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Internacional

Retirada de Trump es una gran amenaza para la seguridad global

El Presidente quiere desmantelar un sistema de alianzas que ha perdurado por 70 años.

Trump - Kim Jong Un

El presidente estadounidense y el líder supremo de Corea del Norte firmaron un acuerdo para la desnuclearización. 

AFP

POR:
Portafolio
junio 15 de 2018 - 08:15 p.m.
2018-06-15

Donald Trump ha tenido una activa semana. En la cumbre del G7 en Canadá, el Presidente estadounidense repudió el orden internacional basado en normas y prefirió exteriorizar una rabieta acerca del comercio.

Para el martes, él estaba descartando garantías de seguridad estadounidenses de los aliados de Asia Oriental, las cuales habían estado vigentes durante un largo tiempo, en sus conversaciones con el líder norcoreano Kim Jong-un en Singapur. La seguridad de Europa y Asia Oriental ha estado garantizada por un sistema de alianzas estadounidense durante 70 años. Trump está decidido a desmantelarlo.

(Lea: Cumbre de Trump y Kim: más simbolismo que contenido

Se necesita un ‘especial talento’, incluso en el caso de este Presidente, para convertir a Canadá en un adversario mientras que se acepta como un nuevo amigo a un brutal dictador con un arsenal nuclear recientemente adquirido.

Debiéramos saber que no se puede evaluar a Trump comparándolo con las usuales normas. El aterrador significado de estas acciones reside en la claridad que aportan sobre sus intenciones.

(Lea: Comienza cumbre entre Donald Trump y Kim Jong Un

China y Rusia están celebrando la retirada del Presidente estadounidense del liderazgo internacional. Ausente de la cumbre de Singapur, Xi Jinping, el presidente chino, fue, no obstante, un gran ganador. En el mundo de ‘cada quien por su cuenta’ de Trump, China reemplazará a EE. UU. como la potencia preeminente en el Asia Oriental. Japón, Taiwán y, a su debido tiempo, la misma Corea del Sur, pueden optar por tomar un consejo de Kim: Si quieres estar seguro, construye una bomba.

(Lea: Acuerdo de desnuclearización de Trump y Kim Jong, ¿un pacto simbólico?

Los líderes del G7 han tendido a argumentar que a Trump se le puede “manejar”. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, aplicó la adulación. El presidente japonés, Shinzo Abe, festejó al Presidente en el campo de golf. La primera ministra británica, Theresa May, le ha ofrecido una invitación para tomar el té con la reina Isabel en el Palacio de Buckingham. La estrategia de ‘ser agradable’ ahora se ha descarrilado. El presidente de EE. UU. ha demostrado desdén por la comunidad política occidental.

Lo único bueno que se puede decir acerca de la declaración emitida por Trump y Kim en Singapur es que parece impedir una guerra inminente. No hace mucho, Trump amenazaba con reducir la península de Corea a escombros. Al Pentágono se le pidió que elaborara un plan de guerra. Trump habló de presionar su gran botón nuclear. Los residentes de Seúl estarán comprensiblemente aliviados de que el presidente estadounidense hoy prefiera elogiar a Pyonyang.

Al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se le puede calificar de “deshonesto” y de “débil” pero, en opinión del presidente Trump, Kim es alguien en quien EE. UU. puede “confiar”.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, merece sólo elogios por su papel en el fomento de la distensión. Moon parece genuinamente creer que Kim desea darle más prioridad a la modernización económica que a la postura nuclear. Él tiene que perdonarnos si no reconocemos en Kim al nuevo Mikhail Gorbachev.

La cumbre no produjo nada nuevo por parte de Pyongyang en lo relacionado con las promesas de desnuclearización. Pero le confirió reconocimiento global a Corea del Norte como ‘Estado nuclear’ y legitimidad a su autoritario líder.

Trump llegó a Singapur pidiendo un proceso transparente de desnuclearización completa, verificable e irreversible. Habiéndosele presentado con una serie de retocadas trivialidades sin sentido, él declaró victoria. Además, suspendió los ejercicios militares estadounidenses conjuntos con Seúl. Con el tiempo, Trump quiere traer de vuelta a EE. UU. a los 30.000 soldados estadounidenses en Corea del Sur. Después de todo, cuestan “mucho dinero”. Incluso el optimista Moon se pone un poco nervioso en este punto.

Trump esta semana se deshizo de las suposiciones que han mantenido la paz en el Asia Oriental desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Japón tiene obvias y poderosas razones históricas para evitar tener un ejército fuerte y adquirir armas nucleares. Su pacifismo ha sido posible gracias al refugio de seguridad representado por EE. UU.

Los legisladores en Tokio ahora deben preguntarse cuánto tiempo durará ese refugio conforme China se vuelve más asertiva. ¿Es probable que Trump abandone la garantía de defensa estadounidense de Japón por lograr un mejor acuerdo comercial con Pekín? Él así lo ha sugerido. Los políticos taiwaneses llegarán a una conclusión similar. Si se saca a EE. UU. todavía más de la realidad regional, lo mismo harán Indonesia y Filipinas.

Trump, por supuesto, no retirará las fuerzas estadounidenses hoy, mañana o en un futuro cercano. Pero la seguridad reside en una confianza duradera. Los líderes de estas naciones deben considerar su futuro en cinco, 10 y 20 años. La conclusión actual tiene que ser que EE. UU. se está retirando, incluso si el proceso se desacelera más allá de la presidencia de Trump.

El próximo mes le tocará el turno a Europa. Trump asistirá a la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Bruselas. Él ha establecido un vínculo entre el desproporcionado financiamiento de la alianza militar proveniente de Washington y los aranceles europeos a las manufacturas estadounidenses. Jim Mattis, el secretario de Defensa, ha invertido una gran cantidad de capital personal intentando persuadir al Presidente de que la alianza es tan importante para EE. UU. como lo es para la seguridad europea. No está nada claro que él haya tenido éxito.

A veces me preguntan qué es lo que considero como la mayor amenaza en contra de la paz y de la estabilidad mundiales. Una Corea del Norte armada nuclearmente parece peligrosa, pero controlable. Kim no está loco. La tentación es, entonces, responder que el riesgo se encuentra en el ascenso de China o en el revanchismo ruso. La verdadera respuesta es la retirada de Trump.

Philip Stephens

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