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Al dividir Occidente, Trump está empoderando a China

Al unir a sus aliados en su contra, el Presidente ha hecho lo impensable.

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Internacional Por: Portafolio

Donald Trump está a punto de hacer historia, estrechándole la mano a un adversario. De hecho, lo hará con seis de ellos al mismo tiempo. Es poco probable que veamos un avance.

Después de la cumbre del G7 el 8 y 9 de junio, Trump volará a Singapur para encontrarse con Kim Jong Un. Debemos esperar una victoria. La paz será declarada en la península coreana. Los que piensan que estoy bromeando deben bajar el volumen y estudiar el lenguaje corporal.

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Luego, decidan por ustedes mismos con quién prefiere estar Trump, los socios tradicionales de EE. UU. o el autócrata más letal del planeta. Pueden adivinar lo que diría un marciano visitante.

Es difícil decidir qué evento - una cumbre fallida de ‘G6 más uno’ en Canadá o una reunión exitosa con Corea del Norte - es más increíble. Pero el primero gana. Al unir a los aliados más grandes de EE. UU. en contra de su país, Trump ha logrado algo impensable.

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Las ovejas están abandonando al pastor. El G7 no existiría sin EE. UU. Es lo más parecido que el Occidente tiene a un comité directivo. Es por eso que China, que es la segunda economía más grande del mundo, nunca fue invitada al club. También fue la razón por la cual se agregó una Rusia occidentalizada al grupo en 1998. Pero Rusia era una oveja negra. El grupo regresó a siete después de que Rusia anexó Crimea en 2014.

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¿Qué hace un rebaño sin su pastor? Las fábulas sugieren que son atacados por los lobos. Ése es el resultado de una prolongada ausencia de EE. UU. Incluso antes de que Trump asumiera el cargo, países como Alemania, el Reino Unido y Francia estaban desplegando la alfombra roja comercial para China en contra de los deseos de Washington.

Pero mantuvieron la unidad en la Otan. Y se apegaron al guión en el G7. Trump ahora está obstaculizando ese proceso. En la reunión de ministros de finanzas del G7 el fin de semana pasado, Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro de EE. UU., era una minoría de uno. Se requiere un gran esfuerzo para empujar al Reino Unido a los brazos de Europa e impulsar a Japón a unirse a un campo opuesto.

Un resultado menos esperado es que las ovejas se mantengan unidas y se defiendan de los lobos. Eso puede ser menos improbable de lo que parece. Por el momento, Europa, Canadá y Japón están unidos contra la beligerancia comercial de Trump.

La teoría sugiere que Trump debería dividir al G7 jugando favoritos. Así es cómo lograría el mundo bilateral que busca. Por ejemplo, podría separar a Gran Bretaña del rebaño al ofrecerle una exención de las tarifas de seguridad nacional de la sección 232 después de que su divorcio europeo se finalice el próximo año. Entonces podría hablar dulcemente de la perspectiva de un acuerdo comercial entre el Reino Unido y EE. UU. O tal vez podría separar a Italia al halagar a su nuevo gobierno populista.

Si Trump practicara tales tácticas, cumpliría su objetivo estratégico. Lo que supuestamente quiere, y lo que implica su doctrina de ‘EE. UU. Primero’, es un mundo post-multilateral; una jungla transaccional en la que EE. UU. tiene una ventaja de tamaño en cada negociación. Casi nadie quiere un mundo así, incluyendo la mayoría de la comunidad empresarial estadounidense. Reduciría el crecimiento de todos y fragmentaría las cadenas de suministro globales. Pero no es una visión ilógica. El tamaño de EE. UU. le daría la ventaja.

Ahí es donde se desmorona la filosofía de Trump. ‘EE. UU. Primero’ requiere habilidad diplomática. Necesita conocimiento de aquellos a quienes quiere dividir y gobernar para aprovecharse de sus debilidades. Sin embargo, Trump está haciendo lo contrario ¿Cuándo fue la última vez que el Occidente ha estado tan unido? Hay dos explicaciones para las acciones de Trump. La primera es que él es incompetente. Él sabe qué tipo de mundo quiere, un regreso a la década de 1950, pero es demasiado tonto para descifrar cómo maximizar sus posibilidades de lograrlo.

La segunda es que el ‘ello’ de Trump es más poderoso que su ‘yo’. Freud comparó el ‘yo’ con un jinete controlador y al ‘ello’ con un caballo salvaje. El ‘yo’ de Trump quiere un mundo mercantilista. Pero su ‘ello’ busca la venganza. Castigar a los socios de EE. UU. por haber presuntamente estafado al país durante años es incompatible con separarlos unos de otros. Es difícil hacer ambas cosas.

El resultado es una confusión creciente. A primera vista, el principal adversario de Trump es China. Tiene el mayor superávit comercial con EE. UU. Sin embargo, la semana pasada Trump abandonó su herramienta clave de negociación sobre China al otorgarle a su compañía de telecomunicaciones, ZTE, un indulto de la ley estadounidense.

Al mismo tiempo, escaló una disputa con Canadá, que tiene un déficit comercial menor con Estados Unidos. ¿Puede el Occidente sobrevivir tales divisiones en la economía mundial? En el corto plazo, tal vez. Pero los lobos están esperando su momento.

Edward Luce