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Se cumplen 10 años de una crisis que aún no termina

Pese a que muchos de los indicadores económicos mantienen una mejora estable, el impacto se sigue sintiendo.

La quiebra de Lehman Brothers en 2008 desató la crisis financiera mundial.

Internacional Por: Portafolio

A pocos días del 15 de septiembre, cuando hace 10 años colapsó Lehman Brothers y se dio por iniciada una de las tormentas financieras más graves de la historia, la sombra de ese suceso todavía sigue pesando sobre la economía global.

Las principales potencias del mundo han recuperado una senda de crecimiento estable, el desempleo sigue bajando en algunos de los países que fueron más afectados, e incluso Grecia, uno de los símbolos del daño que produjo la crisis de 2008, ha dejado atrás el rescate financiero.

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Sin embargo, en muchos sentidos, la crisis no ha terminado. Así lo afirmó la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en una reciente columna, en la que dijo que “hemos progresado mucho, pero no lo suficiente. El sistema es más seguro, pero no en la medida justa. El crecimiento ha repuntado, pero no para todos. El verdadero legado de la crisis no puede evaluarse debidamente después de 10 años porque aún no ha llegado a su término”.

Eso sí, aunque la idea general es que la crisis financiera todavía no acabó, hoy en día se ven muchos cambios respecto al 2008. Hace 10 años los problemas iniciaron, como explica Beethoven Herrera, profesor de las Universidades Nacional y Externado de Colombia, por una serie de políticas que permitieron un endeudamiento insostenible.

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“Después de 1991 quedaron abiertas las posibilidades para que los bancos llevaran a cabo innovaciones financieras y productos de deuda que no eran sólidos, pues entregaron préstamos a personas sin capacidad de pago, que no tenían ingresos, empleo ni activos. Esas hipotecas de mala calidad e incobrables se empaquetaban y se transferían entre entidades, lo que llevó a la quiebra de muchas de ellas”.

Esto, como agrega Lagarde en su columna, generó que “las instituciones financieras se volcaran frenéticamente a asumir riesgos sin la menor prudencia. Entre otras cosas, se apoyaron menos en los depósitos tradicionales y más en el financiamiento a corto plazo, rebajando drásticamente las exigencias para el otorgamiento de crédito, sacando préstamos del balance mediante dudosas técnicas de titulización y, a nivel más general, empujando la actividad hacia rincones ocultos del sector financiero, menos expuestos a la supervisión regulatoria”.

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Pero el problema no se quedó ahí. De acuerdo con Gabriela Ramos, directora de la Ocde y Sherpa para el G20, “cuando estalló la crisis financiera mundial del 2008, había la percepción, por parte de una buena parte de los economistas y de los tomadores de decisión, que ésta solo afectaría a las personas que contrajeron hipotecas impagables. Sin embargo, este problema desencadenó en una serie de acontecimientos que, en última instancia, casi provocan el desplome del sistema financiero global”.

Hoy, 10 años después, la situación, en principio, se ve muy distinta, tanto por las mayores regulaciones que se llevaron a cabo para tratar de proteger la economía, como porque en estos momentos no se muestran los mismos problemas.

Tal como señala Dean Baker, economista del Center for Economic and Policy Research, frente a 2008 se pueden ver dos grandes cambios. “El menos importante es que las instituciones financieras tienen un requerimiento de capital mucho mayor. Esto lo aplican principalmente los gobiernos en todos los ámbitos, mientras que antes de la crisis existían instituciones enormes que no tenían requisitos significativos. El cambio más importante es que no tenemos ninguna burbuja seria que impulse la economía. No hay sectores que estén completamente fuera de línea con sus patrones normales”.

Esta misma idea la comparte el profesor de la Universidad de Columbia, Adam Tooze, quien resalta que “los bancos de Europa, que se encontraban entre los más riesgosos en 2008, se han retirado. Mientras tanto, los de Estados Unidos no han cambiado fundamentalmente, pero están más estrictamente regulados y desvalorizados”.

Aunque no todos creen que en estos momentos no se vean algunos de los problemas que sí se estaban presentando antes del colapso financiero. En este sentido, David Lafferty, jefe de estrategia de mercado de Natixis, le dijo a Portafolio que “si hablamos de EE. UU., ya estamos construyendo casas como en 2007, invirtiendo de más en capacidad y creando demasiados carros, por lo que hay muchos excesos, y eso es lo que lleva a la recesión”.

Desde el punto de vista de los indicadores, a pesar de que la crisis generó una recesión en Estados Unidos y Europa, entre otras regiones, hoy en día la economía mundial crecería a un 3,9% a final de 2018, según los datos del FMI, Estados Unidos lo haría al 2,9% y la zona del euro, a un 2,4%.

Pero, Eswad Prasad, investigador de Brookings, asegura que no todo está bien. “El crecimiento de la productividad se mantiene débil y las economías son vulnerables a la volatilidad, con niveles de deuda altos y balances de activos de los bancos centrales que se han expandido de forma masiva desde la crisis”.

¿HAY RIESGO DE UNA NUEVA RECESIÓN?


Pero más allá de los cambios entre el 2008 y la actualidad, la pregunta que se hacen los expertos es si se está otra vez cerca de una crisis.

Este miedo, en parte, está explicado por un proceso de desregulación que se está llevando a cabo. “Actualmente Estados Unidos viene desmontando la ley Dodd-Frank que estableció las pruebas de resistencia los bancos, la protección al consumidor, reguló la actividad de las firmas calificadoras de riesgo y volvió a prohibir el uso de los ciudadanos para hacer banca inversión”, indica Herrera.

Pero no es la única razón. Tooze resalta que “hay un riesgo real de una recesión en los próximos dos años, aunque no estamos ante la misma toma de riesgos que antes de 2008, por lo que es poco probable que vuelva a tener la misma magnitud. Los mayores riesgos hoy en día están en los mercados emergentes”.

Baker, por otro lado, deja claro que “mientras que algunos países todavía pueden estar enfrentando burbujas peligrosas, las economías más grandes no lo están. Por esta razón, hay pocas razones para temer el tipo de colapso que vimos en 2008-09”.

Con todo, pese a los menores riesgos de que una desaceleración pueda generar un impacto como ocurrió hace 10 años, Lagarde reafirma los graves daños de la última crisis. “24 países fueron víctimas de crisis bancarias y en la mayoría la actividad económica aún no ha retomado la tendencia. Un estadounidense promedio perderá US$70.000 de los ingresos percibidos durante toda su vida por culpa de la crisis”.

Rubén López Pérez