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Internacional

Plan de reforma tributaria de Trump, camino a un atolladero fiscal

Aunque los republicanos son optimistas de que lo sacarán adelante, primero deben abordar otros problemas. 

Casa Blanca

En octubre, el tesoro se quedaría sin efectivo, por eso requieren elevar el techo de la deuda antes de que termine el año fiscal, el 30 de septiembre.

Archivo portafolio.co

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Portafolio
agosto 04 de 2017 - 06:58 p.m.
2017-08-04

Las esperanzas de la administración del presidente Donald Trump de lograr la reforma tributaria este año ya están siendo cuestionadas por los actuales y anteriores funcionarios del Congreso, debido al atolladero fiscal que Washington enfrentará durante los próximos tres meses y a una intensa discusión sobre los detalles de los cambios.

(Lea: Trump lanza el 'mayor recorte de impuestos de la historia' de Estados Unidos

Trump juramentó el lunes a John Kelly, su nuevo jefe de gabinete, en un intento por inculcar una mayor disciplina en la Casa Blanca y por propulsar una agenda política tras una serie de fracasos como la derogación del Obamacare.

(Vea: ¿Cómo impacta la reforma tributaria a un 'millennial'?

Durante los últimos días, el mandatario les ha dicho repetidamente a los republicanos que necesitan continuar enfocados en el plan de salud, pero el esfuerzo dentro del Senado y la Cámara está cambiando decisivamente al ámbito de la reforma tributaria, ya que los miembros buscan urgentemente una victoria legislativa antes de las elecciones de mitad de periodo del 2018.

(Lea: Colombia, entre los países más complejos en contabilidad y tributación

Los republicanos dicen que se sienten optimistas acerca de su capacidad para elaborar un paquete fiscal, con un ímpetu impulsado cada vez más por dos poderosos comités del Legislativo en lugar de por la caótica administración del presidente Trump.

Sin embargo, el partido primero debe abordar las contenciosas negociaciones presupuestarias, un estancamiento en el techo de la deuda, y una serie de obstáculos legislativos —incluyendo la necesidad de renovar el Programa Nacional de Seguro contra Inundaciones— antes de poder entrar en la materia del debate.

“En lo que respecta a que se firme la ley antes de finales de este año, eso sería bastante optimista”, afirmó un ayudante republicano del Senado. “Es posible que suceda a principios del próximo. Depende de cuán bien progresen las cosas a través del proceso; pudiera haber dificultades inesperadas que saboteen todo el esfuerzo”, agregó.

La semana pasada, los líderes del partido abandonaron los planes de imponer un impuesto de importación, reconociendo que la medida estaba dividiendo al mundo de los negocios y convirtiéndose en una barrera para las ambiciones de recortar los impuestos.

Una declaración por parte de los principales legisladores del partido, junto con Steven Mnuchin y Gary Cohn, secretario del Tesoro y director del Consejo Económico Nacional respectivamente, expresó que esperaban que la legislación fiscal pasara por los comités del Congreso en el otoño.

Durante las próximas semanas, la administración, los legisladores y los grupos de presión emprenderán una campaña concertada a favor de la reforma tributaria. Caroline Harris, directora de política fiscal de la Cámara de Comercio de EE. UU. (USCC, por sus siglas en inglés), comentó que la unidad que ahora muestran los republicanos en materia de impuestos es un hecho importante. Sin embargo, añadió: “No estaremos satisfechos hasta que veamos la implementación de una reforma fiscal integral en pro del crecimiento”.

Para maximizar sus posibilidades de lograr aprobación de cambios fiscales por parte del Congreso sin depender del apoyo de los demócratas, los legisladores deben aprobar una resolución presupuestaria con el llamado proceso de reconciliación después de las vacaciones de verano. También se enfrentan a la necesidad de evitar un cierre del gobierno después de que termine el año fiscal, el 30 de septiembre, y tienen que elevar el tope de US$19.800 miillones de la deuda del Gobierno estadounidense antes de que el Tesoro se quede sin efectivo, lo cual sucederá probablemente a comienzos o a mediados de octubre.

La administración y los republicanos del Congreso consideran que la reforma tributaria es un medio para impulsar el crecimiento económico, la inversión y el consumo mediante la reducción de las tasas impositivas de las empresas y de los particulares, simplificando al mismo tiempo el complicado código tributario estadounidense.

Con las multinacionales estadounidenses quejándose de que un 35 por ciento de tasa federal de impuesto sobre la renta los restringe globalmente, los republicanos quieren reducir la tasa por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) de un 25 por ciento. Las ambiciones de Trump de tener una tasa del impuesto de sociedades del 15 por ciento se consideran poco realistas.

Los políticos de ambos partidos han culpado al sistema actual de alentar a las compañías a huir de EE. UU. a través del Corporate Inversion, o expatriación de compañías, y otras maniobras fiscales. Una de las preguntas más difíciles para los legisladores es cómo manejar más de US$1 billón en ganancias que las firmas estadounidenses han depositado en el extranjero.

Una vez que el debate sobre los detalles de los cambios fiscales comience, las divisiones dentro del mundo corporativo pudieran resurgir.

Entre los puntos álgidos se encuentran las propuestas para reducir la capacidad de las compañías en el momento de deducir los pagos de intereses en los impuestos de sociedades, y las disposiciones detalladas detrás de un focalizado cambio a un sistema territorial en el cual a las empresas solo se les gravan en sus ganancias nacionales. Sin embargo, Rohit Kumar —un exayudante del líder del Senado Mitch McConnell, que actualmente está en PwC— declaró que ninguno de los temas era tan divisivo como el ajuste fiscal en la frontera (BAT, por sus siglas en inglés) que ahora ha sido abandonado.

Para los individuos, lo que los republicanos quieren es bajar las tasas de impuestos de todos, y enfatizan su deseo de ayudar a las familias de clase media. Pero, según los demócratas, todas las propuestas que han presentado durante los últimos meses ofrecerían más beneficios a los ricos que a cualquier otro grupo.

Steve Rosenthal, del grupo de expertos Centro de Política Tributaria, predijo que diferentes facciones de las empresas estadounidenses terminarían en un concurso de cabildeo para obtener los ‘regalos’ más grandes.

“La reforma fiscal es más difícil que la asistencia sanitaria, pero los recortes de impuestos son más fáciles. Creo que estamos presenciando una campaña publicitaria que etiquetará a los recortes de impuestos como reforma tributaria. No hemos visto ninguna medida de reforma con viabilidad alguna”, puntualizó.

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