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Nueva Ruta de la Seda, ¿beneficio o problema para Latinoamérica?

Cada vez hay más países de la región que han empezado a unirse al macroproyecto de inversiones de China.

Reunión 'Ruta de la seda'

Internacional Por: Portafolio

En el momento en que China invitó a Latinoamérica a unirse a la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (One Belt, One Road en inglés) a principio de 2018, la acogida fue tanto de euforia como de recelo. Ocho meses después, aunque ya varios países de la región se han sumado, los sentimientos sobre el programa siguen siendo los mismos.

Aunque el presidente Xi Jinping lanzó la iniciativa en 2013 para enfocarse en Asia y Europa, su Gobierno decidió más tarde dar entrada a los países de la región y, en estos momentos, Panamá, Bolivia, Uruguay, Antigua y Barbuda, Trinidad y Tobago, y Guyana ya han firmado los acuerdos, y se espera que El Salvador lo haga próximamente.

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Básicamente, este macro proyecto, conocido como la nueva Ruta de la Seda, es un programa con el que China ofrece a los más de 70 países que ya se han afiliado miles de millones de dólares de financiación para el desarrollo principalmente de obras de infraestructura.

En este sentido, como se ha visto en otras regiones, las construcciones apuntan a mejorar la ‘conectividad’ con China.

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“Se ha planteado que la forma natural de extender el proyecto a América Latina sería a través de proyectos que acorten las distancias entre ésta y China. Para ello se propone mejorar las conexiones marítimas y aéreas existentes, así como aprovechar el interés de China en realizar grandes obras de infraestructura que, junto con mejorar la conectividad entre los países de la región, agilicen sus exportaciones. Un ejemplo sería el ferrocarril entre Brasil y Perú que uniría las costas atlántica y pacífica y que facilitaría la exportación”, explica Sebastián Herreros, Oficial de Asuntos Económicos de la División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal.

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De igual forma, como resalta Ángel Melguizo, director para Latinoamérica del Centro de Desarrollo de la Ocde, “China considera a América Latina como una región estratégica, con una relación que se está intensificando. En particular, ve a la región como un socio indispensable en la iniciativa, la cual prevé profundizar muchos de los canales que se han desarrollado en los últimos años entre ambas regiones: comercio, infraestructuras, integración financiera y cooperación”.

Hasta este punto, Latinoamérica se beneficiaría de muchas oportunidades con la asociación. La misma secretaría Ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, resaltó los aspectos positivos esta semana al afirmar que “China es un socio esencial y es muy interesante que venga a invertir en infraestructura o en el mercado digital. De hecho, China invitó a la Cepal a ser parte del consejo directivo del proyecto. Les interesa mucho y nos ven como un gran productor de alimentos”.

Así mismo, el BBVA Research realizó un estudio en el que concluyó que las condiciones en el diseño de los proyectos ofrece oportunidades para que la región “mantenga su demanda de exportación de productos básicos, reduzca la dependencia de los productos básicos, impulse la productividad, suba la cadena de valor de las exportaciones y mejore el financiamiento bilateral de China”.

Todavía hay cierta indefinición en cuanto a las cifras que podrían ingresar a Latinoamérica gracias a la nueva Ruta de la Seda. Algunos toman el anuncio del presidente Xi en el que dijo que entre 2015 y 2019 China invertiría US$250.000 millones en inversión directa y unos de US$500.000 millones en comercio.

Otros, como Marco A. Gandásegui, investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (Cela), indica que “según la redacción del acuerdo, el banco chino traería a Panamá una cartera con el equivalente de US$200.000 millones de dólares. Hay que preguntarse si el monto es para Panamá o para toda la región. Con ese monto se podría ampliar aproximadamente unos 40 Canales de Panamá”.

Lo que parece claro es que el ánimo inversor de China es real. Según Beethoven Herrera, presidente de la Academia Colombiana de Economía, “entre 2016 y 2017, China prestó a Venezuela, Brasil y Ecuador para proyectos energéticos y de infraestructura US$45.800 millones, mientras que el Banco Mundial y el BID sólo desembolsaron US$19.800 millones”.

Sin embargo, pese a todos los aspectos positivos que a priori ofrece la iniciativa, muchos también preguntan sobre los intereses que realmente tendría China en la región, poniendo de relieve que aunque el económico y comercial sería uno, la Ruta de la Seda se alinea con la política de influencia internacional que el país está llevando a cabo durante los últimos años.

“La República Popular China ha estado tratando de exportar su capital y participar en proyectos de infraestructura en todo el mundo. Esto incluye en América Latina, y hay muchas razones para esto: utilizar su capital para un uso más productivo y buscar mejores relaciones económicas es uno. Otra razón es que aumenta la presencia estratégica en todo el mundo, en consonancia con sus objetivos de convertirse en una gran potencia mundial”, explica Ian Chong, profesor de ciencias políticas de la Universidad Nacional de Singapur.

Rubén López Pérez
rublop@eltiempo.com