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Internacional

Un año después del fallido golpe de Estado en Turquía

El primer ministro de la nación, Binali Yıldırım, habla sobre lo que ha pasado con el país y lo que vendrá. 

Golpe de Estado en Turquía

Golpe de Estado en Turquía

EFE

POR:
Portafolio
julio 16 de 2017 - 01:02 p.m.
2017-07-16

Ha pasado un año desde que superamos el ataque terrorista más sangriento de la historia de la República de Turquía. Durante este año, Turquía ha demostrado su firmeza, capacidad de recuperación y fortaleza. Es importante analizar el año pasado y dirigir la vista hacia adelante.

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Ante todo, hemos de recordar a qué nos enfrentamos. Lo que vivimos aquella noche fue un ataque contra el Estado turco por parte de traidores vinculados a un lunático que se considera el “imán del universo”. Nos enfrentamos a criminales que bombardearon su propio parlamento nacional, que destruyeron el cuartel general de operaciones de las fuerzas especiales de la Policía, siempre en la primera fila en nuestra lucha contra organizaciones terroristas, que atropellaron a civiles con tanques y que abrieron fuego contra ellos utilizando aviones de caza y helicópteros de ataque. No habíamos sido testigos nunca de una barbarie de tal magnitud en nuestra historia. Esta red terrorista mató a 250 nuestros ciudadanos e hirió a más de 2000.

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Mirando hacia atrás, vemos que de esta trágica experiencia hay dos aspectos que nos
enorgullecen. El primero, la valentía y la determinación del pueblo turco. Nuestros ciudadanos, de todas facciones y opiniones políticas, se movilizaron contra los golpistas. Nuestras cadenas de televisión continuaron con su emisión a pesar de las amenazas de los golpistas. La nación turca se unió.

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El segundo, la nación turca demostró a todo el mundo que reivindica y que reivindicará la
democracia. Mi pueblo mostró que Turquía sólo estará gobernada por gobiernos que asumen el poder por vías democráticas y por la voluntad nacional, no por grupos armados. La legitimidad más poderosa es la legitimidad democrática. Salimos airosos de este duro examen de democracia.

Sin embargo, la pregunta que mi nieto me hizo aquella noche con toda su inocencia no se borrará de mi mente, ni de las mentes de los demás: “Abuelo, ¿no son ellos nuestros soldados?”. ¿Qué mentalidad puede permitir que las personas ataquen de esta manera tan cruel a su propia gente, a sus instituciones, a sus símbolos, a sus líderes?

La respuesta yace en la naturaleza de la red traidora a la que nos enfrentamos. Aquella noche, tuvimos que enfrentarnos a una red criminal que aplica incondicionalmente las instrucciones dadas por su líder, Fetullah Gülen, a través de un profesor de teología. Se trata de un grupo traidor que no ha aprendido nada de la gloriosa historia milenaria del ejército turco y que, en la base militar que usaban como sede, realizaba saludos militares ante el gerente de una empresa que pertenecía a la FETÖ y al, en apariencia, propietario de una escuela dirigida por la organización.

Fundamentalmente, antes del 15 de julio nuestro gobierno había descubierto la verdadera naturaleza de Fetullah Gülen y había actuado en consecuencia. Estábamos realizando esfuerzos para revelar las prolongaciones de esta estructura dentro del Estado. De hecho, habíamos avanzado bastante en ello. No obstante, el intento de golpe de Estado del 15 de julio nos mostró de forma trágica que la amenaza a la que nos enfrentábamos era mucho más profunda y vital de lo que nos habíamos imaginado, quedando desvelada la magnitud del complot que Fetullah Gülen había orquestado durante 40 años con el fin de apoderarse del Estado turco. Siguiendo las órdenes de Fetullah Gülen, los miembros de FETO “se movieron dentro de las arterias del
sistema sin que nadie notara su presencia”, y como una infección causada por un virus que poco a poco alcanza los órganos vitales del cuerpo, habían accedido a casi “todos los centros de poder”. En el año que ha seguido al 15 de julio, se han llevado a cabo exhaustivas investigaciones administrativas, penales y legales. Se ha obtenido nueva y extensa información sobre la estructura que organizó y ejecutó el intento de golpe de Estado.

La nueva información de la que disponemos nos muestra lo siguiente: nos enfrentamos a una estructura basada en un sistema esotérico y perverso de creencias que está liderado por Fetullah Gülen. Las escuelas y residencias estudiantiles de la organización sirvieron como centros de lavados de cerebro y de conversión en militantes. Así consiguieron que los miembros de la organización, formados en estos centros y por tanto leales a su líder, considerado por ellos como el “Mesías”, se infiltren en las instituciones del Estado. De esta manera, han llegado a puestos críticos personas que podrían llevar a cabo incondicionalmente todo tipo de actos ilegales e inmorales según los intereses de la organización. Estos individuos han orquestado complots tales como irregularidades en los exámenes de acceso a empleo público, escuchas ilegales, chantajes y juicios ficticios. Se han proporcionado recursos financieros a la organización a través de entidades constituidas bajo el nombre de organizaciones de caridad o fundaciones. Se han blanqueado transferencias de dinero por valor de mil millones de dólares a través de grandes conglomerados y bancos. La rama de la organización dentro de los medios de comunicación ha servido como el mecanismo de propaganda. Es que ¿puede haber un “movimiento educativo” que funciona por redes, que se conoce por nombres en clave, que inventa aplicaciones cifradas para comunicarse entre ellos, que enseña técnicas de resistencia a los servicios de inteligencia, así como tácticas para esconder sus verdaderas identidades? Esta organización terrorista de nueva generación ha usado todo tipo de métodos para destruir a los que no pertenecen a su grupo y ha intentado hacerse, conforme a sus perversas ambiciones, no sólo con el gobierno, sino con el Estado de la República de Turquía. Lo que la nación turca derrotó el 15 de julio no fue otra cosa sino esta ambición peligrosa y perversa.

Con las medidas que hemos tomado, puedo decir que hemos destruido la columna vertebral de la organización en Turquía. No obstante, la amenaza no se limita a Turquía. La organización tiene en diversos países muchas estructuras parecidas a la que tenía en Turquía. Ahora siguen plantando las semillas de traición dentro de otros países. Esta vez intentan ejercer de forma más activa influencia económica y política a nivel global con el fin de poder sobrevivir. Me gustaría aprovechar esta ocasión para advertir de nuevo a todos nuestros amigos.

La nación turca ha demostrado a todo el mundo que la democracia es algo que no se gana fácilmente y que es tan valiosa como para dar la vida por ella. La tarea principal que nos corresponde es tomar las medidas necesarias para que no tengamos que enfrentarnos nunca más a una amenaza semejante. Estamos haciendo el máximo esfuerzo posible para poder llevar a cabo este difícil proceso dentro del orden constitucional. En última instancia se ha intentado atentar contra la democracia turca, pero ésta ha salido victoriosa. Por tanto, nuestro objetivo y esfuerzo es dar, a su debido tiempo, los pasos necesarios para que nuestra democracia alcance la cúspide más segura, convirtiéndose en una democracia absolutamente ejemplar.

Binali Yıldırım
Primer Ministro de la República de Turquía

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