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Internacional

El libre comercio puede impulsar el gran potencial de África

El argumento a favor del comercio intrarregional es evidente. En 2016, las exportaciones intraafricanas representaron 18% del total.

África

La emblemática plaza de la Fna, que está ubicada en Marrakech, Marruecos, es uno de los puntos de comercio más conocidos y relevantes de todo el continente africano.

123rf

POR:
financial times
abril 06 de 2018 - 08:28 p.m.
2018-04-06

Actualmente el libre comercio no es muy popular. EE. UU. y China están muy ocupados aplicando aranceles sobre el acero, el cerdo y el vino de ambos lados. Los acuerdos de libre comercio, como el TLCAN, están siendo revisados. Y la reacción política contra la globalización es tan feroz que la idea de completar las negociaciones comerciales mundiales de la Ronda de Doha se ha quedado sobre la mesa, sin importar si la mesa es importada o no.

(Lea: China iría 'hasta el final' en guerra comercial con EE.UU.)

Pero una región del mundo está resistiendo la tendencia: África. El mes pasado, 44 naciones africanas firmaron un acuerdo de libre comercio en todo el continente que reducirá los aranceles a cero con respecto a 90% de las importaciones, introducirá aranceles más bajos sobre ‘productos sensibles’ y liberalizará el comercio de servicios.

(Lea: Las cartas del país para que la guerra comercial no afecte a la industria)

Aunque los principios del libre comercio están bajo ataque ideológico en muchas partes del mundo, en África el argumento a favor de un mayor comercio intrarregional es contundente.

África necesita el libre comercio por muchas razones. La más importante es la posibilidad de rehacer su historia. El colonialismo dejó a África en mal estado para desarrollarse. Dividió al continente en más de 50 partes, de las cuales pocas actualmente tienen la escala para atraer suficiente inversión o aumentar la fabricación.

África en su totalidad tiene un producto interno bruto (PIB) de alrededor de US$2.5 billones, aproximadamente el mismo que el del Reino Unido.

No hay más que imaginarse si a Gran Bretaña la hubieran dividido en 54 unidades, cada una con su propio lenguaje, gobierno, entorno normativo y una frontera dura. De igual forma, no menos de 16 países africanos son naciones sin litoral.

Peor aún, están atrapados en una historia de extracción. Según los poderes coloniales, las colonias africanas eran proveedores de materias primas. La poca infraestructura que había servía para conectar a la mina con el puerto y al puerto con la nación colonizadora. Ese arreglo puramente extractivo dejó un legado indeleble. Hasta el día de hoy, los vínculos físicos y culturales entre algunos vecinos africanos son más débiles que con el antiguo poder colonial.

Incluso cuando lo intentaron, muchos gobiernos africanos poscoloniales no pudieron romper el patrón básico del comercio en el continente que asume que los países africanos son exportadores de materias primas e importadores de productos manufacturados.

La diversificación y la complejidad económica son los cimientos del desarrollo. Sin embargo, con la excepción de Sudáfrica, Egipto y algunos otros países, la mayoría de las economías africanas están atrapadas en el rol de proveedores de productos básicos.

Comerciar con las otras naciones de África es una forma de escapar de este círculo vicioso.

Pero el comercio intraafricano es bajo. En 2016, las exportaciones intraafricanas representaron 18% de las exportaciones totales, según Brookings Institution, en comparación con 59 y 69% de las exportaciones intraasiáticas e intraeuropeas, respectivamente.

La mayoría de los países africanos se están perdiendo de los beneficios clásicos del comercio: economías de escala, especialización, acceso a insumos más baratos y, para los consumidores, productos más asequibles.

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, la manufactura de alta y media tecnología representan 25% del comercio intraafricano, pero sólo 14% de las exportaciones de los países africanos a los países desarrollados. Comerciar entre sí es una forma de avanzar en la cadena de valor.

Firestone ha abastecido al mundo con caucho de Liberia desde 1926.

En todo ese tiempo, no se ha producido ni un sólo neumático en el país de África occidental de 4.6 millones de personas. Posiblemente, si fuera parte de una auténtica área de libre comercio que abarcara un continente de 1.200 millones de personas, las matemáticas de la fabricación podrían cambiar.

Chiedu Osakwe, el principal negociador comercial de Nigeria, considera que el comercio continental es nada menos que una forma de “revertir la herencia colonial de las economías africanas fragmentadas y polarizadas”.

Lograrlo no será fácil. Para empezar, los países deben construir carreteras intercontinentales y enlaces ferroviarios, instalar energía fiable y establecer las condiciones necesarias para convertir los aranceles reducidos en comercio y producción reales.

Igual de importante es la aceptación política.

Nigeria, la mayor economía de África, aún no ha firmado el tratado de libre comercio debido a la oposición de los sindicatos nacionales, que han advertido contra lo que llaman una “iniciativa de política neoliberal radiactiva”. Tal oposición no puede ser simplemente descartada.

La causa del libre comercio ha sufrido en todo el mundo porque, en cualquier acuerdo, hay perdedores y ganadores. En conjunto, las personas pueden ganar. Pero normalmente la política es individual, es decir, local.

Aun así, algo ya está sucediendo. El comercio intraafricano, aunque todavía bajo, se ha multiplicado por 11 desde 1990, según Renaissance Capital. Conforme el comercio con EE. UU. y Europa se ha ralentizado o incluso revertido, el comercio con China, India, Rusia, Turquía e Indonesia se ha disparado.

Eso brinda la posibilidad de un nuevo tipo de relaciones comerciales, más complejas y más beneficiosas para África.

El patrón de comercio no se ha alterado lo suficiente. Pero está cambiando. Es imperativo que cambie aún más.


David Pilling

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