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Guerra de Trump contra Bezos y los medios independientes

Los ataques del presidente parecen ser parte de una estrategia más amplia para perjudicar a los medios de comunicación independientes en Estados Unidos. Según los expertos, este ha sido uno de las principales métodos usados por diversos gobiernos que han presentado tintes populistas.

Trump - Amazon

Internacional Por: Redacción Portafolio

En lo que a multimillonarios se refiere, Jeff Bezos no se encuentra entre los que dan generosamente. A diferencia de muchos de sus compañeros empresarios, el fundador de Amazon se negó a unirse a la promesa de Warren Buffett de donar la mitad de su riqueza a la beneficencia. Es por eso que en lo que él elige gastar su dinero significa algo.

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En diciembre pasado, él donó US$250.000 a Reporteros sin Fronteras (RSF). Cuatro años antes, gastó mil veces más para comprar un periódico en dificultades, The Washington Post. Ganar dinero no era su principal motivo.

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“Yo no habría comprado el Post si hubiera sido una empresa de refrigerios con problemas financieros”, le comentó Bezos a la revista Fortune. Donald Trump debiera prestarle atención a este comentario. Ahora que el Post es propiedad de la persona más rica del mundo, su lema se ha convertido en “La democracia muere en la oscuridad”.

Es difícil recordar la última vez que un presidente estadounidense intentara destruir a un campeón corporativo nacional. Desde que Trump lanzó su diatriba anti-Amazon la semana pasada, Bezos es US$16.000 millones menos rico. Según Forbes, esa caída en el valor es aproximadamente cinco veces el valor neto de Trump.

La riqueza del Bezos todavía se estima en más de US$100.000 millones. Si ésta es una batalla de los bolsillos, él debiera fácilmente sortearla. Sin embargo, hay mucho más en juego que su fortuna.

Quienes están menos preocupados por la salud de la república estadounidense se convencen de que la incompetencia de Trump sobrepasa su malevolencia. “Mira la calidad de los abogados de Trump”, dicen ellos. Los mejores abogados se niegan a representarlo en la investigación sobre la intromisión rusa. En cambio, Robert Mueller, el fiscal especial que lidera la investigación, ha reunido a un equipo extremadamente sólido.

Pero Trump es un genio en otras cosas. Tomemos como ejemplo su manejo de los medios, en los cuales él constantemente resulta ser más astuto que sus críticos. Incluso sus mayores detractores en los medios de comunicación –de hecho, ésos en particular– dependen de Trump para impulsar su audiencia.

En su mundo, toda publicidad es buena publicidad. Es probable que el uso constante de Twitter por parte del presidente estadounidense, por sí solo, haya revivido la plataforma como empresa.

Éstos son los instintos tácticos de Trump. Su guerra en contra de Bezos parece ser más bien una estrategia. Él publicó su primer mensaje por Twitter contra Amazon hace más de dos años, en diciembre de 2015.

Dada su animadversión hacia Bezos, y hacia los informes investigativos de su periódico, es casi seguro que Trump seguirá causándole agravios a Amazon en dos años. ¿Cuánto daño puede ocasionarle? La respuesta es mucho.

El arma más útil del mandatario es la regulación. Una gran parte del Partido Demócrata actualmente apoya la idea de dividir las grandes compañías tecnológicas. Por esto, Trump podría presionar a la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) para que inicie una investigación antimonopolio acerca del efecto de Amazon sobre los minoristas.

Larry Kudlow, el nuevo asesor económico del Presidente, aparentemente respalda este ataque.

Amazon está evidentemente anticipando una reacción negativa. La compañía ya cuenta con muchos más cabilderos en Washington que cualquier otra empresa tecnológica. Su número se ha duplicado durante los últimos 18 meses.

Trump ya ha alterado las reglas del juego a favor de sus aliados mediáticos. La semana pasada, los estadounidenses se enteraron de que Sinclair Broadcasting, la compañía que es la mayor propietaria individual de estaciones televisivas locales de EE. UU., había obligado a sus presentadores a recitar un ataque, palabra por palabra, en contra de las ‘noticias falsas’.

Eso ya era, de por sí, suficientemente orwelliano. Lo que es menos sabido es que los reguladores designados por Trump han alterado los reglamentos relacionados con la competencia para facilitar el éxito de la oferta que Sinclair hizo por Tribune Media. La adquisición, de US$3.900 millones extendería el alcance de Sinclair a más del 70% de los hogares estadounidenses.

La política de la cadena difusora hace que Fox News parezca centrista. Sus estaciones están obligadas a transmitir un segmento, el cual aparece casi todas las noches, desde su ‘escritorio de alertas de terrorismo’, el cual mantiene a los televidentes en un estado de paranoia. Un mejor nombre para el segmento sería ‘témanles a todos los musulmanes’.

Trump ama a Sinclair con la misma intensidad con la que detesta a Bezos. Entre sus recientes tuits en relación con Amazon se encontraba lo siguiente: “Aquellos que a sabiendas tienen una agenda malsana y prejuiciada, están preocupados por la competencia y la calidad de Sinclair Broadcast”. Éste le siguió a otro tuit en el que Trump cuestionaba la estabilidad laboral de Jeff Zucker, el presidente de CNN, el canal de noticias por cable.

Bajo la administración de Trump, el Departamento de Justicia está intentando bloquear la oferta de US$85.000 millones que AT&T hizo por Time Warner, la cual es propietaria de CNN.

Trump a menudo se refiere al canal como FNN, las iniciales en inglés equivalentes a ‘red de noticias falsas’.

Quienes piensan que Trump actúa únicamente de manera impulsiva no están prestando atención. Él está haciendo lo que los populistas siempre hacen. Ellos se enfocan en los medios independientes.

En algunos casos, como en el de la Hungría de Victor Orban, ellos colocan la publicidad estatal en medios que les son ‘amistosos’. En la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, ellos acosan a los independientes con redadas impositivas. La intimidación reglamentaria también funciona. Trump sigue diciéndole al mundo que él tiene toda la intención de usar estas herramientas. Nosotros seguimos minimizando el riesgo. Se trata de Estados Unidos, después de todo. Allí no ocurren tales cosas.

Y, sin embargo, ya han sucedido. Consideremos un estudio de la Universidad Estatal de Ohio que descubrió que los votantes que cambiaron de Barack Obama en 2012 a Donald Trump en 2016 habían sido influenciados por tres historias falsas: Hillary Clinton estaba sufriendo de mala salud; el Papa Francisco había respaldado a Trump, y la Sra. Clinton había vendido armas a los terroristas del Estado Islámico (EI). Todas eran básicamente falsas. Es probable que, en conjunto, hayan afectado las elecciones, según lo expresado en el informe.

El presidente Trump está usando sus poderes para garantizar que más estadounidenses consuman más historias como éstas. Esto lo ayudó a ser elegido una vez. ¿Por qué no seguir haciéndolo?


Edward Luce