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Economía

Nuestras economías no deben ser manejadas por algoritmos

Las fuerzas del mercado son más poderosas que cualquier computadora

Algoritmos

Son varios los ejemplos históricos de proyectos que han tratado de manejar la producción económica de un país con una computadora.

123RF

POR:
Portafolio
diciembre 15 de 2017 - 08:10 p.m.
2017-12-15

La sala de control es hexagonal y contiene un completo círculo de sillas giratorias blancas fabricadas de fibra de vidrio, con cojines rojo marrón y paneles con controles incorporados. La habitación recuerda a una película Star Trek, pero no es un set de filmación.

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El Proyecto Cybersyn fue un intento que se llevó a cabo principios de los años setenta de administrar algorítmicamente la economía chilena de acuerdo con los principios socialistas democráticos del presidente Salvador Allende.

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La idea no era completamente nueva. En el período entre las guerras mundiales, los economistas debatieron el problema del ‘cálculo socialista’: ¿podría un planificador central benévolo coordinar de algún modo toda la producción y el consumo necesarios para operar una economía moderna, evitando la avaricia y el derroche del mercado con un sistema más racional?

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La respuesta no fue totalmente obvia para los economistas, al menos, no en ese momento. El intransigente Ludwig von Mises argumentó que era lógicamente imposible; otros aseveraron que simplemente no era práctico.

Pero Oskar Lange sugirió que en realidad sí que podría hacerse: si una economía pudiera describirse como una serie de ecuaciones simultáneas de oferta y demanda, entonces el planificador central podría resolver esas ecuaciones, aunque sólo fuera a través del ensayo y error.

Esta tarea no fue tan fácil como pensaron. El Premio Nobel Leonid Kantorovich se pasó seis años recolectando datos y realizando los cálculos necesarios para optimizar la producción de acero en la Unión Soviética en la década de 1960, pero su proceso era demasiado lento para ser útil en una economía en constante cambio.

Las computadoras tenían mayor potencial. En un ensayo publicado después de su muerte en 1965, Lange escribió: “Cuando introducimos las ecuaciones simultáneas en una computadora electrónica podemos obtener la solución en menos de un segundo. El proceso de mercado parece anticuado”.

Eso era típico del asombro — que seguimos sintiendo — con respecto a los cerebros de silicio. Pero era prematuro: las computadoras de hace cinco décadas no eran lo suficientemente rápidas.

Según un estimado bastante fiable, la Unión Soviética produjo alrededor de 12 millones de tipos diferentes de productos en el punto máximo de su apogeo, un nudo matemático que una computadora antigua hubiera tomado décadas para deshacer.
Pero, por el otro lado, cabe destacar que una economía moderna produce quizás 10.000 millones.

El Proyecto Cybersyn de Chile nunca tuvo muchas oportunidades para demostrar su valor: murió al igual que el propio Allende, cuando Augusto Pinochet tomó el poder en Chile en 1973. Probablemente estaba condenado desde el principio.

Como se describe en el libro de Eden Medina, ‘Revolucionarios cibernéticos’, la elegante sala de control enmascaró el hecho de que el gobierno de Allende sólo contaba con cuatro computadoras.

Pero actualmente los objetivos del proyecto no parecen tan inviables. Sin embargo, no debemos subestimar la tarea: el producto interno bruto de Chile en 1970 fue de aproximadamente US$50.000 millones, quizás US$300.000 millones si aplicamos los precios actuales. Incluso ahora, las ganancias de Amazon — US$135.000 millones — son menores.

Pero el poder de las computadoras está creciendo mucho más rápido que la producción económica. ¿Podemos construir una aplicación para manejar una economía, no sólo para reemplazar a Steven Mnuchin y Janet Yellen, Jeff Bezos y Tim Cook, sino también para supervisar los detalles de la producción y el consumo en todas partes, eliminando el desperdicio, las recesiones y la desigualdad?

La idea ha resurgido en el trabajo de dos economistas chinos, Binbin Wang y Xiaoyan Li. Ellos argumentan que las computadoras modernas y los sensores baratos permiten optimizar la producción en tiempo real, según las necesidades de los ciudadanos.

De cierta forma, esto ya ha sucedido. Los anuncios en Google y Facebook son manejados por vastas redes algorítmicas. Si trabajas para Uber o Deliveroo, tu jefe es un algoritmo.
Pero las compañías siempre han sido islas de planificación en un mar de fuerzas del mercado; una economía en la que el Gobierno controla todas las plataformas es algo bastante diferente.

Un obstáculo que ha perdurado es el conocimiento tácito. Una economía clásica de oferta y demanda es, en principio, el tipo de sistema que se puede entender matemáticamente.

Pero como argumentó Friedrich Hayek en 1945, hay muchas cosas que suceden en cualquier economía que no pueden ser contabilizadas ni descritas.

Las decisiones de producir, consumir y correr el riesgo de crear algo nuevo se toman con el conocimiento de “las circunstancias particulares del momento y del lugar”. Wang y Li creen que los grandes datos pueden expresar explícitamente este conocimiento normalmente tácito.

Entonces hay que abordar la cuestión del poder. Facebook y Google ya tienen demasiado. ¿Qué hubiera hecho Stalin con tal información? ¿O Pinochet? China ya está utilizando los datos recopilados por Alibaba y Tencent para ejercer control social.

Hayek visitó dos veces el Chile de Pinochet sin hablar sobre los abusos del régimen; eso es indefendible. Pero él tenía razón con respecto al poder de los precios del mercado para coordinar una economía compleja impregnada de conocimiento tácito.

Las fuerzas del mercado siguen siendo en la actualidad una computadora más poderosa que cualquier cosa hecha de silicio. Podemos configurar sus entradas y salidas con impuestos que penalizan la contaminación, redistribuyen los ingresos o fomentan los bienes sociales.

Reemplazar el mercado con algoritmos estatales es una idea que debería permanecer en los confines de la ciencia ficción.

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