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Trump olvida que las empresas en China están haciendo un gran negocio

La postura oficial de China sigue siendo que no quiere entrar en una guerra comercial, pero lo cierto es que está dispuesta a luchar en esa guerra.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos

Internacional Por: Portafolio

La inminente guerra comercial entre EE. UU. y China es bastante irónica. Si tienes una visión más amplia de las estadísticas, el enorme déficit con China que ha enfurecido tanto a Donald Trump de repente comienza a parecer mucho más pequeño.

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Según las mediciones ortodoxas, este fue de US$375.000 millones el año pasado porque las exportaciones estadounidenses a China fueron de sólo US$130.000 millones, mientras que las importaciones de China fueron de US$506.000 millones.

Pero esto ignora un aspecto importante de una relación que funciona fuertemente para EE. UU. Después de 40 años de inversión corporativa en China, las filiales de multinacionales estadounidenses están haciendo un gran negocio vendiendo productos y servicios a los consumidores chinos.

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Estas ventas — de corporaciones como GM, Nike, Starbucks, Ford y otras — son tan grandes que superan con creces el valor de las exportaciones a China, dice Alex Wolf, economista de Aberdeen Standard Investments, una empresa de gestión de activos con sede en Hong Kong. “Estas ventas no aparecen en la balanza comercial, pero forman parte de lo que podría llamarse una ‘relación económica agregada’ más amplia”, aseguró Wolf.

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En 2015, las subsidiarias multinacionales estadounidenses con sede en China obtuvieron un total de US$221.9000 millones en ventas a consumidores nacionales. Los bienes y servicios vendidos fueron producidos por un ejército de 1,7 millones de personas empleadas por subsidiarias estadounidenses en el país.

Por el contrario, la presencia corporativa de China en EE. UU. sigue siendo pequeña. Las cifras oficiales de las ventas de las filiales de las empresas chinas a los consumidores estadounidenses no existen, pero los analistas estiman que son insignificantes en comparación con las exportaciones de China a EE. UU.

Por lo tanto, la “relación económica agregada” entre EE. UU. y China parece ser mucha más equilibrada de lo que aparenta según el déficit comercial. “Ajustar los flujos de comercio exterior para tales ventas es engañoso y plantea algunas salvedades. Pero, si uno quisiera hacerlo, las cifras se verían diferentes”, dijo Louis Kuijs, jefe de economía de Asia en Oxford Economics.

Sin embargo, a medida que aumenta las tensión comercial, la presencia corporativa de EE. UU. en China podría convertirse en una vulnerabilidad. A medida que las disputas políticas previas entre China y otros socios como Japón y Corea del Sur se dispararon, los consumidores chinos expresaron su ira con boicots contra artículos de estos países.

Hasta el momento, Pekín ha limitado la reacción de sus medios estatales, pero el martes cambió su actitud de moderación. El Ministerio de Comercio de China se quejó de un “chantaje” después de que Trump emitió instrucciones para preparar aranceles sobre otros US$200.000 millones. “Si EE. UU. padece de una pérdida de racionalidad y emite una lista de aranceles, China deberá adoptar contramedidas que combinen cantidad y calidad”, dijo el ministerio en un comunicado.

La preocupación ahora para las compañías estadounidenses que operan en China es que Pekín puede responder no sólo con medidas comerciales formales sino también a través de una reacción nacionalista informal. “Gran parte de la influencia de China sobre las empresas puede promulgarse de manera informal”, dijo Wolf.“Si EE. UU. es representado por los medios chinos como un país que está hiriendo los sentimientos del pueblo chino, entonces las ventas de estas empresas se verían afectadas no por la acción reglamentaria oficial sino por boicots del consumidor”.

Según Wolf, un sector vulnerable sería el turismo chino, que el año pasado superó a los frijoles de soja, los aviones, la maquinaria eléctrica y otros artículos de exportación de EE. UU. a China.

“China tiene menos armas, pero hay otras medidas que podría implementar”, afirmó Kuijs. Éstas incluyen aumentar los controles de salud, las evaluaciones de seguridad y los impuestos; retrasar las importaciones y boicotear los productos.

James Kynge