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La confusa política de Estados Unidos hacia Rusia

La postura del presidente estadounidense podría volverse más clara cuando se reúna con el líder ruso.

Los mandatarios de Rusia y de Estados Unidos, Vladimir Putin y Donald Trump,

Internacional Por: Portafolio

Sólo faltaban horas para que se cumpliera el plazo de medianoche y las luces del Tesoro de EE. UU. aún estaban encendidas. Harto de la inacción de la Casa Blanca por la intromisión rusa en las elecciones de 2016, el Congreso aprobó la Ley de Sanciones, una ley que le exige a Trump que nombre a los compinches del Kremlin. Su objetivo fue arrinconar a la Casa Blanca, presionarla para que entregue una lista de personas y empresas que podrían ser blanco de futuras sanciones.

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Donald Trump ya estaba furioso por la medida, y sus principales funcionarios se encontraron rápidamente ante un dilema. Algunos funcionarios temían que el simple hecho de nombrar a un grupo selecto de personas cercanas a Vladimir Putin podría motivarlas a trasladar activos de regreso a Rusia y debilitar el impacto de cualquier sanción futura.

Sin embargo, al crear una lista clasificada de nombres, eso podría provocar más acusaciones de que Trump y su administración no estaban actuando enérgicamente con respecto a Rusia.

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Hubo desacuerdos a todos los niveles, según dijeron personas con conocimiento de la decisión. HR McMaster, el ex asesor de seguridad nacional, y Rex Tillerson, el exsecretario de estado, tomaron una postura más dura contra Rusia. El secretario del Tesoro Steven Mnuchin presionó, en una reunión, en favor de una versión pública más inocua.

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La versión inocua ganó. Minutos antes de la fecha límite del Congreso el 29 de enero de 2018, el Departamento del Tesoro publicó una lista extraída de la encuesta anual de Forbes de las personas más ricas del país. La lista del Tesoro incluía errores: algunos de los que aparecían en la lista ya no hacían negocios en Rusia o sus activos habían sido incautados por el Kremlin.

Frente a la reunión de Trump con Putin en Helsinki el 16 de julio, la debacle sobre la lista es un símbolo de una de las características más sorprendentes de la administración Trump: su política contradictoria hacia Rusia. Los funcionarios admiten en conversaciones privadas que la confusión se deriva de un enfrentamiento entre un presidente con una afinidad percibida por Putin y la postura dura contra Moscú que otros miembros afirman estar estableciendo.

En las entrevistas, una docena de funcionarios y exfuncionarios revelan un enfoque a menudo incoherente hacia Rusia. Aunque algunos funcionarios afirman que EE. UU. ha adoptado exitosamente un enfoque firme hacia Moscú, otros dicen que la retórica de Trump en ocasiones ha socavado la política. Su presidencia se ha visto ensombrecida por las investigaciones del Congreso y del fiscal especial sobre si la campaña de Trump se coludió con Moscú para ayudarlo a llegar a la Casa Blanca.

Aunque el Presidente ha intentado desestimar la investigación del exdirector del FBI Robert Mueller como una “cacería de brujas”, sus detractores dicen que el propio Trump, quien ha elogiado a Putin y niega vehementemente las acusaciones de que Moscú tiene material comprometedor sobre él, es el responsable.

“No sabemos lo que hay en esa caja”, dijo un exfuncionario de la administración, refiriéndose a la relación entre Trump y Putin. “Podría no haber nada en esa caja. Pero sigue ahí”.

En una semana en la que la alianza occidental sufre una intensa presión, el enfoque hacia Rusia es objeto de un escrutinio especial. La cumbre de la Otan en Bruselas se produjo en un momento en que muchos de sus miembros se preocupan por la creciente amenaza de Rusia. La Otan fue una vez considerada una piedra angular de la política exterior estadounidense, pero Trump la ha criticado en repetidas ocasiones.

Este lunes, los presidentes de EE. UU. y Rusia celebrarán su propia cumbre extraordinaria en Helsinki: una reunión individual, sin asesores. Fue Trump, dijeron los funcionarios estadounidenses, quien tomó la decisión de reunirse solo.

La conducta de Trump es especialmente importante dada la cantidad de cuestiones clave que están en juego, incluyendo la crisis militar en Ucrania, la guerra en Siria y una renovada carrera armamentista nuclear. Las agencias de inteligencia temen que Moscú intente inmiscuirse en las elecciones de noviembre, repitiendo las tácticas que se le acusa de emplear en las de 2016.

Las maquinaciones sobre la lista de oligarcas es uno de los ejemplos más sorprendentes de las dificultades en forjar una política coherente hacia Rusia. Los funcionarios de la administración ofrecen justificaciones contrastantes para la reimpresión de la lista rusa de Forbes. Mientras que algunos la describen como la decisión menos mala, a otros les avergonzó la medida.

Un exfuncionario dice que se había preparado un detallado informe sobre los oligarcas cercanos al Kremlin. Sin embargo, ese informe fue relegado a un anexo clasificado. “Hicieron un trabajo creíble y los intimidaron en el último momento”, dice la persona.

Un portavoz del Tesoro dice que la lista “definitivamente no se hizo en el último momento”. Y añade: “Nadie presionó para hacer públicas grandes porciones del anexo y todas las partes expresaron preocupaciones sobre los peligros de revelar nuestras estrategias o telegrafiar una acción”.

Un día después de que el Departamento del Tesoro publicara el ampliamente criticado informe de la lista de Forbes, Mnuchin estaba a la defensiva. En una audiencia del comité bancario del Senado, describió el anexo como un “análisis sumamente minucioso” y dijo que se impondrían nuevas sanciones contra Rusia en el “futuro cercano”.

Algunos funcionarios y exfuncionarios dicen que ese anuncio sorprendió a muchos colegas del Tesoro de Mnuchin, y allanó el camino para un grupo de sanciones sin precedentes el 6 de abril, el cual se enfocó en siete empresarios y 17 funcionarios rusos y sus entidades relacionadas. Otros insisten en que el Gobierno había estado planeando fuertes sanciones todo el tiempo, pero que se vio frenado por los obstáculos impuestos por el Congreso, los cuales abrumaron la burocracia de sanciones de EE. UU.

Otras autoridades afirman que los siete hombres de negocios rusos sancionados fueron escogidos por su participación en actividades “malignas” durante los últimos cinco años, relacionadas con la intromisión electoral, la actividad cibernética o la participación rusa en Ucrania y Siria.

Sin embargo, uno de los individuos, Oleg Deripaska, controla la mayor empresa rusa productora de aluminio, Rusal, lo que significa que las sanciones crearon volatilidad en los mercados del aluminio. El Tesoro ahora ha concedido múltiples extensiones a los socios comerciales europeos de Rusal y a los inversionistas en la sociedad de cartera EN+, la cual cotiza en Londres, de Deripaska, para que liquiden sus participaciones.

Un funcionario de la administración que estuvo involucrado con las sanciones acusa a sus colegas de apresurar el proceso: “Entiendo que queríamos hacer algo rápidamente. Pero eso se hizo a expensas de la debida diligencia”. El Tesoro también fue criticado por otorgarle tantas exenciones a Rusal, algo que un funcionario actual del departamento reconoció que era poco común. “Se sabe que no hicimos nuestra tarea en cuanto a Rusal, basado en el volumen y la velocidad de las exenciones otorgadas”, dice una persona cercana a la administración. “Eso es un indicio del pánico”.

Apenas 10 días después, Nikki Haley, embajadora en la ONU, aseguró que se aplicarían sanciones adicionales después de un presunto ataque con armas químicas en Siria por parte del régimen respaldado por Rusia. Esas sanciones nunca se materializaron, lo cual alimentó los informes de que EE. UU. estaba relajando más su postura hacia Moscú.

La confusión en cuanto a las sanciones ha exacerbado la tensión entre EE. UU. y Europa, en un momento en que ambas partes estaban disputando la decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear de Irán y el acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Aunque los funcionarios insisten en que hubo una coordinación con los europeos antes de las sanciones del 6 de abril, otros con conocimiento de las comunicaciones entre EE. UU. y la UE cuestionan esta caracterización.

“Con respecto a las sanciones del 6 de abril, no hubo coordinación con los europeos de antemano”, señala Anders Aslund, investigador del grupo de estudio Atlantic Council en Washington. “No lo discutieron”.

Un portavoz del Tesoro resalta que se puede haber limitado el aviso anticipado para evitar la fuga de activos y otros riesgos.

Un funcionario europeo considera que las sanciones son una advertencia útil de lo que sucede cuando no hay suficiente coordinación, y señala que las acciones estadounidenses habían logrado paralizar temporalmente toda la industria del aluminio.

Angela Stent, directora del centro de Eurasia, Rusia y Europa del Este de la Universidad de Georgetown, dice que, al producir fracturas más profundas entre Estados Unidos y Europa, EE. UU. había efectivamente provocado un acercamiento entre Europa a Rusia. El presidente francés Emmanuel Macron viajó a San Petersburgo como invitado del foro económico anual de Rusia, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, se reunió con Putin en mayo en Sochi.

En Europa aún había una fuerte inclinación a permanecer en sintonía con Estados Unidos, pone de manifiesto el funcionario europeo, pero algunos líderes se sentían exasperados por Trump.

En Moscú, varias personas con antiguos lazos con el séquito de Putin dicen que el objetivo de las sanciones era tan misterioso para ellos como lo fue para los críticos estadounidenses. “Es como si lo hicieran sin cerebro y sin manos”, apunta uno. “Ahora todo el mundo entiende que los tontos son los que están tomando las decisiones. No tiene lógica ni sentido”.

Un empresario ruso dice que el objetivo declarado de EE. UU. de enfocarse en los oligarcas con la esperanza de que apelarían al Putin para que cambiara las políticas no había funcionado. “No entendemos para qué sirve. Si creen que podemos hablar con Putin y decirle lo que tiene que hacer, no entienden a Rusia”, indica el oligarca. “A Putin le encanta esto. El régimen está ganando. A la gente le gusta porque a nadie le gustan los oligarcas, y el Estado consolida los activos”.

Con las cumbres de la Otan y Helsinki, los funcionarios europeos temen una repetición del anterior viaje de Trump al extranjero, en junio, cuando pasó de insultar a los aliados del G7 en Canadá a recibir alegremente al dictador norcoreano Kim Jong-un en Singapur.
Jon Huntsman, el embajador de EE. UU. en Rusia, ha prometido que Trump “dirigirá la discusión sobre la actividad maligna y la intromisión electoral”.

“Él conoce los hechos y los detalles y lo ha discutido. Todos hablamos de eso de formas ligeramente diferentes, pero el presidente ha hablado de eso a su manera”, resaltó Huntsman la semana pasada.

Pero un exalto funcionario de la administración describe a Putin como un operador astuto que podría explotar a Trump y extraer concesiones de EE. UU. sin dar nada a cambio.

“Putin podría llevarse un ‘dos por uno’ en la cumbre: conseguir que Trump retire las tropas estadounidenses de Siria, alegando que eso ayudaría a Rusia a controlar la influencia iraní, y avanzar en el tema de Ucrania y convencer a Trump de que Crimea es fundamentalmente rusa de todos modos”.

La persona añade: “Putin sabe jugar sus cartas”.

Courtney Weaver, Katrina Manson y Max Seddon