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Internacional

Reconciliación coreana la apuesta olímpica por la unidad de la península

La iniciativa de Seúl para fomentar un deshielo con Pyongyang ha enfurecido a los jóvenes y amenaza con provocar una desavenencia con EE. UU.

Juegos Olímpicos de Invierno

Corea del Norte y del Sur desfilaron juntos en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno.

EFE

POR:
Financial Times
febrero 09 de 2018 - 09:39 p.m.
2018-02-09

La historia de los eventos deportivos internacionales en Corea del Sur está marcada por la violencia.

Meses antes de que Seúl fuera la sede de los Juegos Olímpicos en 1987, dos espías norcoreanos dinamitaron un avión civil de Corea del Sur, matando a las 115 personas a bordo. Luego, durante la celebración de la Copa Mundial de fútbol en 2002, las naves militares norcoreanas abrieron fuego contra naves surcoreanas con granadas propulsadas por cohetes y cañones de 85 milímetros. La escaramuza dejó 19 muertos y 44 heridos.

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Ahora Corea del Sur es de nuevo el centro de atención mundial, tras la celebración de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de ayer en el condado alpino de Pyeongchang.

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Bajo la asidua guía del presidente Moon Jae-in, Seúl ha diseñado un período de distensión con Pyongyang que parece haber asegurado la participación pacífica del régimen del Norte y el éxito de los juegos. Pero la pregunta sigue siendo: ¿a qué costo?

A pesar de sus nobles ambiciones, el acercamiento de Moon con el Norte es una apuesta peligrosa, dicen los expertos. Las acciones no sólo implican el riesgo de aislar al líder surcoreano de sus votantes y del poder político en Washington, sino que le dan a Corea del Norte un respiro valioso para darle los toques finales a su arsenal de misiles balísticos de largo alcance.

Aún más sorprendente es el hecho de que algunos analistas temen que si fracasa la táctica, empañando la idea del compromiso, el presidente Donald Trump podría sentirse envalentonado para buscar opciones militares en la península coreana, tras demostrar que la diplomacia no funciona.

“El presidente Moon le ha apostado su futuro político a la reconciliación y la paz entre las dos Coreas”, asegura Duyeon Kim, alto miembro visitante del Foro Futuro de la Península Coreana en Seúl. “El mayor desafío será producir resultados importantes”.

En pocas ocasiones ha habido tanto en juego. Durante el año a la fecha, la península de Corea se ha tambaleado al borde del conflicto conforme Trump se ha enfrentado al régimen de Kim Jong Un a causa de su desarrollo y prueba de misiles y armas nucleares.

Trump ha prometido responder a cualquier amenaza de Pyongyang con “fuego y furia”, por lo que ha crecido la especulación en los últimos meses de que EE. UU. podría estar preparando un ataque contra una instalación de Corea del Norte.

Estas preocupaciones se hicieron más fuertes la semana pasada cuando se supo que la Casa Blanca abandonó los planes para nominar a Victor Cha, un veterano experto en Corea, como embajador en Seúl después de que expresó su oposición a esos planes.

Por su parte, Moon ha prometido evitar el conflicto en la península de 75 millones de personas y espera que las denominadas ‘Olimpiadas de la paz’ puedan allanar el camino hacia un mayor compromiso y diálogo entre Pyongyang y Washington. Seúl ha invertido más de US$10.000 millones en los juegos — sólo superados por los de Sochi — que se espera sean los Juegos Olímpicos de Invierno más grandes de la historia, con casi 3,000 atletas de 92 naciones y más de 100 medallas de oro en juego.

Después de que las dos Coreas acordaron formar un equipo unificado de hockey sobre hielo femenino y marchar juntas durante la ceremonia de apertura bajo una ‘bandera de unificación’, Moon buscó el respaldo del público: “Le pido al pueblo que muestre su apoyo para mantener y expandir el diálogo, como si protegiera una vela en el viento, pues es posible que no podamos volver a crear una oportunidad como ésta”.

Sin embargo, la reacción a nivel doméstico ha sido amarga. Los jóvenes surcoreanos en particular están furiosos porque las jugadoras de su país tuvieron que sacrificar sus puestos para permitirles competir a las norcoreanas.

Las encuestas muestran que una abrumadora mayoría de personas entre 20 y 30 años se opone al equipo unificado y que la ira se ha traducido en una disminución de la aprobación de Moon. Su popularidad cayó al 60%; todavía alta, pero por debajo del 73% del que disfrutaba antes.

El núcleo del problema es un cambio generacional que el presidente de 65 años parece haber subestimado: los jóvenes surcoreanos comparten pocos vínculos emocionales con Corea del Norte.

“Los jóvenes no tienen ningún sentimiento de parentesco con Corea del Norte”, afirma Kim Jiyoon, un investigador del Instituto Asan en Seúl, que contrasta la demografía con los coreanos mayores quienes aún tienen la esperanza de ver una península reunificada. “Son una generación que creció en un entorno globalizado. Simplemente ven a Corea del Norte como un enemigo y alborotador”.

Un estudio realizado el año pasado por el Instituto Coreano para la Unificación Nacional reveló que más del 70% de los encuestados veinteañeros se oponen a la reunificación de la península, la cual se dividió hace más de siete décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Esta brecha es de particular preocupación para el líder surcoreano, ya que fue este grupo demográfico de los jóvenes el que lo impulsó al poder el año pasado tras las protestas generalizadas contra la administración anterior.

En el meollo de esas manifestaciones había profundas preocupaciones sobre la injusticia en la sociedad surcoreana y el abuso del poder político. Para los jóvenes, la inclusión de las jugadoras de hockey de Corea del Norte es sólo otro ejemplo. “La oposición al equipo unificado no es por razones políticas ni ideológicas. Esta generación está más interesada en la equidad, las normas y las reglas”, señala Kim del Foro Futuro de la Península Coreana.

Los expertos dicen que las oberturas de Moon hacia Pyongyang también corren el riesgo de aislar a Seúl al crear una desavenencia con EE. UU., garante de la seguridad de Corea del Sur desde el fin de la guerra de Corea.

Trump está siguiendo una estrategia de ‘máxima presión’ en un intento por aislar a Corea del Norte y obligarlo abandonar sus programas de armas. Ahora están aumentando las dudas de que Seúl coincida plenamente con el enfoque. Mientras el líder estadounidense arremetía contra el historial de Pyongyang en materia de derechos humanos la semana pasada en un discurso ante el Congreso, dos docenas de atletas olímpicas surcoreanas estaban entrenando en un complejo de esquí en el norte.

“La actitud del Gobierno de Corea del Sur se inclina más a favor de mejorar las relaciones entre las dos Coreas que a resolver el problema nuclear del Norte”, destaca Kim Seong-han, exvicecanciller en Seúl.

El acercamiento ha “dejado al descubierto la falta de una política clara hacia Corea del Norte por parte del Gobierno de Corea del Sur”, indica Park Hui-rak, jefe de la escuela de postgrado de política de la Universidad Kookmin en Seúl.“Inicialmente mostraron unidad con EE. UU. al presionar al Norte, pero ahora mantienen un perfil muy bajo y se les percibe como lacayos del Norte”, dice.

Después de haber logrado una atmósfera de paz para los juegos, ahora la responsabilidad de Moon es convertir eso en resultados importantes en forma de concesiones genuinas de Corea del Norte.

Si el Gobierno fracasa en sus intentos de entablar un diálogo entre el Norte y EE. UU., todo podría desmoronarse y podría debilitarse la alianza entre Corea del Sur y EE. UU.”, considera el profesor Park.

Muchos funcionarios estadounidenses y expertos en Asia han despreciado en privado la idea de que el acercamiento en la península constituya una genuina distensión. Para ellos, los acontecimientos son simplemente un ejemplo de que Corea del Norte sólo está comprando tiempo y espacio ante las fuertes sanciones internacionales y la amenaza de un ataque encabezado por EE. UU.

Una prueba crucial para los lazos entre Seúl y Washington se producirá al final de los Juegos Olímpicos cuando los dos países se preparen para reanudar los ejercicios militares, los cuales se han pospuesto durante los juegos.

Sue Mi Terry, exanalista de la CIA sobre Corea, afirma que le preocupa que Seúl “le pida a EE. UU. que reduzca los ejercicios militares conjuntos” — una medida que casi seguramente molestaría a la administración Trump y socavaría su política de presión máxima. “Es probable que la diferencia en el enfoque de Seúl y Washington hacia Corea del Norte se amplíe después de que terminen los Juegos Olímpicos y los Paralímpicos”, añadió.

Aquéllos que apoyan el enfoque de Moon dicen que vale la pena intentar la diplomacia y que la situación actual es mejor con respecto al año pasado, cuando las crecientes tensiones entre EE. UU. y Corea del Norte parecían inclinarse hacia un conflicto.

“Además de la opción militar, hay pocas opciones disponibles para resolver el problema nuclear del Norte”, resalta Kim Yong-hyun, profesora de estudios de Corea del Norte en la Universidad Dongguk de Seúl. “Utilizar los juegos de Pyeongchang es la mejor opción posible para el Gobierno”.

Sin embargo, Moon está arriesgando mucho. “Si el presidente Moon no puede contribuir a la desnuclearización de Corea del Norte, reforzará la postura de la Casa Blanca de que hablar no funciona”, apunta Kim. “Puede tentar a los consejeros del Trump a contemplar la opción militar”.

Parte de las críticas hacia el nuevo acercamiento provienen del hecho de que no se obtuvieron concesiones de Corea del Norte a cambio de su participación.

Muchos ven las acciones simplemente como una recompensa para el líder norcoreano, quien el año pasado probó un dispositivo nuclear, tres misiles de largo alcance y asesinó a su medio hermano utilizando un letal agente neurotóxico. El jueves, un día antes de la ceremonia, Pyongyang celebró un desfile militar ‘intimidante’ que exhibió sus misiles balísticos intercontinentales y otras armas.

“Si realmente se quiere decir que éstos son unos ‘Juegos Olímpicos de la Paz’, entonces se debería haber obligado a Corea del Norte a dejar de desarrollar armas nucleares durante el período o a hacer algún tipo de concesiones”, dice Ben Forney, un investigador asociado del Instituto Asan. “Sin embargo, sólo es una paz unilateral”.

Como parte de su participación en los juegos, Corea del Norte enviará una gran delegación, incluyendo a Kim Yong Nam, su jefe de estado ceremonial, junto con un puñado de atletas y un gran escuadrón de porristas y músicos.

Como amante de los deportes, Kim Jong Un sabe que la participación de su país en los juegos atraerá la atención mundial, lo cual potencialmente mejorará la percepción mundial sobre su dictadura. Hyon Song Wol, líder de un grupo de pop de Corea del Norte, visitó Seúl el mes pasado y fue asediada por los medios de comunicación. “La participación promueve la agenda de Kim para legitimar el régimen. Le muestra al mundo que “somos un país normal”, asegura Forney.

Hyeonseo Lee, una destacada desertora de Corea del Norte en el sur, coincide con esto. Para ella, la distensión actual no es más que “el mayor truco de relaciones públicas de la historia”. Sl se beneficia de unos juegos olímpicos bien publicitados, mientras que Pyongyang aleja el foco de las sanciones y un posible ataque de EE. UU., dice ella.

“Después de las Olimpiadas, pedirán una recompensa. Ésa es su especialidad”.

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