago y renovación de esta deuda probablemente se volverá mucho más costoso a medida que la política monetaria se normaliza después de años de flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés).

(Lea: Ganancias débiles de bancos europeos y caída de mercados globales preocupan a inversores

El déficit que registraba Estados Unidos en 2007, de 161.000 millones de dólares, o un 1,1 por ciento del PIB, parece insignificante en comparación con la proyección de este año de 804.000 millones de dólares. La relación deuda pública/PIB de EE.UU. ha aumentado a más del 105 por ciento del PIB frente a cerca del 65 por ciento del PIB en 2008, con proyecciones de un aumento sostenido.

También en la zona euro la deuda es ahora un 20 por ciento mayor, con un aumento del 60 por ciento en España; mientras que la deuda pública de Italia, que ya era elevada en 2008, ahora ha superado el 130 por ciento del PIB, un 30 por ciento por sobre su nivel de 2008.

Claramente, hay mucho menos espacio para que los gobiernos utilicen incrementos en el gasto público y las llamadas políticas contra cíclicas que fueron cruciales para evitar una repetición de la gran depresión tras el colapso de Lehman. En segundo lugar, dado que la flexibilización cuantitativa ha dejado a los bancos centrales con un récord de 15 billones de dólares de activos en sus balances, y con las tasas de interés aun cerca de mínimos históricos, hay pocas posibilidades de una respuesta solida de política monetaria a otra crisis.

En las últimas tres recesiones, la Reserva Federal de Estados Unidos recortó las tasas de interés en un 5 por ciento, mientras que el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo anterior a Lehman mantuvieron las tasas de interés del 5 y 4 por ciento, respectivamente.

Dado que la QE aún fluye abiertamente, e incluso con tasas de interés nominales negativas para varios bancos centrales del G-10, es imposible repetir la medida decisiva de los bancos centrales que ayudó al mundo a evitar una depresión. De hecho, es muy posible que la política monetaria, como vimos con la "rabieta" del mercado por la reducción de la QE en 2013, se convierta en fuente de inestabilidad a medida que la QE se reduce y las tasas de interés se normalizan.

En tercer lugar, el centro político, que era fuerte en 2008, se ha desmoronado considerablemente en casi todas las principales economías. El populismo tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda está en aumento, en parte como respuesta a la crisis.

El electorado está más insatisfecho después de lo que equivale a una década postcrisis casi perdida en la que pocos vieron un aumento en sus salarios reales,
y muchos más experimentaron inseguridad económica y de otro tipo.

Los sistemas políticos en la mayoría de las economías europeas se han fragmentado con un aumento de partidos políticos pequeños e incluso marginales ahora con representación en los parlamentos, a medida que las mayorías gobernantes se vuelven cada vez más difíciles de articular.

En cuarto lugar está el colapso de la confianza y el debilitamiento del orden internacional. Estados Unidos está aplicando no solo una política de "silla vacía" en foros internacionales como el G-7 y el G-20, que fueron cruciales para organizar la cooperación internacional para enfrentar la última crisis, sino que la administración Trump ha aplicado activamente una bola demoledora a la cooperación internacional global.

Tal vez lo más alarmante es que el centro político prudente de la Unión Europea ha disminuido y los populistas tanto en las economías centrales como las periféricas dejan poco margen para políticas prudentes paneuropeas y de toda la zona euro.

El brexit, la creciente división Este-Oeste, particularmente en inmigración, y el nuevo Gobierno italiano son solo los ejemplos más obvios de un malestar más profundo en la política de la UE. Por supuesto, los bancos son más fuertes hoy de lo que eran en 2008 y los responsables políticos tienen más herramientas para abordar las crisis. Pero la combinación de un espacio reducido de política fiscal y monetaria, una acumulación récord de deuda, la disminución del centro político, el desmantelamiento del orden mundial liberal postguerra y una naciente guerra comercial, significan que las cosas pueden ser más frágiles en todos los sentidos.

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